Serie 2 Presidentes. Carlos Andrés Pérez. Cap 2.
Serie 2 presidentes. Carlos Andrés Pérez. Cap 2.
Transcripción
Les habla Rafael Arráiz Lucca, de Unión Radio, y esto es Venezolanos, un programa sobre el país y su historia. Hoy, en la continuación del programa de la semana anterior sobre la vida y obra política de Carlos Andrés Pérez, este es el capítulo dos y último. En el programa anterior habíamos estado viendo el cambio de modelo económico que comenzó al no más empezar ese segundo gobierno de Carlos Andrés Pérez en febrero de 1989. El cambio del modelo económico era sustancial: si antes las tasas de interés las fijaba el Banco Central de Venezuela, ahora serían liberadas para que las determinara el mercado.
Si antes el Estado era el gran empresario constructor y comerciante diverso, ahora se privatizarían todas aquellas empresas de servicios públicos que pudieran estar en manos privadas prestando un servicio más eficiente. Si antes se subsidiaba la gasolina, ahora se incrementaría su precio con miras a llegar al precio internacional. Si antes el Estado subsidiara la industria privada cubriendo los márgenes que por diversas razones no podían alcanzar, ahora se eliminarían todos los subsidios.
Si antes se protegía la industria nacional fijando aranceles muy altos a los productos importados, ahora se eliminarían los aranceles y se abrirían totalmente los mercados tanto a productos importados como a productos nacionales. Con ello se obligaba a las empresas venezolanas a competir en igualdad de condiciones con las empresas foráneas que quisieran establecerse aquí o traer sus productos desde afuera. El conjunto de medidas económicas diseñaba el cuadro de una economía liberal, ortodoxa, en perfecta conjunción con las medidas que el Fondo Monetario Internacional solicitaba de los países que acudían ante sus taquillas para solicitar un préstamo. Y esa era la situación de Venezuela ya que durante el gobierno anterior, el de Jaime Lusinchi, se habían agotado las reservas internacionales y, para poder intentar un modelo de economía de mercado, era necesario disponer del número más elevado de reservas que permitieran el libre juego en la economía.
No obstante, lo cierto es que Pérez había afirmado durante su campaña que no acudiría ante el Fondo Monetario Internacional, mientras el diseño del paquete económico indicaba todo lo contrario, cosa que decepcionó muy rápidamente a los electores que habían oído sus discursos de campaña, pero no habían leído el programa de gobierno. De hecho, voy a citarles un párrafo de sus memorias, las Memorias proscritas de Carlos Andrés Pérez, que es un libro con conversaciones sostenidas por los periodistas Ramón Hernández y Roberto Giusti con el expresidente Pérez. Al no escribir Pérez sus memorias, esto ha quedado como sus memorias; estas fueron sus últimas palabras o la recapitulación de los hechos centrales de su vida, un libro muy interesante donde, fíjense lo que dice Pérez sobre esto que vengo hablando.
Dice Carlos Andrés Pérez: "La política económica de mi primer gobierno fue estatista, proteccionista, y era una contradicción el discurso integracionista con la realidad de nuestros países. Por eso, lo primero que hice al llegar a mi segundo gobierno fue soltar las amarras del comercio y entrar en la reforma comercial; hasta ese momento, iniciativas como el Pacto Andino constituían un fracaso porque nuestras economías eran hostiles: nosotros le cerrábamos las puertas de la frontera a Colombia, Perú, Bolivia y Ecuador. Ellos hacían lo mismo con nosotros, entre ellos, en todas las trabas al mercado internacional". Sigue diciendo Pérez.
