La cultura en Venezuela
20 de marzo de 2025

La cultura en Venezuela. Siglo XX. Cap 1.

La cultura en Venezuela. Siglo XX. Cap 1.

Escuchar
Reproduce el episodio aquí

Transcripción

Aviso: puede contener errores de transcripción involuntariamente confusos y/o inexactos. Si encuentras algo, escríbeme.

Nuestro programa es posible gracias al equipo conformado por Gitanjali Suárez, Inmaculada Sebastiano, Melani Pieruzzi, Carlos Javier Virgüez, Fernando Camacho y Giancarlos Caraballo. Escuela UR y @rafaelarraiz en X y @rafaelarraiz en Instagram. Ya está disponible el canal de YouTube de Unión Radio Cultural.

Bienvenidos todos a Venezolanos, un programa sobre el país y su historia. Hoy iniciamos una nueva serie que se titula La cultura en el siglo XX venezolano. Y aunque para Mariano Picón Salas el siglo XX realmente comenzó en el año de 1936, después de la muerte del general Gómez, la verdad es que a los efectos de nuestra historia vamos a comenzar en el año 1901: gobierna el país un caudillo tachirense, Cipriano Castro.

La nación ha pasado la página de un siglo que se ha ido en una sola guerra, 39 alzamientos militares entre 1830 y 1899. Y desde la costosísima independencia de Venezuela hasta el sol del siglo que despunta, los venezolanos han pasado sus días en medio de muchas circunstancias, pero sin embargo las artes, el periodismo y la literatura han aportado sus trabajos.

Hay unos intentos modernizadores en el siglo XIX por parte de Guzmán Blanco: se funda entonces el Instituto de Bellas Artes, aparecen la revista Cosmópolis y la revista El Cojo Ilustrado. Todas estas son iniciativas privadas en su mayoría; el Instituto de Bellas Artes no es una iniciativa del Estado. Están en curso la obra de los pintores Carmelo Fernández, Martín Tovar y Tovar, Arturo Michelena, Cristóbal Rojas.

Y están ya terminadas las obras de los escritores Andrés Bello, Fermín Toro, Rafael María Baralt, Juan Vicente González, Eduardo Blanco, Pedro Emilio Coll, Juan Antonio Pérez Bonalde, y los músicos ya han hecho sus aportes. La Escuela de Chacao, las bandas, algunas orquestas regionales, son estas algunas manifestaciones que dan fe de la ebullición del espíritu creador en el siglo XIX. Pero nosotros vamos a ver el siglo XX, ¿verdad?

Es al que nos vamos a dedicar en sus expresiones culturales. Bien, entonces por años quedó en el recuerdo de los venezolanos la singularidad del encuentro que había tenido lugar con la Gran Exposición, con motivo del Centenario del Nacimiento del Libertador. En 1883 Guzmán Blanco organiza en su gobierno una gran exposición que trajo distintas obras, no solo pictóricas sino obras alusivas en otros formatos a la vida del Libertador y a las situaciones del país para entonces.

De modo que durante años quedó en el recuerdo esta exposición. Y desde los tiempos de la Colonia había una afición pictórica importante por parte de los caraqueños, se tenía a la pintura pues se tenía por ella una suerte de devoción parecida a la que se le tiene hoy en día a la gente del mundo del espectáculo. La pintura no era ajena a los gobernantes de turno, bien sea porque sabían que la única forma de inmortalidad iconográfica que tenían era el lienzo de un pintor, entre otras cosas porque no existía la fotografía, o porque formaba parte de la idea de hacer una iconografía patriótica que recogiera las gestas venezolanas.

En todo caso vamos a tener que en el año 1904 el edificio destinado a la Academia de Bellas Artes es concluido y se reforman los planes de estudios. El director de la academia entonces es Antonio Herrera Toro, quien va a suceder en el cargo a Emilio J. Mauri. Recordemos que Antonio Herrera Toro, un extraordinario pintor, se inició como asistente de Martín Tovar y Tovar.

