José Antonio Ramos Sucre (1890-1930)
Un programa fuera de serie, como Ramos Sucre
Transcripción
Ramos Sucre es un poeta de Hispanoamérica y de Venezuela, según buena parte de la crítica literaria venezolana. Ramos Sucre comienza a ser estudiado de manera enfática a partir de los 60, cuando esa generación literaria lo coloca en el cielo de la poesía hispanoamericana. Estoy hablando de autores que trabajaron ensayísticamente o críticamente en la obra de Ramos Sucre, o de poetas que lo parafrasearon y demostraron claramente la influencia ramosucreana en sus obras.
En este caso me estoy refiriendo a Rafael Cadenas y a Francisco Pérez Perdomo. Y en el caso de los críticos que estudiaron la obra de Ramos Sucre con lupa, me estoy refiriendo a Guillermo Sucre, a Francisco Rivera, a Eugenio Montejo, a Juan Calzadilla, Jesús Anós Hernández, José Balza, Óscar Zambrano Urdaneta, Gustavo Luis Carrera y al argentino que vivió ocho años entre nosotros, Tomás Eloy Martínez. También me estoy refiriendo a lecturas más recientes, no ya de los años 60, sino de años más cercanos en el tiempo, a los trabajos de Alba Rosa Hernández Bocio, de Cristian Álvarez Arrocha.
De Ana María del Rey, de Alberto Silva Aristiguieta. De modo que la crítica, los autores y los poetas de los años 60, nucleados alrededor del grupo Sardio, El Techo de la Ballena, Tabla Redonda, van a hacerle un homenaje unánime a la obra deslumbrante de José Antonio Ramos Sucre.
No quiere decir que antes no se hubiese leído su trabajo. De hecho, hay trabajos y comentarios más bien de Pedro Sotillo del Bisco Rea, de Enrique Bernardo Núñez, Fernando Paz Castillo, Carlos Augusto León, Julián Padrón y de Augusto Mijares. Pero ciertamente eran más trabajos sobre la personalidad de Ramos Sucre, que era una personalidad muy atractiva, y en algunos casos abordaban su obra, pero no con la destreza y el profesionalismo que lo hicieron las generaciones de los años 60.
A ver, José Antonio Ramos Sucre cuando nace, nace en Cumaná el 9 de junio de 1890 y muere en Ginebra, en 1930, cuando decide quitarse la vida. Ramos Sucre muere por suicidio. Tenía el nombre largo, se llamaba José Antonio Primo Feliciano Ramos-Sucre. Por parte de madre, su madre se llamó Rita Sucre Mora de Ramos y su padre Jerónimo Ramos Martínez.
Ambos, padre y madre, de familias muy enraizadas y de mucha historia y tradición en el oriente del país, en particular en Cumaná, también en Carúpano. Por parte de madre, como les decía antes, Rita Sucre Mora era descendiente del Gran Mariscal de Ayacucho, Antonio José de Sucre, por supuesto. Descendiente colateral: era descendiente de unos hermanos de Antonio José de Sucre, porque el mariscal Sucre, como sabemos, tuvo una niña y esa niña la tuvo en Ecuador, no vivió en Venezuela. De modo que eran parientes colaterales.
La familia Ramos Sucre la va a integrar un conjunto grande de niños. El primero, que también se llamaba José Antonio, fallece a los dos meses de nacido. Luego viene Trina, Miguel Luis Lorenzo, María del Carmen. Era una familia como solían ser las familias venezolanas de entonces, con una prole cuantiosa.
Vamos allá, esta primera etapa en sus años iniciales de formación, lo encontramos a los cinco años inscrito en la escuela Jacinto Alarcón, en Cumaná. Allí va a estar hasta los diez años, cuando tiene lugar un hecho central en la vida y en la psique de José Antonio Ramos Sucre. Y ese hecho es que la familia, ante las urgencias económicas, decide enviar al niño a los diez años para que vaya a vivir con un tío, el padre Ramos, que era el cura y vicario del pueblo de Carúpano. Allá va a estar, allá va a vivir José Antonio en casa del sustituto, el padre Ramos, entre los 10 y los 13 años.