"Entre lo que dije como candidato no hay contradicciones. Si se revisan los textos de mis discursos, se encontrarán que en todos advertí que vendrían muchas dificultades, una situación de apreturas económicas. Ofrecí la beca alimentaria como forma de atender los problemas que íbamos a sufrir. Dije que había que cambiar el formato económico del país; desde luego, no entré en detalles, que hubiera sido absurdo. Escuchen esto: en las campañas electorales no se puede decir a la gente qué va a sufrir, como lo hizo Mario Vargas Llosa en Perú, eso no es posible si se quiere ganar, pero no hay contradicciones entre los lineamientos de mi campaña y lo que hice en el gobierno. Yo no podía aparecer en antagonismo con un gobierno nuestro, de AD, el de Jaime Lusinchi, ni haciendo señalamientos puntuales desde una clara percepción de que venían cambios importantes en la economía. Puse énfasis en que uno de los objetivos fundamentales sería el Pacto Andino, la integración; ahí se estaban señalando derroteros. Dentro de una política paternalista y de controles no podía arrancar el Pacto Andino. Hubo los lineamientos. No había que hilar muy fino para entendernos". Fin de la cita.
Sin embargo, el propio Pérez reconoce que para ganar la campaña, para ganar las elecciones, no podía decirse claramente qué era lo que se iba a hacer. De modo que de allí, pues, la decepción de mucha gente, ¿verdad? En el fondo, lo que buscaba el cambio de modelo económico era una revolución en el papel del Estado en la dinámica y la economía, pasando la iniciativa para la esfera privada, dado que los precios del petróleo habían bajado notablemente y era imposible que el Estado cumpliera con su rol paternalista cuando no disponía de los recursos para ello.
Una vez más, Venezuela se veía obligada a cambiar de rumbo en razón de la dinámica de los precios del petróleo. Además, la modificación se inscribía dentro de un cambio general en el planeta, ya que ese mismo año 1989 el socialismo real comenzaría a desaparecer con la caída del muro de Berlín y la convicción de que el socialismo era incapaz de generar riqueza. Esta convicción se hizo generalizada, prácticamente unánime; muy pocas personas en aquel tiempo se oponían a este convencimiento. De tal modo que muchos países del mundo pasaron a desmontar sus sistemas estatistas; Venezuela no fue la excepción.
En América Latina eso pasó en todos los países, con muy pocas excepciones, dentro del espíritu de lo que se llamó el Consenso de Washington. Así lo llamó un economista llamado John Williamson, que estableció las 10 pautas fundamentales del Consenso de Washington, que iban a guiar las reformas económicas en América Latina, y así ocurrieron. Esas reformas las llevó a cabo Carlos Salinas de Gortari en México, César Gaviria en Colombia, Carlos Saúl Menem en Argentina y Carlos Andrés Pérez en Venezuela; no eran solo unas reformas de Pérez, eran una reforma del continente. Y en el fondo lo que estaba era dejándose atrás las políticas cepalistas, las de la CEPAL, la industrialización sustitutiva de importaciones.
El continente entero había asumido estas políticas a partir de 1946, en el caso venezolano, y 1948-1950 en el resto de América Latina. Estas políticas proteccionistas, en las que el Estado defendía la producción nacional colocando aranceles a los productos importados, se daban preferencias tributarias para la instalación de parques industriales nacionales. Eran unas políticas contrarias a la libre circulación de los bienes en América Latina. Eso que dice Pérez en sus memorias es correcto, es decir, no podía haber una integración si cada uno de estos países defendía unas políticas proteccionistas de su economía.
Eso es lo que va a desmontarse a partir de 1989 en prácticamente todos los países de América Latina, y Venezuela no fue la excepción. En la próxima parte del programa veremos entonces otros acontecimientos más allá del programa económico, veremos entonces lo que representó el Caracazo para un gobierno que estaba comenzando en febrero de 1989. Ya regresamos.
En breve continúa Venezolanos. Somos Unión Radio Cultural. Geografía del paladar, con un ser y disfrutar nuestra cultura gastronómica, será un placer. En el estado Bolívar hacen un laulado paumado tremendamente delicioso, además con los tips que no te puedes perder, de 0800 Víctor. Muchas veces me preguntan cuál es el mejor aliño acá en Venezuela y, bueno, obviamente mi corazón se entrega por completo y el mejor aliño en Venezuela para mí es de las Idulces. Geografía del paladar con Víctor y Víctor Moreno, sábados 10 de la mañana y domingos 3 de la tarde. Somos Unión Radio Cultural.