Y trabajó en muchas de las obras e incluso, una vez fallecido Tovar, Herrera Toro termina algunas de ellas. En el año 1909, cinco años después, allí reciben clases en esa academia los futuros integrantes del famoso Círculo de Bellas Artes. ¿Quiénes son los integrantes del Círculo de Bellas Artes? Manuel Cabré, Antonio Edmundo Monsanto, Carlos J. Otero, Abdón Pinto, César Prieto, Marcelo Vidal, Próspero Martínez, Rafael Monasterios y Armando Reverón.

Y todos se rebelan ante el magisterio de Herrera Toro por sus métodos convencionales de enseñanza. Sobre este particular dice Luis Alfredo López Méndez, en un libro que escribe sobre el Círculo de Bellas Artes, voy a citar lo que dice López Méndez. "Los alumnos no se avenían con las severas disciplinas, exageradamente académicas, de su nuevo director, don Antonio Herrera Toro.

"Lo cual los impulsó a formular una serie de peticiones al Ministerio de Instrucción Pública –así era como entonces se llamaba el Ministerio de Educación–. Peticiones que no fueron atendidas a pesar de ser muy limitadas y además lógicas… El país estaba regido por una economía agrícola y pecuaria muy modesta, la vida era difícil.

"El sucederse de férreas dictaduras mantenía a los venezolanos encerrados en una apatía y un desaliento tan grandes que se requerían mucho amor por el arte, muchos sacrificios, para decidirse a consagrarse por entero a su ejercicio".

Esto dice López Méndez, y la denominación Círculo de Bellas Artes se le atribuye al humorista y caricaturista Leóncio Martínez. Lo cierto es que alrededor de 1912 comienza a identificarse este grupo de pintores como el Círculo de Bellas Artes. Y sobre este círculo dice Juan Calzadilla, el crítico e historiador también del arte venezolano, dice Calzadilla: "Pintar directamente la naturaleza, obedecer al impulso artístico natural y no someterse a ninguna fórmula o precepto académico eran postulados de los revoltosos principios que animarán la práctica pictórica de varias generaciones en adelante".

Desde entonces, la historia de la pintura venezolana se hace fuera de la academia y tiene por protagonista el paisaje al aire libre, a extramuros o los rincones de las ciudades. Desaparecen el retrato de encargo, la pintura anecdótica, la historia y los tonos sombríos de la paleta; se asumen riesgos más francos y directos con la realidad. Se hace doctrina vital del arte. Así concluye Calzadilla.

De modo que ya en el siglo XX la pintura histórica que hizo magistralmente Tovar y Tovar o Michelena, pues ya no se hace en alguna medida porque ya fue hecha. Y toda la iconografía patriótica fue hecha casi por un encargo expreso, un contrato firmado entre el gobierno de Antonio Guzmán Blanco y el pintor Tovar y Tovar, para la iconografía patriótica del Palacio Federal Legislativo. Y del Capitolio, que forma parte del palacio.

Ahí están alrededor de 60 retratos hechos por Tovar y los plafones en el techo del Capitolio, las batallas de Carabobo y las otras batallas. Ahora nos está diciendo Calzadilla que el Círculo en alguna medida está liberado de esto. Y entonces pueden dedicarse los pintores del Círculo a ver el paisaje e interpretarlo, digamos, a tener otra perspectiva de la pintura.

Pero así como el Círculo fue determinante para el desarrollo posterior de la pintura en Venezuela, en aquellos años tuvieron lugar acontecimientos culturales de otra importancia. Por ejemplo, hay un grupo de escritores que fundan la revista Alborada; estos escritores se frecuentaban casi a diario. También fueron amigos los poetas que van a formar luego la llamada generación de 1918, y López Méndez se pregunta en su libro por el autor de la idea organizadora de la revista Alborada.

Y menciona a Rómulo Gallegos y a Fernando Paz Castillo como posible cerebro de la iniciativa de la reunión, al menos para debatir y conversar entre los redactores de la revista Alborada e integrantes de la generación del XVIII. En cualquier caso son contemporáneos y asisten a la misma eclosión creadora, encarnando revoluciones estéticas que solo con las perspectivas del tiempo hemos comprendido a cabalidad. Bien, en la próxima parte del programa seguiremos viendo estos inicios del siglo XX y cómo se va manifestando la cultura venezolana.