Su educación se completaba entonces, además de la que le impartía el sacerdote severo. Se completaba en el Colegio Santa Rosa, donde estaba José Jesús Martínez Mata. El padre Ramos, que no tenía mayores destrezas pedagógicas en la educación de los niños, era un preceptor severo que encerraba a José Antonio y lo obligaba a estudiar incesantemente. De modo que mientras los niños estaban en la calle, José Antonio estaba encerrado por el padre Ramos en la sacristía, leyendo y estudiando.
Esto va a ser algo que tiene consecuencias benéficas e inefastas para su personalidad. Oigamos lo que el propio Ramos Sucre le dice a su hermano Lorenzo en una carta fechada el 25 de octubre de 1929, en relación con su educación y de aquellos años carupaneros que para él fueron un infierno. Les voy a leer la carta: "Tú sabes que las escasas resistencias que ofrezco a las enfermedades no vienen sino de un sistema nervioso destruido por los infinitos desagrados, discusiones, maldiciones, desesperaciones y estrangulaciones que me afligieron.
Carúpano fue un encierro: el padre Ramos ignoraba por completo el miramiento que se debe a un niño, incurría en una severidad estúpida por causas baladíes. De allí el ningún afecto que siento por él... Yo pasaba días y días sin salir a la calle y me asaltaban entonces accesos de desesperación, y permanecía horas llorando y riendo al mismo tiempo. Yo odio las personas encargadas de criarme. No acudía a papá por miedo: el padre Ramos era una eminencia y yo no era nadie sino un niño malhumorado. La humanidad bestial no veía que el mal humor venía de la desesperación del encierro y de no tener a quién acudir. Yo temía a papá, quien era atento con Trinita y no conmigo.
Ya ves cómo se vino elaborando mi desgracia. Suponte que yo era regañado por el padre Ramos y regañado por Martínez Mata porque retozaba con los niños de mi edad a los 11 años en la plaza de Santa Rosa. Es decir, yo era regañado por un acto impuesto para la pedagogía anglosajona hace tres siglos y defendido celosamente por la policía anglosajona. Habla con personas que conocen Inglaterra y los Estados Unidos.
Al salir de ese presidio de Carúpano, circuito del infierno dantesco, pude salir a la calle, pero la tiranía era más severa, aunque de nueva forma. Incurría en el enojo de Rita Sucre, se está refiriendo a su madre, por actos de falta de atención o de fatiga de la tensión. Y estas escenas eran tremendas y duraban meses. No podía aplacarla a pesar de mi docilidad nativa. Yo me creía obligado a dar el ejemplo de honestidad y solo conseguí ser un hipócrita, ¡un mentiroso! ¡Qué es lamentable?"
Y qué terrible esta carta. Esta es una de las cartas más estremecedoras en la literatura venezolana. Está fechada el 25 de octubre de 1929, un año antes de suicidarse. Le explica a su hermano menor de dónde provienen sus males y su dolor psicológico, se lo atribuye a la educación que recibe de su tío, el padre Ramos, y en alguna medida también al mal humor de su madre.
De modo que estamos frente a un personaje extraordinario que ya, al final de su vida, es capaz de ir procesando las causas del malestar. A su vez hay que decir, ese encierro carupanero de José Antonio Ramos Sucre se termina a los 13 años y el motivo del fin del encierro carupanero es la muerte del padre Ramos. Entonces José Antonio puede regresar a Cumaná.
Y en Cumaná se encuentra con una madre viuda batallando con una cantidad de muchachos, de muy mal humor, que no le tiene ninguna paciencia. A este muchacho, de 13 años, que de pronto se ve huérfano del padre y en manos de la severidad de madre, lo vamos a encontrar a los 14 años inscrito en el Colegio Nacional de Cumaná. Y a los 16 años comienza su interés enfático por el aprendizaje de las lenguas: él mismo se va a enseñar inglés, francés, italiano y con un diccionario en la mano se esmera en comprender el alemán.