Ustedes escuchan Venezolanos. Somos Unión Radio Cultural. Decíamos en la parte anterior del programa que en esta veríamos lo que representó el estallido social de Caracas, y comencemos por decir: a medida que tocó más sensiblemente el bolsillo de la gente, dentro de aquel programa de reformas económicas, fue el aumento del precio de la gasolina, que incidió de inmediato en el costo del pasaje del transporte colectivo. En Guarenas-Guatire se produjeron las primeras protestas en la mañana del 27 de febrero, pero muy pronto se extendieron a toda Caracas y otras ciudades del país. Ya en la tarde los saqueos de comercios habían comenzado y la televisión retransmitía las escenas de vandalismo y violencia en la noche.
La situación ya era de emergencia nacional, por lo que el gobierno le solicitó a las Fuerzas Armadas que restablecieran el orden. Luego se suspendieron las garantías constitucionales, se declaró el toque de queda y el Ejército y la Guardia Nacional reprimieron duramente a los saqueadores, con un resultado lamentable de decenas de muertos, muchos de ellos inocentes que no participaban de los actos vandálicos. Nunca antes se había vivido en el país una situación como ésta, que además comprometía los planes del gobierno que estaba comenzando. Mucho se ha especulado acerca de si se trató de un estallido espontáneo o de algo inducido a partir de un plan.
Algunos militantes de la izquierda radical de aquellos años se han atribuido el origen del estallido, pero los hechos indican que la espontaneidad también estuvo presente; quizás, como suele suceder, fue una combinación de espontaneidad con mínima planificación. En cualquier caso, el resultado fue el mismo: una gran revuelta social que colocó al gobierno en una posición muy difícil para implementar un nuevo modelo económico, para cuya realización se necesitaban grandes sacrificios de la población. Pocas semanas después de estos hechos comenzaron a surgir denuncias graves de corrupción en relación con la administración anterior, la de Jaime Lusinchi, y Recadi, la oficina del cambio diferencial. Así como el manejo de la partida secreta para fines distintos a los establecidos fue el caso de la compra de una cuadrilla de vehículos rústicos para ser entregados a AD con fines electorales.
El 20 de noviembre un tribunal dictó un auto de detención al presidente Lusinchi por el caso sustanciado en Recadi. El caso a todas luces incrementaba las diferencias entre un sector de AD cercano a Lusinchi y otro próximo a Pérez; además profundizaba aún más la conciencia colectiva, la idea de que la corrupción era un cáncer incontrolable e indetenible.
Y bien, en medio de todo esto se van adelantando unas reformas políticas muy importantes: la descentralización política y administrativa. El 3 de diciembre de 1989 tuvieron lugar las elecciones directas de gobernadores, alcaldes y concejales; se daba entonces el paso democrático más importante que se ha dado desde los tiempos de la firma del Pacto de Punto Fijo, ya que la elección directa de las autoridades locales era lo mínimo a lo que podía aspirarse en un sistema democrático. Y a partir de esta fecha el cuadro político venezolano comenzó a cambiar sustancialmente.
Acción Democrática obtuvo el 39,37% de los votos en la elección de gobernadores, Copei el 32,85%, el MAS 17,69% y la Causa R 2,62%. Con lo que quedaba claro que había liderazgos regionales que el elector reconocía; por ejemplo, en Aragua comenzó a gobernar Carlos Tablante del MAS; en Bolívar, Andrés Velázquez de la Causa R; en Carabobo, Enrique Salas Römer de Copei; y los independientes. En el Zulia, Osvaldo Álvarez Paz, de Copei. En la Alcaldía de Caracas, Claudio Fermín, de Acción Democrática. Casi todos ellos en el futuro serían candidatos presidenciales.
Se trasladaba el liderazgo de las cúpulas de los partidos políticos al desempeño administrativo en las gobernaciones, un cambio profundamente democrático. Y este cambio, por su parte, fue un golpe mortal para los organismos centrales de los partidos políticos, ya que la fuente del poder se trasladó de estas cúpulas a los electores y los líderes comenzaron a rendirles cuentas a sus bases. Este paso, que no se ha valorado suficientemente, suponía un cambio de conducta y estrategia en los partidos políticos establecidos, pero esto no se dio en la magnitud requerida y seguramente fue una de las causas que trajo como consecuencia la decadencia del sistema bipartidista.