Ya regresamos. En breve continúa Venezolanos. Somos Unión Radio Cultural. Estás escuchando Unión Radio Cultural. Este y otros programas de Venezolanos los puedes oír en formato podcast a través de anchor.fm. Para alguna sugerencia sobre este espacio pueden escribirnos al correo rafaelarraiz@hotmail.com.

Estamos de regreso con Venezolanos, somos Unión Radio Cultural. Hablábamos de la revista y el grupo Alborada, del Círculo de Bellas Artes y de los poetas de la generación del 18. Y ninguno de ellos sospechaba probablemente que Rómulo Gallegos iba a ser el autor que luego fue, bueno, y tampoco intuían que entre ellos vivía un gran poeta como fue Salustio González Rincones. Tampoco podían imaginar que aquel nervioso muchacho llamado Armando Reverón, recién regresado de su periplo europeo, iba a llegar a ser el maestro que fue.

Pocas veces, en el decurso de nuestras artes, se ha dado una relación integradora más estrecha que la que se dio entre los pintores del Círculo, los narradores de la revista Alborada y los poetas, futuros integrantes de la Generación de 1918. Y en las cercanías del frente el general Gómez ya comienza a tener a su lado un elenco intelectual nada despreciable: Pedro Manuel Arcaya, Laureano Vallenilla Lanz, José Gil Fortoul, César Zumeta. Dan cuenta de la batería que está dispuesta a discurrir en favor del dictador con argumentos y ostentar los cargos más altos del aparato burocrático de la nación.

Bueno, entre ellos especialmente un libro que se titula Cesarismo democrático, de Vallenilla Lanz. Un libro, al margen de lo intolerable que resulta justificar una tiranía, ofrece análisis valiosísimos sobre las causas y razones de la conformación sociológica de la venezolanidad y además es imposible dejar de lado las obras de José Gil Fortoul o Arcaya por más que el endoso que les dispensaron a Gómez sea difícil de respaldar desde un espíritu democrático. Pero lo interesante, lo fascinante de todo esto es que convivían en un suelo venezolano unos pensadores de valía, de entidad, como los que acabo de mencionar, que estaban respaldando el poder, y unos creadores menos atendidos por la mirada inescrutable del benemérito, que era como llamaban al general Gómez. Bueno...

Como todos los grupos de artistas, además de sus proposiciones coyunturales, el valor del Círculo de Bellas Artes viene creciendo con el aporte de sus integrantes, eso está clarísimo. Para 1918 este grupo ha desaparecido y ocurre igual con los que se nuclearon alrededor de Alborada. Lo que hace del Círculo una agrupación importante es la decidida apertura que significó para la pintura, es decir, sacar la pintura de los muros del académico.

Fue una suerte de metáfora de lo que se esperaba que ocurriera en el país, es decir, salir de los muros para respirar al aire libre. Bueno, aquella rebeldía frente a la rigidez del discurso académico conservador fue quizás la primera de otras rebeliones que vendrían después, pues le cupo el honor al pintor dar ese primer paso y decir: no salimos de aquí, nos vamos al aire libre a pintar el paisaje. Nos llevamos nuestros caballetes, nuestros pinceles... y nos vamos.

Bueno, pero cinco años después Juan Vicente Gómez no veía con mucha gracia la actividad del Círculo de Bellas Artes y había ordenado que se les espiara y se vigilara de cerca. Él intuía que en aquellas reuniones se tramaba algo más que el logro de un trazo o la afinidad de los colores. Bueno, quizás Gómez estaba intuyendo lo que vendría después, que fue la oposición de los estudiantes a su mandato, pero eso va a ocurrir en 1928; él estaba vigilante a lo que estaba ocurriendo allí con los pintores y en esas reuniones, con los escritores.