Aquí ya comienza esa pasión por las lenguas. Ramos Sucre llegó a ser un gran políglota, como veremos en la parte siguiente del programa. Ya regresamos.
Decíamos en la parte anterior del programa que Ramos Sucre, José Antonio Ramos Sucre, el gran poeta cumanés, a partir de los 16 años se enfrasca en su pasión por las lenguas y estudia el inglés, el francés, el italiano y el alemán. En sus cartas del final de su vida, a su hermano Lorenzo, voy a citarles un párrafo donde le da unos consejos en relación con esto. Le dice...
"Cada palabra inglesa se aprende con su pronunciación y acentuación, según la trae el diccionario de Cuyás. Las palabras se aprenden del castellano para el idioma extranjero: pan es bread y no bread es pan. Hay que educar el oído leyendo inglés en voz alta. Me parece que el maestro americano o inglés nativo debe buscarse después de saber el método de Benot". Benot se llama Eduardo Benot y había escrito unos manuales para el aprendizaje de las lenguas que fueron muy populares en aquel tiempo.
En aquella época también Ramos Sucre, a los 16 años, está leyendo las novelas de Walter Scott y la de Alejandro Dumas, según queda testimonio por sus cartas de aquel tiempo, mientras avanza en el bachillerato. Se va a graduar en 1910 en Cumaná, entonces tiene 20 años; se gradúa de bachiller en relación con los tiempos de hoy, un poco tarde. Entre sus compañeros del estudio se encuentra un poeta muy querido en el oriente del país y muy amigo de él que se llamaba Cruz Salmerón Acosta.
Salmerón es el poeta de Manicuare, muy querido en aquella tierra; allá murió a causa de la lepra, pero Salmerón viene primero a Caracas y es el que va a entusiasmar a José Antonio para que se venga de Cumaná a Caracas a continuar sus estudios. Y eso es lo que hace: acude al llamado de Salmerón y se viene a Caracas. Su primer destino es una pensión entre las esquinas del Camejo y Santa Teresa, donde era común que se alojaran los cumaneses.
Allí estaba esperando la apertura de la universidad y mientras eso ocurre, estamos en tiempos de la dictadura del general Gómez. Mientras esto ocurre opta por el cargo de profesor en el colegio Sucre y allí da clases. A su vez comienza a frecuentar las tertulias de la Plaza Bolívar en Caracas, donde en las tardes se reúnen los poetas, los escritores, los historiadores a conversar, y allí comienza a tener relaciones con caraqueños y mucha gente que venía del interior del país a estudiar a Caracas.
En 1913 pasa a dar clases en el Liceo Caracas, aquel que dirigió el legendario Rómulo Gallegos. Y en esa época también se presenta un concurso para optar a las cátedras de Historia y Geografía Universal y Venezuela en la Escuela Nacional de Maestros, es admitido. Obviamente Ramos Sucre ya por entonces era un erudito y su defensa en el examen al que se presenta como profesor es absolutamente satisfactoria.
En 1914 va a ocurrir otro hecho importante: la madre y los hermanos deciden trasladarse a Caracas y adquieren una casita de La Pastora. Allí va a vivir José Antonio un tiempo, pero al cabo de unos pocos meses decide volver a la pensión donde vivía y continuar con su vida solitaria. Ya en esta oportunidad, siendo un adulto, no se avenía con claridad a los dictados de la madre y prefiere continuar su vida solo en la pensión y los visitaba con alguna frecuencia.