Por otra parte, la inflación en 1989, un año de severos ajustes económicos, alcanzó la cifra de 80,7%, mientras las reservas internacionales subían. En 1990, los resultados electorales trajeron una crisis en AD, ya que muchas gobernaciones y alcaldías pasaron a manos de Copei, el MAS y la Causa R, cosa que arreció el pleito interno entre los seguidores de Pérez y su programa económico liberal, en concordancia con las pautas dictadas por el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, y el otro sector, adverso, que se resistía a los cambios dentro del mismo partido de Pérez.
Por cierto, buena parte de los ministros del gobierno de Pérez que adelantaron este programa económico liberal eran profesores del IESA, el Instituto de Estudios Superiores de Administración en Caracas, extraordinario instituto de estudios de posgrados. Y para el año 1990 comenzaron a verse los primeros resultados al crecer la economía en 5,3%. La inflación bajó a 40,7% y las reservas internacionales ascendieron a 11 mil 700 millones de dólares. De haber estado muy bajas, alrededor de 600 millones de dólares cuando recibió el gobierno Pérez en el año 89, habían subido para finales de 1990 a esta cifra ya considerable.
Además, el ministro de Cordiplán, Miguel Rodríguez Fandeo, anunció una reducción de la deuda externa del 20%, y una disminución del 50% en el pago de intereses. Esa fue la negociación que llevaron adelante el propio Miguel Rodríguez, presidente del Banco Central de Venezuela, Pedro Tinoco y un embajador especial para la deuda, Carlos Hernández Delfino. Y al año siguiente la economía creció en 9,2% y se inició el proceso de privatizaciones de empresas del Estado que prestaban servicios públicos; ese fue el caso de CANTV y de Viasa, las cuales, al ser compradas por consorcios extranjeros en asociación con empresas venezolanas, trajeron además un ingreso extraordinario al Fisco Nacional y, a partir de entonces, otro funcionamiento mucho más eficiente en el caso de CANTV.
Y a la par de este proceso económico otro proceso político venía avanzando: no solo las relaciones entre AD y el gobierno eran sumamente débiles, por decirlo menos, sino que los ajustes económicos fueron notablemente severos para los estamentos sociales más humildes, que a su vez se sintieron desasistidos, creándose allí un vacío político. Por si fuera poco, un conjunto de venezolanos presidido por Arturo Uslar Pietri, y a quienes la prensa llamaba los notables, pedían reformas en la conformación de la Corte Suprema de Justicia. Se quejaban del cuadro de corrupción administrativa y enfrentaban las políticas del gobierno.
Este grupo, junto con el desprestigio creciente de los partidos políticos, fue horadando la base de sustentación del gobierno de Pérez y, sin proponérselo, probablemente fue animando a un conjunto de conjurados militares que venían conspirando desde hacía años dentro de las Fuerzas Armadas a intentar un golpe de Estado. De hecho, en diciembre de 1991, Uslar Pietri declaró en una entrevista de El Nacional que no le extrañaba que ocurriera un golpe de Estado. No deja de ser desconcertante, por otra parte, que Uslar Pietri y los notables no respaldaran el programa económico de Pérez cuando se trataba de un programa económico por el que muchos de ellos habían abogado durante muchos años y que finalmente se estaba implementando.
Esto puede revelar, más que un enfrentamiento de orden ideológico, lo que había era un enfrentamiento político del grupo en relación con el presidente Pérez. Un enfrentamiento pareciera más de orden personal que programático. Y así fue como aquello que preconizó Uslar Pietri en diciembre comenzó a pasar en febrero de 1992, cuando la noche del 3 de febrero el presidente Pérez regresaba de Davos, en Suiza: fue el día escogido por los conjurados para la insurrección militar. Estaba comandada por tenientes coroneles e integrada por mayores, capitanes, tenientes y tropa. Por eso se le llamó los comacates, comandantes, capitanes y tenientes.
Y se alzaron en los cuarteles de Maracaibo y Valencia. Al teniente coronel Hugo Chávez, a quien le correspondía tomar el Palacio de Miraflores después de haber tomado el Cuartel de La Planicie, no le fue posible hacerlo. En la próxima parte del programa veremos entonces los hechos vinculados con la televisión, con la rendición de Hugo Chávez y con lo que alcanzaron en distintos lugares los otros participantes en esta conjura militar. Ya regresamos.