Y yo no creo exagerar ni un ápice si afirmo que la generación del 18 es de las más significativas de toda la poesía venezolana. Se propuso, según Fernando Paz Castillo, lo siguiente, voy a citar al maestro Paz Castillo: "Sin reservas de ninguna clase moral, política y espiritualmente con los artistas del pasado, la generación del 18, con raíces de tradición inconfundibles, es revolucionaria y de formación especialmente francesa". Esto es muy interesante.

Y la denominación del 18 se debe al hecho, según apunta Juan Liscano, de haber ofrecido una serie de recitales durante el año 1918, y a la circunstancia de haber nacido todos los poetas que la integraban a finales del siglo XIX. Formaban parte de ella Fernando Paz Castillo, ya mencionado, Andrés Eloy Blanco, Jacinto Fombona-Pachano, Luis Enrique Mármol, Enrique Planchart, Rodolfo Molero, Luis Barrios Cruz, Pedro Sotillo y, dependiendo del estudioso, en este período José Antonio Ramos Sucre. Algunos estudiosos lo incluyen allí, otros lo dejan fuera porque Ramos Sucre era un solitario y no formaba parte de estas agrupaciones de poetas.

Realmente era una isla solitaria. No faltan además quienes incluyen en esta generación a Enriqueta Arvelo Larriva, más por razones generacionales que por compartir la experiencia de esta promoción, que además es netamente caraqueña. En todo caso, estos son los autores que irrumpen en el escenario de la poesía venezolana y la crítica acepta como válida esta tesis: los del 18 vienen a echar por suelo la retórica modernista y traen a cuento el fuego de la mejor cultura europea.

Por eso Paz Castillo hablaba de formación francesa. Ellos leen y adoran a Henri Bergson y a Francia, y sienten que empalmando con la cultura francesa siguen el hilo de Andrés Bello, y curiosamente no todos se precipitan en publicar: Paz Castillo se guarda para años posteriores. Enriqueta Arvelo Larriva hace lo mismo. Andrés Eloy Blanco lanza sus versos al ruedo, ese sí, distintísimos a los textos de su paisano cumanés José Antonio Ramos Sucre.

Enrique Planchart, con la publicación de su poemario del año 1918, viene a robustecer la significación de los recitales que se venían dando como identificatorios para la generación. Esta generación, como todas, surge con un ideario común que luego cada quien se encarga de desmentir con sus actos o de seguir cuando es el caso. Entre los rasgos comunes brillaba el de, voy a citar, "marginamiento en la actividad política".

Esta fue una conducta que más adelante Andrés Eloy Blanco, Fombona-Pachano y Sotillo no mantuvieron, obviamente. También figuraba el idealismo como piedra angular, al lado de la condición común de ser hijos de la posguerra, por supuesto. La Primera Guerra Mundial además se les identificaba comúnmente por ser cercanos al impresionismo que trabajaban sus compañeros del Círculo de Bellas Artes, y no es gratuito en este sentido que sea Enrique Planchart el que primero publica y el que recoge mejor, por el tono que en aquel momento se perseguía.

De hecho, a la distancia, a Planchart se le recuerda como el crítico privilegiado de artes plásticas de aquella época. Se le recuerda más así que como autor del libro titulado Primeros poemas. Y es verdad que los libros excepcionales de estos poetas vienen después: es el caso de El muro, de Fernando Paz Castillo, publicado en 1964. El cielo de esmalte y Las formas del fuego, de Ramos Sucre, son de 1929.

Voz aislada, de Enriqueta Arvelo Larriva, es de 1939. Tenso en la sombra, de Rodolfo Molero, es de 1968. De modo que en su momento, la significación de la generación de 1918 estuvo más ajustada a la incidencia que sobre las realidades poéticas de su tiempo provocaba. Era una voz que se alzaba y señalaba otro camino, una voz educada en ese momento para ofrecer sus mejores cantos.

Y entre aquella promoción y el nacimiento de la vanguardia mediaban muy pocos años, pero grandes diferencias. Y la crítica tiene a un libro como el iniciador de la vanguardia poética venezolana, y ese libro se titula Áspero, de 1924, de un barquisimetano llamado Antonio Arráiz. A la edad de 16 años se va Arráiz a vivir a Nueva York; lo animaba el sueño de ser aviador y actor de cine, pero se le atraviesa en el camino la poesía de Walt Whitman.