En 1917 se graduó de abogado y al año siguiente lo vamos a encontrar ejerciendo el cargo de juez, es una tarea que desempeña de manera accidental. Publica entonces en los periódicos algunos que otros textos que ya lo señalaban como un autor interesante, extraño. A su vez se corrió la voz de la singularidad y de su personalidad, que era un hombre solitario, ensimismado, que hablaba poco, y en aquella Caracas pueblerina eso le fue dando un halo de misterio a José Antonio Ramos Sucre.
Y al mismo tiempo contribuía este halo enigmático con la escritura. Por ejemplo, en el prólogo del libro La Torre de Timón él dice: "Yo quisiera estar entre vacías tinieblas porque el mundo lastima cruelmente mis sentidos y la vida me aflige, amada impertinente que me cuenta amarguras". Bueno, al decir esto muchos autores no comprendían claramente que se trataba de una máscara, la que estaba hablando, que era un yo dramático que es uno de los recursos más recurrentes en la poesía de Ramos Sucre. Muchos autores lo entendían y se lo tomaban en serio, es decir, creían que quien hablaba era el propio Ramos Sucre.
Y ciertamente en alguna medida lo era, pero también era un personaje al que estaba hablando a través de él. Ya para este tiempo en el que estamos hablando comienza el insomnio a manifestarse, que va a ser la gran dolencia psicológica de Ramos Sucre. Ya él empieza a padecer episodios del insomnio y comienza a escribir y mencionar ese hecho; también en 1921 decide publicar Trizas de papel, que recoge los artículos que él había venido publicando en la prensa a partir de 1912.
En 1923, dos años después, publica Sobre las huellas de Humboldt y allí ya asoma el gran ensayista que llegó a ser. Y finalmente en 1925 recoge Trizas de papel, Sobre las huellas de Humboldt y 50 textos inéditos que van a integrar todo ese primer volumen de Ramos Sucre titulado La Torre de Timón, que es de 1925. En las obras completas de Ramos Sucre su primera obra parece siempre La Torre de Timón; no se hacen mayores especificidades sobre lo que les acabo decir, de Trizas de papel y Sobre las huellas de Humboldt.
Se considera que su primera obra es esta, que incluye los dos intentos anteriores. De esta época también es una carta extraordinariamente importante que le escribe a su hermano Lorenzo, donde le manifiesta consejos en relación con su formación. Esta carta está del 24 de marzo de 1921; esta carta cualquier escritor venezolano y cualquier lector venezolano, no necesariamente escritor, debe tenerla presente. Escuchen lo que Ramos Sucre le recomienda a su hermano que lea para que tenga una formación completa.
Le dice: la Ilíada, la Odisea, Plutarco y Virgilio, el Edda, o sea la mitología escandinava; este último libro te lo consigue Francois Jahan en la Jude Sécol ou j'en Béat en l'Ajú d'Anton. Él le está dando consejos de dónde comprarlos allá en París. La Divina Comedia, Orlando Furioso por Ariosto, Don Quijote en español, el Fausto de Goethe, el Telémaco, Las mil y una noches. Leer teatro inglés: Shakespeare; teatro español: Lope de Vega, Calderón, Tirso de Molina y Alarcón; teatro griego: Esquilo, Sófocles, Eurípides; teatro francés: Molière, Racine, Corneille.
"Con leer algún drama de cada autor te basta", le dice. "¿Te basta leer algún ejemplar de cada tipo de novela?" Escuchen bien: novela picaresca, Gil Blas; novelas de casualidades inverosímiles, Tres mosqueteros; novela histórica, Walter Scott; novelas típicas de Inglaterra, Dickens, George Eliot, que es mujer; novela típica de Francia, Balzac; novela típica de Rusia, Dostoyevsky; novela típica de España moderna, Galdós, Pedro Antonio de Alarcón. Y le aclara: "El dramático es Ruiz de Alarcón, que es otro".
Debes leer los mejores manuales de historia universal, son los del Duruy, y la mejor historia de Venezuela es la de Veral, que debes tener propia. El día en que hayas leído todo esto, poseerás una cultura literaria enorme. Ya ves, no es necesario leer muchos libros, sino los libros característicos de cada nación y de cada época".