Decíamos, en la parte anterior del programa, que al teniente coronel Hugo Chávez le tocaba dentro del plan conquistar el Palacio de Miraflores y que no lo había logrado. Fue entonces cuando por televisión, en la mañana del 4 de febrero, llamó a sus compañeros de armas a entregarse, señalando que, por ahora, no se habían logrado los objetivos. Entonces se entregaron Francisco Arias Cárdenas en el Zulia, Jesús Urdaneta Hernández, Joel Acosta Chirinos, Jesús Miguel Ortiz, todos ellos integrantes del comando militar de conjurados.
El intento había fracasado, pero el país asistía a un hecho que pensaba había quedado en el pasado. El país también había observado con estupor y hasta con admiración a un hombre que se hacía responsable por su fracaso, algo muy infrecuente en la vida pública venezolana de entonces. Aquel "por ahora" de Hugo Chávez significó mucho en el universo simbólico del venezolano y aquellos tiempos. Y una vez sofocada la rebelión se reúne el Congreso Nacional para debatir sobre los hechos en la mañana del 4 de febrero y pide la palabra el senador vitalicio Rafael Caldera, expresidente de la República.
Entonces condenó Caldera el intento de llegar al poder por las armas, pero justificó comprensivamente los motivos que llevaron a los insurrectos a ello y, a partir de entonces, la candidatura de Caldera, que ya venía muy bien en las encuestas para las elecciones de 1993, creció todavía más. Y muchos dicen que aquella mañana ganó las elecciones, aquella mañana del 4 de febrero. En verdad, con olfato político, Caldera supo interpretar el sentir de la gente, que rechazaba el golpe pero que quería un cambio de rumbo, y él se ofreció para encarnar ese cambio. Y en una entrevista sostenida con el profesor Agustín Blanco Muñoz, publicada en 1998, se titula Habla del comandante.
Hugo Chávez señala que comenzaron a conspirar en serio cuando juraron ante el Samán de Güere el 17 de diciembre de 1982, es decir, 10 años antes. De tal modo que le tomó una década ir ascendiendo dentro de las Fuerzas Armadas hasta tener mando de tropa y poder ejecutar una acción armada. La existencia de estos conjurados se la advirtió la DIM, Dirección de Inteligencia Militar, al presidente Pérez, pero éste la desestimó; incluso en alguna oportunidad les quitaron el mando de tropas ante los indicios. Pero al tiempo el ministro de la Defensa de entonces, el general Fernando Ochoa Antich, no halló nuevos indicios conspirativos y les devolvió el mando de tropa. No puede decirse entonces que la intentona los tomó completamente por sorpresa al presidente Pérez y a sus servicios de inteligencia militar.
Y si el gobierno de Pérez tenía problemas, pues ahora tenía más, a tal punto que el presidente se propuso atemperar la política de ajustes con base en lo escuchado en el Congreso Nacional y el apoyo de la calle manifestado a los golpistas. Se creó un consejo consultivo integrado por ilustres venezolanos, presidido por Ramón J. Velázquez e integrado por Pedro Pablo Aguilar, Ruth de Krivoy, Domingo Maza Zavala, José Meli Chorzini, Pedro Palma, Pedro Rincón Gutiérrez y Julio Sosa Rodríguez; este consejo hizo sus recomendaciones muy pronto y muchas de sus propuestas iban a contracorriente de lo que venía haciendo el gobierno. A la vez, Pérez cambió su gabinete de manera que satisface los reclamos e integrar a diversos sectores en la conducción del Estado, buscando con ello un mayor piso político para su debilitado gobierno.
Entonces militantes de Copei integraron el gobierno por algunos pocos meses. Por su parte, otro grupo de conjurados militares organizó su revuelta que se expresó el 27 de noviembre de 1992, pero esta vez involucraba especialmente a la aviación, con lo que los caraqueños tuvimos el triste espectáculo de un bombardeo sobre lugares estratégicos en la capital y, de nuevo, el fracaso de los golpistas. Esta vez comandados por el general Francisco Visconti Osorio y el contraalmirante Hernán Gruber Odrémán. Cinco días después tuvieron lugar las elecciones de gobernadores, alcaldes y concejales; AD bajó su votación porcentual, sacó 37,81%, sin embargo era muy alta todavía.