Y se ofrece una ciudad que era la cuna de las luces del progreso en aquel entonces, la cabeza de playa de la modernidad, y él se dedica a la poesía, aunque allá desempeña distintísimos trabajos. Áspero vino a ser, dice Arturo Uslar Pietri, el primer ensayo afortunado de unificación en nuestra poesía y nuestra realidad. Pocos libros como este han tenido una gran importancia, mayor en la orientación de la conciencia de un grupo de hombres que a su vez ha influido en la orientación de la conciencia colectiva.

En la próxima parte del programa seguimos con este tema. Ya regresamos.

Bueno, esa asunción de la americanidad por parte de Antonio Arráiz, la apertura del poema a materias tenidas como deleznables, viene a cambiar el mundo de la poesía venezolana, por eso se le tiene como un libro vanguardista, en el sentido que abrió un camino importante. No solo la musa de los poetas visitaba con frecuencia, también lo hacía la musa de los músicos. Por estos años se incubó lo que luego vendrá a ser una de las más portentosas generaciones de músicos venezolanos, me estoy refiriendo a los maestros Vicente Emilio Sojo, Plaza, Calcaño, Lecuna, Molero.

Movían las piezas sobre el tablero con habilidad, así como leían los pentagramas, y de estos años datan las fundaciones de dos instituciones importantes para la música venezolana: el Orfeón Lamas y la Orquesta Sinfónica de Venezuela. Y la Universidad Central de Venezuela, por su parte, aunque vigilada por la mano larga del general Gómez, no puede dejar de albergar el debate y la fuerza de aquella juventud inconforme. Y será tierra propicia para las manifestaciones que vienen, será oído de las voces que desde el exilio llegan hasta los estudiantes que sueñan con un país distinto.

Y al alero de la dominación gomecista del país avanza en su proceso institucional, sería inútil negarlo. Entre 1914 y 1920 tienen lugar importantísimos descubrimientos de yacimientos petroleros; el ministro Gumercindo Torres logra que el Congreso Nacional promulgue una ley de hidrocarburos, la primera, en el año 1920. Y la cultura y manera del ser venezolano, o relación con la tierra, casi diría que el asedio al alma del venezolano, va a cambiar o empezar a sufrir un proceso de metamorfosis con la llegada del oro negro.

Son múltiples las influencias culturales que ha traído el petróleo. Pero basta señalar algunas: desde la aparición de los Estados Unidos en Norteamérica como un polo importante vinculado con la industria petrolera, así como Gran Bretaña, que es el otro polo importante vinculado con la industria petrolera, van a abrir un camino distinto al que prevaleció en el mundo cultural durante todo el siglo XIX, y fue Francia y París. Ahora la gente volteaba hacia el norte. Les dije antes que Antonio Arráiz no se fue a París, se fue a Nueva York, de modo que había un cambio de imán, digamos así, para la cultura, y era importante señalar.

Y bueno, aquel descontento con el régimen de Juan Vicente Gómez tarde o temprano se iba a manifestar y así fue en la generación de 1928, en febrero, con las celebraciones de la Semana del Estudiante. El año anterior se había robustecido la Federación de Estudiantes de Venezuela, la FEV, y ocurrieron estos hechos en esa Semana del Estudiante. Allí, una estudiosa de este tema, María Lourdes Hacedor de Sucre, en su libro La generación venezolana de 1928, dice lo siguiente.

El discurso de Jóvito Villalba en el Panteón Nacional, en que no se silenció la situación nacional y se hicieron ligeras alusiones a las libertades perdidas y al imperialismo; el poema homenaje y demanda del indio de Pío Tamayo; las palabras pronunciadas por Joaquín Gavaldón Márquez en la concentración estudiantil de La Pastora. El discurso de clausura pronunciado por Rómulo Betancourt en el recital poético.

Bueno, la reacción de Gómez fue inmediata: fueron encarcelados Betancourt, Villalba, Tamayo, Prínselara. Muchos fueron enviados al castillo de Puerto Cabello, otros lograron irse, como es el caso de Betancourt. De modo que viene una etapa compleja para estos estudiantes y aparecen también otros poetas como Pablo Rojas Guardia, que acuñó un verso que fue muy famoso en su tiempo.