Y además le dice, y esto es un consejo precioso: "Escribir es cosa de mucha paciencia y no debe omitirse un día. Se escribe todos los días sin excepción; para escribir bien es necesario saber de memoria el mayor número de palabras y frases castizas. Te repito que debes escoger un escritor como maestro, yo te recomiendo a Baraldi y a Ricardo León, más al primero".
Qué interesantes estos consejos de José Antonio a Lorenzo Ramos Sucre. Es curioso, con esta lista no abundan las lecturas de poesía. La formación de Ramos Sucre, entonces, responde más a alguien que quiere hacerse una cultura clásica más que la cultura del lector de versos; por el contrario, sí en sus recomendaciones abundan las lecturas de temas históricos o de teatro o novela, los relatos como tal son prácticamente omitidos, y curiosamente también el ensayo es poco recomendado por José Antonio a su hermano menor.
En la próxima parte del programa vamos a entrar propiamente en su obra y lo que han dicho los expertos, los conocedores, sobre la obra deslumbrante del gran poeta venezolano José Antonio Ramos Sucre. Ya regresamos.
Eugenio Montejo escribió un ensayo titulado Aproximación a Ramos Sucre, publicado en 1974, y él deja claro de dónde proviene el origen de la poesía en prosa. Toda la obra poética de Ramos Sucre es en prosa. Dice Montejo: "Se atribuye al celebrado Gaspard de la Nuit de Aloysius Bertrand, aparecido en edición póstuma hacia 1842, la introducción del poema en prosa, tal y como iría a imponerse desde finales del siglo pasado". Claro, esto lo está escribiendo en el siglo XX, Montejo.
Bertrand murió desconocido a los 34 años y su obra le fue rechazada en vida por un editor cuyo nombre ya nadie retiene. Su libro porta este subtítulo, Fantasías a la manera de Rembrandt y de Callot, con lo cual ilustra la inspiración plástica de su propósito y la tentativa romántica en la cual persistiera. Montejo ubica entonces en Gaspard de la Nuit de Aloysius Bertrand el origen de la poesía en prosa, que es la única que va a cultivar Ramos Sucre.
Entre 1923 y 1930 podemos afirmar que la obra de Ramos Sucre cristaliza en los últimos siete años de su vida, es decir, entre sus treinta y tres y sus cuarenta años, pues allí decantan aquellos años de lectura, de formación, de afán con el manejo de las lenguas y finalmente llega a un punto del lenguaje que era el que él buscaba. Un lenguaje dominado por la exactitud, la preciosidad de los giros de la lengua y la pertinencia etimológica.
Y comienza entonces a utilizar un recurso que muchos años después Francisco Rivera va a ubicar en su libro Entre el silencio la palabra, que es un libro del año 86, desarrolla una tesis en relación con un recurso de Ramos Sucre. Les leo el párrafo de Rivera, que es sumamente interesante, dice: "La liponimia, especialmente cuando implica la eliminación sistemática de un pronombre de altas frecuencias, es una autocensura y una automutilación formalmente, lingüísticamente hablando". ¿Por qué se impuso Ramos Sucre esta terrible tarea?
Quizá en nombre de la impersonalidad buscada, simplemente como consecuencia final ineluctable del acto de entregarse totalmente al trabajo por hacer. Como dice él, ¿a qué se refiere Rivera con esto? A que Ramos Sucre decide suprimir la palabra "que" en sus textos y construye los textos eludiendo la palabra, lo que le da un sentido muy claro al estilo ramosucreano. Por supuesto, Rivera hace una indagación de orden junguiana, más bien, y de orden psicológica para intentar ver por qué es que Ramos Sucre hace eso. Es una interpretación sumamente interesante.