Copei subió a 34,35%. El MAS bajó a 12,48% y la Causa R duplicó su votación y obtuvo 4,73%. Incluso la Causa R ganó la alcaldía de Caracas, con Aristóbulo Istúriz, quien desplazó a Claudio Fermín. Entonces repetían los gobernadores Velázquez, Tablante, Salas Römer y Álvarez Paz, entre otros. Y paradójicamente en 1992 la economía venezolana creció cerca del 10%, pero los beneficios de ese crecimiento no se sentían plenamente en los estamentos más débiles de la sociedad.
Y así fue como el 11 de enero de 1993 el periodista y candidato presidencial José Vicente Rangel denuncia ante la Fiscalía General de la República el mal uso de la partida secreta por parte del gobierno de Carlos Andrés Pérez, por un monto cercano a los 250 millones de bolívares, y solicita ante el fiscal un antejuicio de mérito contra el presidente Pérez. El fiscal general Ramón Escobar Salom, el 11 de marzo, interpone ante la Corte Suprema de Justicia, cuya composición ya había cambiado gracias a las presiones del grupo de los notables, la acusación contra Carlos Andrés Pérez. El ministro de Relaciones Interiores cuando sucedió el hecho era Alejandro Izaguirre y el ministro de la Secretaría de la Presidencia de la República en aquel momento, cuando sucedió el hecho, Reinaldo Figueredo Planchart; se les acusaba.
El 20 de mayo de 1993 se conoció la ponencia solicitada por la Corte Suprema de Justicia, al presidente del máximo cuerpo colegiado del Poder Judicial, el magistrado Gonzalo Rodríguez Corro. Se declaró con lugar la solicitud de antejuicio de mérito. Al día siguiente se reunió el Congreso Nacional y se autorizó el juicio, separándose a Carlos Andrés Pérez de la Presidencia de la República. Y a partir de entonces, en razón de que la soberanía reside en el Poder Legislativo, el presidente del Senado, Octavio Lepage, asumió la presidencia de la república.
Sin embargo, el Congreso Nacional nombró el 5 de junio de 1993 al senador Ramón J. Velázquez presidente de la República para que culminara el período constitucional 1989-1994, de modo que gobernaría entre esta fecha, 5 de junio, y el 2 de febrero de 1994, ocho meses exactos. Es evidente: la segunda presidencia de Pérez fue intensa en cambios políticos, la descentralización, y económicos: del paso de una economía con fuerte presencia del Estado a otra de libre mercado, además de lo imprevisto para la mayoría, la insurgencia de una conjura militar. A esto se suma que nunca antes un presidente en ejercicio había sido separado del cargo con fundamento en el estado de derecho, aunque no podemos dejar de señalar que respetadísimos juristas afirman que se cometió, por lo menos, un abuso de derecho tanto en la solicitud del antejuicio de mérito como en las sentencias.
De modo que la estructura política del país cambió y la democracia de partidos entró en crisis y el bipartidismo desapareció. A todo esto se suma la insurgencia de nuevos actores políticos, los jóvenes militares insurrectos que con el tiempo llegarían al poder por la vía pacífica después de haberlo buscado por las armas. En aquel momento, Carlos Andrés Pérez escribió de su puño y letra, como me han certificado testigos presenciales, un discurso que se ha convertido en una pieza histórica de la que voy a leerles algunos fragmentos. Ese discurso ha terminado titulándose Hubiera preferido otra muerte y se le subtitula: El mensaje después de que la Corte Suprema de Justicia encontró méritos para el enjuiciamiento.