Decía: "Amanecimos sobre la palabra angustia". Y según Liscano, un estudioso excepcional de toda la historia de la cultura venezolana, la camada vanguardista estuvo integrada también por Carlos Augusto León y Luis Castro, fallecido muy joven. León tuvo una vida larga y cultivó el haiku esencialista, esa forma poética venida del Japón. Y también hubo manifestaciones culturales al margen del tema político, es el caso, por ejemplo, de la revista Válvula.

Es el caso de la publicación, por parte de Arturo Uslar Pietri, de un libro que se titula Barrabás y otros relatos en el año 1928. Antes Pocaterra ha publicado, me refiero a José Rafael Pocaterra, sus memorias de Un venezolano de la decadencia. También en estos años Julio Garmendia entrega a la imprenta el libro La tienda de muñecos.

Y el año de 1929 va a ser un año estelar para la literatura venezolana porque son publicados Doña Bárbara, de Rómulo Gallegos, Memorias de Mamá Blanca, de Teresa de la Parra, Las formas del fuego, de José Antonio Ramos Sucre, y todos alejados de la vida política de aquel momento. Gallegos está concentrado en sus libros, de la Parra está en Europa y el Ramos Sucre también está en Europa, batallando contra los fantasmas del insomnio.

Y por su parte Amábilis Cordero, en Barquisimeto, en el mismo año de la revuelta estudiantil, concluía su primera película que se titula Los milagros de la Divina Pastora. Y se entusiasmaba con la construcción de unos estudios cinematográficos con los que había soñado muchas veces; entonces el cine comenzaba a tener importancia para las esferas del poder pero aún no se le respaldaban fehacientemente. Las iniciativas culturales individuales tenían poco respaldo de las instituciones.

Quizá por ello, las empresas colectivas emergían con más a raudales. El Ateneo de Caracas es fundado en el año de 1931 por un grupo mayoritariamente femenino que se resistía a ver pasar sus días bajo la sombra de un samán. Allí estaban Elisa Elvira Suluaga y Ana Julia Rojas, entre otras, que fueron las que donaron sus fuerzas a la creación del Ateneo; después entra María Teresa Castillo, que fue un motor extraordinario, ¿verdad?

Y bueno, durante el gomecismo también se publicaba El Nuevo Diario. También fue fundado por el poeta Andrés Mata el diario El Universal, en 1909, y las revistas en su mayoría de intereses literarios habían durado algunos años: la revista Actualidades entre 1917 y 1922, Cultura Venezolana duró más, entre 1918 y 1932. Fantoches duró 10 años, entre el año 23 y 33.

Válvula, que mencioné antes, un solo año en 1928. Y Élite fue fundada en 1925 y estuvo circulando hasta hace muy pocos años, muy pocos años... Y los grupos literarios en el interior también surgían; en Maracaibo vamos a tener al grupo Ceres, allí estuvo Gabriel Bracho Montiel, Héctor Cuenca, Ramón Díaz Sánchez, y en Caracas surgió un conjunto de extrañísima denominación que se llamaba G.O.T., o GOT, Grupo Cero de Teóricos.

Y a él pertenecían jóvenes que luego fueron protagonistas de la vida cultural. ¿Quiénes estaban en el GOT? Inocente Palacios, María Teresa Castillo, Antonia Palacios, Miguel Acosta Saignes y otros. Y publicaban una revista valiosa llamada Gaceta de América.

Bueno... También estaba otra revista, El Ingenioso Hidalgo, que la publicaban Arturo Uslar Pietri, Alfredo Vulton, Pedro Sotillo y Julián Padrón. Y en la próxima parte del programa vamos a ver cómo la asunción de poder por parte del general López Contreras representó un clima propicio para el surgimiento de grupos culturales de distinta naturaleza.