Por otra parte, en los datos biográficos del autor encontramos: nunca contrajo matrimonio. Nadie da testimonio de algún amor que haya tenido, ni siquiera el propio autor lo refiere. En este sentido su vida es un misterio, misterio para todos aquellos que intenten un ensayo biográfico, y no puede eludirse a este hecho porque allí hay una clave de su personalidad y de su obra: es un hombre que no materializó su vida amorosa, evidentemente.
Sin embargo, él le va a decir años después, ya acerca de su decisión de quitarse la vida, a su gran amiga Dolores Emilia Madrid. Le dice lo siguiente por carta: "Te ruego que no permitas la leyenda que soy antropófago y salvaje y enemigo de la humanidad y de las mujeres. Esa leyenda es obra de mis enemigos, tú sabes que al contrario soy muy accesible e indulgente y jamás he estimado a una mujer".
De modo que el tema a él le preocupaba porque se había creado la leyenda de que era misógino y él le escribe a su pariente, a su prima y amiga Dolores Emilia Madrid, que impida que eso pueda correr y tener vida propia como una leyenda que en ninguna manera lo representa. Estos últimos años de su vida Ramos Sucre escribe sin cesar, acude puntual al trabajo en la cancillería donde se desempeña como traductor, y va escribiendo y escribiéndose. Y por supuesto su fama de uraño, de personaje solitario, enigmático, y misógino según algunos, va creciendo también.
Finalmente el insomnio comienza ya a tomar su personalidad, pasa días sin dormir y decide tomar cartas en este asunto. ¿Cómo lo hace? Pues logra ser designado cónsul en Ginebra, de tal manera que allí, de Ginebra, puede moverse a Hamburgo, y no es que esté muy cerca, pero por supuesto mucho más cerca de Caracas para tratarse en el Instituto Tropical de Hamburgo, donde cree él que puede conseguir algún remedio al insomnio.
Él dice en una de sus cartas en relación con esto: "El equilibrio de mis nervios es un horror y solo el miedo me ha detenido ante el umbral del suicidio. Uno no hace lo que quiere sino lo que le permiten las circunstancias de herencia, educación, salud o enfermedad corporal". Realmente dramático, terrible. Lo que él comenzaba a avisorar que iba a ser su destino, pero recalquemos esto: toma medidas, acepta el cargo de cónsul en Ginebra y para allá ya se dirige.
Antes ha publicado El cielo de esmalte y Las formas del fuego, que son sus dos grandes libros. Eso va a ocurrir en 1929, los publica los dos. El 1 de diciembre de ese año se embarca rumbo a Italia, llega a mediados de mes a Italia, suponemos que a Génova, inmediatamente se traslada en tren hasta Ginebra y de inmediato se dirige a Hamburgo. Allá se interna en el Instituto Tropical de Hamburgo y hacia febrero de 1930 le dan de alta. Le dicen que la miasis ha sido curada y que deben comenzar a mejorar su situación psicológica.
Sin embargo, curada la miasis, el insomnio no amaina y continuó con este tirano que lo sometía, que era la imposibilidad de dormir. Esta vez decide internarse de nuevo en Merano, en el Sanatorio Estefanía. Allí hay un sanatorio donde los tratan muy bien, buscó sosiego, busca dormir.
No logra hacerlo. En marzo de 1930 tiene que volver a Ginebra a encargarse del consulado, no tienen mayores expectativas de superar sus trastornos y hay un cablegrama dramático de César Sumeta, entonces embajador de Venezuela en París, quien tenía jurisdicción sobre el cónsul en Ginebra y envía un telegrama escueto que dice: "Ramos Sucre intentó suicidarse. Veronal, sigue mejor, insiste en la idea". Lo que ocurre es la dosis que ha ingerido lo ha debilitado, lo ha hecho desplomarse sobre la calle, pero no ha muerto.
Se repone en un hospital y a los días vuelve a sus labores diplomáticas. Entonces, en ese interín entre el primer intento y el último, escribe su último poema, que es un poema precioso, o que se lo voy a leer. Dice: "Yo decliné mi frente sobre el páramo de las revelaciones y del terror, donde no se atreve el rocío imparcial de la parábola.