Este discurso televisado ocurrió el 20 de mayo de 1993 y allí comenzó diciendo Carlos Andrés Pérez: "Me dirijo a mis compatriotas en uno de los momentos más críticos de la historia del país y de los más difíciles de mi carrera de hombre público. Debo confesar que, pese a toda mi experiencia y al conocimiento de la dramática historia política de Venezuela, jamás pensé que las pasiones personales o políticas pudieran desbordarse de manera semejante. Y ya Venezuela podía mirar hacia atrás sin el temor a los incesantes desvaríos de la violencia tan comunes en nuestro proceso histórico".
"Ha cambiado poco nuestra idiosincrasia, nuestra manera cruel de combatir sin cuartel. Ha revivido con fuerza indudable un espíritu inquisitorial y destructor que no conoce límites a la aniquilación, sea moral o política. Reconozco con inmenso dolor esta realidad, y no solo porque yo sea el objetivo de los mayores enconos a quien se le declara la guerra y se quiere conducir al patíbulo, sino también porque este es un síntoma o signo de extrema gravedad, de algo que no desaparecerá de la escena política porque simplemente se cobre una víctima propiciatoria. Esta situación seguirá afectando de manera dramática al país en los próximos años". En la última parte del programa continuaremos con estos hechos. Estás en sintonía de Unión Radio Cultural.
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Bien, al final de ese discurso histórico de Carlos Andrés Pérez, escrito por él, en los últimos párrafos dice lo siguiente: "Convoco a las fuerzas políticas, económicas, institucionales y sociales, a los medios de comunicación y a todos los venezolanos, a unirse alrededor del encargado en la presidencia de la República que designó el Congreso para superar este momento aciago. Mi pasión, mi interés incansable, que me ha caracterizado, y el coraje que he demostrado en los momentos más difíciles, siempre han estado al servicio de Venezuela. A lo largo de toda mi vida, desde que era apenas un adolescente, he consagrado mi existencia a los grandes intereses de nuestro pueblo y a ustedes he consagrado mi destino. Quiera Dios que quienes han creado este conflicto absurdo no tengan motivos para arrepentirse".
Carlos Andrés Pérez. Bien, es un discurso que conviene releer y revisar, una pieza verdaderamente histórica. Y no es fácil explicar la personalidad histórica de un tachirense nacido el 27 de octubre de 1922 en la hacienda La Argentina, muy cerca de El Rubio, en el estado Táchira. Este año se cumplen 100 años del nacimiento de Carlos Andrés Pérez y, como vimos en las líneas anteriores, este hombre singular encabezó en una sola vida dos procesos políticos distintos y con apenas 10 años de diferencia entre uno y otro. Durante su primer gobierno adelantó la nacionalización de la industria petrolera y creó centenares de empresas del Estado dedicadas a las tareas más diversas, fortaleciendo el Estado hasta el paroxismo como principal actor económico de la nación.
Diez años después, desmontó la trama empresarial estatal adelantando un agresivo programa de privatizaciones y fue factor principal de la Agenda Descentralizadora del país. Durante su primer gobierno el Estado se endeudó hasta alcanzar cifras enormes y durante el segundo batalló con la banca internacional para fijar una estrategia de pago favorable. ¿A cuál de los dos Pérez juzgará la historia? ¿Al que desarrolló una agenda política clásica del socialismo democrático entre 1974 y 1979 o al que puso en práctica un programa liberal con algunos ribetes keynesianos a partir de 1989?
Pues este hombre carismático que encarnó durante décadas una suerte de mito popular da para todos los gustos. Los socialistas democráticos admiran su primera obra, los liberales, la segunda. Y Pérez, ¿de cuál de las dos se sentiría satisfecho? ¿De ambas o de ninguna? A las contradicciones que señaló se suman otras de orden personal no menos interesantes: durante el segundo gobierno de Betancourt, siendo viceministro de Relaciones Interiores, Pérez fue factor principal en la lucha contra la guerrilla izquierdista, así como pieza clave en la lucha a cuartel que libró Betancourt contra las conspiraciones militares de derecha y de izquierda, en asociación con tiranos caribeños de ambos bandos.