¡Ya regresamos! En breve continúa ¡Venezolanos! Somos Unión Radio Cultural. ¿Estás escuchando? Unión Radio Cultural. Este y otros programas de Venezolanos los puedes oír en formato podcast a través de anchor.fm. Para alguna sugerencia sobre este espacio pueden escribirnos al correo rafaelarraiz@hotmail.com.

Somos Unión Radio Cultural. Estamos de regreso con Venezolanos. ¡Somos Unión Radio Cultural! Bien, y en esta última parte del programa vamos a ver qué ocurrió en materia cultural cuando el general López Contreras asume el mando. Y la verdad es que hubo una distensión del clima político en algunos aspectos.

De modo que los poetas se juntaron en torno a una revista y un grupo con el mismo nombre, Viernes. Y asumían como propio el símbolo de la rosa de los vientos, que es un símbolo marino, y estaban aludiendo claramente a los aires de apertura al mundo. Que los ventilaban porque la rosa de los vientos apunta a los cuatro puntos cardinales.

Y se esmeraron los poetas del grupo Viernes en leer en otras lenguas, introducir a los autores de su predilección; proclamaron el norte cosmopolita de sus lecturas, ya sea europeo o norteamericano. Querían salir a la luz con una antorcha prendida en la mano, y en el editorial del primer número de la revista puede leerse lo siguiente: "Viernes es un grupo sin limitaciones. Y es esta, Viernes, una revista que expone poesía y que se expone.

"Aquí se encuentran y se reencuentran las excelencias de dos generaciones, porque cuando otros países insisten todavía en plantear el pleito de las generaciones, nosotros tenemos prisa por salir del atolladero. Resolvemos el problema así: de una peña Viernes cordial pero intrascendente hicimos un grupo Viernes interventor de la cultura, que se identificaba con la rosa de los vientos".

Bueno, hay que recordar que ahí concluían todas las direcciones, todos los vuelos, todas las formas. Acaso selló las normas de mis compañeros. Bueno, hay que recordar que ellos se reunían los viernes en una cafetería o una cervecería en el centro de Caracas, y quienes formaban parte de este grupo: Vicente Gerbasi, el gran poeta José Ramón Heredia, Luis Fernando Álvarez, Pascual Venegas Filardo, Pablo Rojas Guardia, Otto de Sola, Ángel Miguel Queremel y algunos otros.

Y la verdad es que los aportes de este grupo a la poesía venezolana son notables. Bastaría con señalar dos poemarios de Gerbasi, me refiero a Mi padre, el inmigrante, y a Los espacios cálidos; un libro de Heredia, Maravillado cosmos; otro de Venegas Filardo titulado La niña del Japón; y uno de Rojas Guardia, Trópico lacerado. Estos libros justifican la alta ponderación en que se ha tenido el Grupo Viernes en la historia de la poesía venezolana.

Pero además de estos logros en su momento, el Grupo Viernes encarnó el espíritu del cambio cultural que se estaba dando al país: la modernización. Simbolizaron algo así como la salida del ovíparo de la cáscara que lo contiene. Bueno, lo cierto es que al comienzo de su gobierno el general López Contreras logró atraer hacia su equipo a un buen grupo de intelectuales dispuestos a mandar.

Ahí estaban, formando parte de su gobierno, el recordado Alberto Adriani, el narrador José Rafael Pocaterra, el escritor y abogado Arturo Uslar Pietri, el novelista Rómulo Gallegos, la ensayista Mariano Picón Salas, el escritor Ramón Díaz Sánchez, el crítico de arte Enrique Planchart. Todos ellos colaboraron en distintas posiciones culturales y pedagógicas en el gobierno de López Contreras.

Y bueno, así fue como hubo cambios importantes porque el viejo Ministerio de Instrucción Pública cambia de nombre y de concepción y pasa a llamarse Ministerio de Educación Nacional. Entonces se crea el Instituto Pedagógico Nacional, una institución importantísima para la formación de los docentes. Se contrata en Chile a un contingente de profesores de altísima calidad gracias a las gestiones de Picón Salas y comienza el Instituto Pedagógico Nacional.