Salía una ciudad ilustre y las vírgenes cerraban su ventana al acento de mi laúd siniestro. Una forma casta, de origen celeste, depositaba en mis cabellos su beso glacial. Acudí a través de mi sueño de proscrito a mi cama de piedra, fosa de Job, abismo de colores de leopardo. ¿Se habrán lastimado sus pieles de azar?
Un árbol emisario de la tormenta azota el horizonte con su rama desnuda en el curso del día monótono. Mi voz te ahuyenta de mi duro camino, ave procelaria, cenit de la cúpula del cielo".
Aquí está el gran poder simbólico de la poesía de Ramos Sucre, una poesía muy culta, tejida y tramada con la cultura universal, y esa poesía que apela al yo dramático en el que Ramos Sucre siempre se coloca una máscara y habla a través de los personajes que él trabaja. Vamos a tener entonces que durante los meses de abril y mayo asume la resignación del autómata, podemos llamarla así. Cumple con puntualidad sus tareas diplomáticas, manifiesta incluso algún interés por el tema en la Liga de las Naciones, a la que debe asistir, y el 7 de junio escribe su última carta a Dolores Emilia Madrid, donde afirma: "Te advierto que mis dolores siguen tan crueles como cuando me consolabas en Caracas. Yo no resigno pasar el resto de mi vida, quién sabe cuántos años, en la decadencia mental. Toda máquina se ha desorganizado, temo muchísimo perder la voluntad para el trabajo.
Todavía me afeito diariamente, apenas leo, descubro en mí un cambio radical en el carácter. Pasado mañana cumplo 40 años y hace dos que no escribo ni una línea". Con esta carta estremecedora terminamos esta tercera parte del programa y la última parte de este programa dedicado a Ramos Sucre; intentaremos iluminar algunas otras zonas de su obra y de su vida. Ya regresamos.
El 9 de junio de 1930, fecha de su cumpleaños, Ramos Sucre ingiere otra vez una sobredosis de hipnóticos y al día siguiente César Sumeta despacha otro telegrama donde dice: "Nueva tentativa suicida. Ramos Sucre, este requiere tratamiento especial", pues esta vez la dosis fue suficiente y el 13 de junio el insomnio finalmente ha doblegado a su víctima. Y allí ha fallecido en un hospital ginebrino José Antonio Ramos Sucre. En su última carta dice: "Los médicos de Europa no han descubierto qué es lo que me derriba. Yo supongo que son pesares acumulados.
Tú sabes que mi cadena fue siempre muy corta y muy pesada. Nací en la casa donde todo está prohibido". Bueno, el 25 de julio de 1930, después del largo periplo diplomático y burocrático, sus restos llegan a Cumaná y allí son enterrados en la misma ciudad donde había nacido apenas 40 años antes.
La poesía de Ramos Sucre, al igual que la de Salustio González Rincones, a mi juicio obliga a una relectura de la poesía venezolana, mientras la crítica se ha empeñado en fijar los límites temporales entre el romanticismo, modernismo y la vanguardia. Ramos Sucre está por su lado llevando a cabo otra operación, una operación absolutamente moderna. Una operación que entonces en la poesía venezolana no se adelantaba: primero ya era una rareza que se escribiera poesía en prosa y otra rareza más que se utilizaran las máscaras todo el tiempo, como si estuviese trabajando la dramaturgia.
Toda esta obra, en su momento, no fue comprendida plenamente por la crítica, sino más bien lo sumió a una extrañísima confusión. Ubiquémonos: la mayoría de la poesía venezolana de su tiempo era otra. Apenas Salustio González Rincones avanzaba por otros caminos, pero su obra no se conocía en Venezuela, y apenas Antonio Arráiz, en 1924, escribía poesía sin rima, completamente abierta e influido por Walt Whitman. El caso de Ramos Sucre era también una rareza porque los lectores en su tiempo ni siquiera estaban seguros de que se trataba de poesía, porque no eran versos.