Durante varios años le dio con informes de inteligencia y los procesó con éxito Carlos Andrés Pérez. Y extrañamente, casi 30 años después, cuando la inteligencia militar de su segundo gobierno le advirtió que las intenciones de los conjurados militares, no les dio importancia. Hasta que lo sorprendió la intentona el 4 de febrero de 1992 y cayó en cuenta de que había debido ponerles cuidado a los informes de los generales Carlos Julio Peña Delosa y Herminio Fuenmayor. Antes puso en marcha el programa de reformas económicas —que no era otro que una reforma a fondo del sistema político— y él, el político por excelencia, extrañamente no se valió de sus artes para implementarlo, y el país comenzó a arderle por los cuatro costados.
En una visita a Caracas, siendo ya expresidente del gobierno español, Felipe González dijo lo siguiente: el gobierno de Pérez contribuyó decisivamente al paso de la pobreza a la riqueza que impera en la España democrática de hoy. La historia juzgará su obra desde esa perspectiva, lo que de entrada le garantiza uno de los asientos de primera fila. Socialismo y democracia no están reñidos con la economía de mercado, esto dijo Felipe González en Caracas, y este fue uno de los puntos que él expresó, así como es indudable que para distribuir mejor la riqueza hay que generarla primero. Este homenaje de González a Pérez no puede pasarse por alto y curiosamente se refiere al primer gobierno de Pérez y no al segundo, cuando lo que hizo González en España se parece más a lo hecho por Pérez.
En su segunda administración que en la primera, otra paradoja, y más allá de las contradicciones, hay tres aspectos que reconocen tirios y troyanos: voy a enumerarlos y a comentarlos muy brevemente. Pérez fue un líder como no ha habido otro en Venezuela desde el punto de vista de su popularidad y su liderazgo alcanzó cotas legendarias de identificación con el pueblo. Las caminatas de Carlos Andrés Pérez, los mítines políticos de Pérez, la manera como movía los brazos en sus campañas electorales, la manera como saltaba a charcos de agua y se vinculaba con la gente. Hicieron un líder de una popularidad que prácticamente ningún otro político venezolano ha tenido.
Hay quienes piensan con buenos motivos que Pérez se trató del último gran político de la Venezuela democrática y civil. Y sin la menor duda, creo yo, que fue un demócrata absoluto convencido y practicante. Basta recordar que aceptó ser separado de la Presidencia de la República cuando las faltas que se le imputaban no eran tales, sino ejecutorias perfectamente legales, como ha demostrado en el juicio y sus libros el doctor Alberto Arteaga en repetidas oportunidades. Sin embargo, Pérez aceptó el fallo político de la Corte Suprema de Justicia y se retiró aunque consideraba en su fuero interno que de lo que lo estaban acusando era falso e insostenible, y así mismo pensaban juristas de gran calado académico como el doctor Arteaga. Y con el paso del tiempo, pues, el talante democrático del presidente Pérez ha seguido creciendo hasta, en alguna medida, hacerse modélico, porque realmente su actitud lo fue plenamente.
Incluso hay quienes piensan con buenas razones que Pérez no hizo lo que tenía que hacer y que presenció cómo el grupo de los notables primero pidió un cambio de la composición de los magistrados en la Corte Suprema de Justicia. Pérez no hizo nada para que eso no ocurriera. Antes, David Morales Bello le había advertido a Pérez que si aceptaba la designación de Ramón Escobar Salom como fiscal general de la República, Escobar Salom en algún momento iría contra él. Pérez no lo creyó y Morales Bello, con el paso del tiempo, tuvo razón. Luego Pérez presenció cómo toda aquella trama se estaba urdiendo en su contra y realmente no fue mucho lo que hizo para impedirlo.
Es algo verdaderamente desconcertante en un hombre que había demostrado a lo largo de su vida una gran sagacidad política. Y bueno, llegamos al final del programa. No cabe duda de la importancia histórica de Carlos Andrés Pérez: es un personaje fascinante, contradictorio, con muchas luces y muchas sombras, y que está pendiente por ser estudiado a fondo. Habló para ustedes, como siempre, Rafael Arráiz Lucca, desde Unión Radio; me acompaña en la producción Inmaculada Sebastiano y en el control técnico está Giancarlo Caravaggio. A mí me consiguen en mi correo electrónico rafaelarraiz@hotmail.com y en Twitter arroba Rafael Arráiz, ha sido un gusto hablar para ustedes.