Dentro del Ministerio de Educación se crea la Dirección de Cultura y Bellas Artes, que va a tener por tarea el fomento de las artes en sus facetas más diversas. De esta dirección salió la iniciativa de crear la Revista Nacional de Cultura y encargarle su fundación a Mariano Picón Salas; también desde este despacho surge una iniciativa para crear la Biblioteca de Cultura Venezolana que después derivó en la legendaria Biblioteca Popular Venezolana. Pero, por si esto fuera poco, el general López concluye el encargo que le han hecho a Carlos Raúl Villanueva a finales del gobierno de Gómez, que es el diseño de dos museos: el Museo de Bellas Artes y el Museo de Ciencias Naturales, concluidos en el año 1938 y 1940 respectivamente.

De modo que el Estado se está pronunciando en cuanto a la creación de instituciones que fomenten la vida cultural y que mejoren la educación venezolana; allí interviene, pues, el Estado modernizando sectores largamente desatendidos por el gomecismo. Y bueno, es verdad que el presidente López Contreras atina en la escogencia de estos venezolanos. Sin embargo, bueno, no todo fue miel sobre hojuelas, y también un cambio en la orientación política de López Contreras y quienes se habían incorporado a la vida política después fueron de nuevo expulsados del país por las ideas de izquierda.

Las ideas comunistas que tenían, y en aquellos tiempos la Constitución de Venezuela no las admitía. Mientras tanto la vida literaria seguía su curso. Andrés Eloy Blanco publicaba Barco de piedra en el año 1938, bueno, está aludiendo a los días que estuvo preso en el castillo de Puerto Cabello; ese barco de piedra es el castillo de Puerto Cabello. Antonio Arráiz publicaba la estremecedora novela Puros hombres en el año 1938, allí recogía su experiencia escalofriante de la prisión en La Rotunda.

Miguel Otero Silva publicó Fiebre en el año 1939, y en ese gobierno de López Contreras se crean distintas instituciones que vienen a modernizar al Estado venezolano. Se funda la Contraloría General de la República con Gumercindo Torres a la cabeza. El movimiento obrero alcanza sus primeras conquistas. En 1939 se crea el Banco Central de Venezuela para la política monetaria, se promulga la Ley del Seguro Social Obligatorio y se crea el Ministerio de Sanidad, y López Contreras nombra al eminente médico Enrique Tejera Guevara.

Bueno, son años de modernización y en las artes plásticas, bueno, se nutren con la aparición de nuevos pintores ya distintos a los del Círculo de Bellas Artes. A esta nueva promoción Enrique Planchart la llamó la Escuela de Caracas. Y en todo caso lo cierto es que a ella formaban parte o de ella formaban parte Pedro Ángel González, Elisa Elvira Suluaga, Marcos Castillo, Antonio Alcántara, Alberto Ejea López, Rafael Ramón González y Armando Lyra.

Y dice Calzadilla sobre esta generación: Marcos Castillo y Pedro Ángel González son los de obra más significativa. Pero bueno, no podemos dejar de lado las obras de los demás, y fue común a esta generación el interés por trabajar la espacialidad con esmero, la naturaleza. No ya en su versión realista, sino en su versión sentimental.

Bueno, y al margen de estos proyectos estéticos estaba trabajando Pedro Centeno Vallenilla. También empiezan a aparecer los pintores del realismo social donde en sus inicios estuvieron Héctor Poleo, César Rengifo, Pedro León Castro y Gabriel Bracho Montiel. Bien, y así llegamos a... nos vamos acercando al final de este primer programa de esta breve serie sobre la cultura venezolana en el siglo XX.

Y hemos hablado pues de algunas áreas, no de todas. En los próximos programas intentaremos abordar otras áreas específicas. En este caso nos hemos esmerado en las artes plásticas, la literatura y el cine. En la arquitectura hemos hecho menciones a cada una de estas áreas.

En nuestro próximo programa volveremos sobre el desarrollo de estas áreas del mundo cultural y agregaremos algunas otras nuevas. Como siempre ha sido un placer hablar para ustedes en esta serie sobre la cultura venezolana en el siglo XX, una breve serie que servirá como un abreboca para los interesados en estos temas.

Más de esta serie