Y el tema de las máscaras era todavía más complejo: para ubicar estos textos extraños se va a necesitar que pasen unas décadas para que unos lectores más modernos, como son los lectores de la generación de los años 60, comprendan plenamente la inmensa obra de José Antonio Ramos Sucre, la densidad de su trabajo literario y su extrañeza, su absoluta singularidad en el panorama de la poesía y literatura venezolana. En aquel mundo ramosucreano en Venezuela, cuando aparecen sus libros, todavía el país imantado por un romanticismo decimonónico, era difícil que pudieran verse las aristas de la obra del poeta cumanés, como les decía antes.
La generación del 60, ya familiarizada con Pessoa, con las máscaras y los recursos en la poesía impersonal, es la que puede leer la obra de Ramos Sucre con distancia. Con ironía, ironía en el sentido de distancia frente a la realidad. Sus contemporáneos intentaron leerla, si se quiere, con cierta ingenuidad, como si lo que él decía se tratara de poesía confesional, cuando no lo era. Eran poesías enmascaradas.
Me explico con mayor claridad: quien hablaba en los textos no era Ramos Sucre, era un personaje, y en ese sentido era una poesía dramatúrgica. Es decir, está hablando de un yo que no es el yo, sino es un personaje el que habla. Esto era difícil que en su momento se comprendiera plenamente cuando con lo que estábamos más familiarizados era con el romanticismo confesional y no con estas formas elaboradísimas de la poesía enmascarada.
Pero ya la generación de los años 60, que había leído a Pessoa, en particular Cadenas y Montejo, entendían perfectamente qué era lo que estaba haciendo Ramos Sucre asombrosamente a principios del siglo XX, cuando eso en Venezuela no lo hacía absolutamente nadie. Alguna crítica equivocadamente llegó a considerar a Ramos Sucre un poeta surrealista, una crítica totalmente equivocada y perdida por un camino que no es.
Ramos Sucre no tiene prácticamente nada que ver con el surrealismo. Es el cultor del poema en prosa, así como lo hizo Salustio González Rincones de manera contemporánea a Ramos Sucre. Curiosamente la vanguardia de su tiempo, que desdeñaba las formas clásicas rimadas, no llegó a considerar plenamente el poema en prosa como un poema vanguardista, cuando lo era absolutamente.
Y más bien mucha de la crítica de sus tiempos los malinterpretó considerando que estaba cultivando unas formas del pasado, cuando en verdad eran en alguna medida las formas del futuro. Ramos Sucre es un autor que hay que leer y releer, es inagotable la experiencia de la lectura de Ramos Sucre; yo cada cierto tiempo vuelvo y lo leo prácticamente completo. Creo que es una cantera extraordinaria para cualquier lector venezolano, creo que allí está una de las grandes obras de la poesía y de la intelectualidad venezolana, porque Ramos Sucre era un intelectual, un políglota, un hombre muy bien formado.
Es el hombre de una cultura extraordinaria, desproporcionada si se quiere, y eso está allí en esos libros extraordinarios, con esa obra breve pero de una densidad como me atrevo a afirmar que no ha habido otra en la historia de la poesía venezolana. Valgan estas palabras como homenaje de mi parte a esta obra extraordinaria y como invitación para ustedes, los oyentes, que si acaso no lo han leído tienen la oportunidad de leer una de las obras más extraordinarias que se han escrito en Venezuela.
Habló para usted Rafael Arráiz Lucca. Esto es Venezolanos, un programa sobre el país y su historia. Me acompaña en la producción Merizosa, en la dirección técnica Víctor Hugo Rodríguez y Fernando Camacho. Y me consiguen en Facebook, en el correo electrónico RafaelArraiz@hotmail.com y en Twitter @RafaelArraiz. Ha sido un gusto hablar para ustedes.