Historia de la Ganadería en Venezuela. Capítulo 4

Revisión de la actividad ganadera venezolana desde el siglo XVI y hasta nuestros días.

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Rafael Arráiz Lucca. Ganadería venezolana durante esta centuria. Una primera etapa que va de 1812 a 1821, el período de la Guerra de la Independencia y las batallas cuyas consecuencias para la ganadería fueron simplemente catastróficas.

Hay una reducción importante en la ganadería en estos nueve años que concluyen en 1821. Vamos a advertir una segunda etapa que comienza después de la Batalla de Carabobo, donde se va recuperando la ganadería y esta etapa de altísimo crecimiento se prolonga hasta 1858, año en que va a estallar la Guerra Federal, el conflicto bélico sangriento y devastador que sacudió a Venezuela hasta 1863. Una tercera etapa la vamos a advertir a partir de 1863, que va a ser una etapa de crecimiento, y la cuarta etapa y la última es esta que concluye con el siglo, hacia 1899.

Entonces, recapitulando, tenemos una primera etapa durante la Guerra de la Independencia con consecuencias muy negativas para la ganadería, una segunda etapa de recuperación entre 1821 y 1858, una tercera etapa de 1858 a 1863 muy negativa, que son los cinco años de la Guerra Federal donde el número de cabezas de ganado se resiente y se reduce enfáticamente, y una última etapa de recuperación otra vez entre 1863 y 1899. Una vez concluida la Guerra de la Independencia es evidente que se ha reducido el número de cabezas de ganado por razones obvias. Así lo certifica Agustín Codazzi en 1839, cuando publica Resumen de la geografía de Venezuela, un texto encargado por el gobierno del general Páez, al igual que el libro Resumen de la historia de Venezuela, de Rafael María Baralt.

Codazzi hace un mapa del ganado en Venezuela y encuentra para el momento de la publicación del libro, probablemente uno o dos años antes, porque el tiempo de hechura de un libro en ese entonces puede ser de uno, dos y hasta tres años. Él va a encontrar 2 millones 86 mil 724 reses. Esto tiene un interés particular porque él las discrimina por estados: el estado que más reses tiene es Barinas con 519 mil 812, le sigue Apure con 401 mil 500.

Lo que quiere decir es que la suma de Apure y de Barinas representa el 44% del ganado del país en 1839. Ya veremos cómo esto, a lo largo de nuestra historia, ha ido cambiando notablemente. De hecho, hacia finales del siglo XIX y las primeras décadas del siglo XX vamos a advertir que el ganado de los llanos es tan abundante que hay una ruta de exportación hacia Colombia por dos caminos.

Una ruta en San Cristóbal-Cúcuta y la otra llanera, Guasdualito, Arauca, Tame, Chire, Pore, Upía, Villavicencio y Bogotá. De modo que estamos hablando de unos excedentes ganaderos importantes que daban para la exportación con holgura.

También es importante en este período, que está refiriendo Codazzi y que es el período posterior a la Guerra de la Independencia y los primeros años de la República de Venezuela, el tema de la tenencia de la tierra. Es importante recordar que los héroes de la Guerra de la Independencia se hicieron poseedores de grandes extensiones de tierra como consecuencia de sus victorias. Si uno reduce el tema a pocas personas veremos cómo las tierras del general Páez eran enormes, las tierras de los hermanos Monagas también.

Prácticamente todos los integrantes del Estado Mayor del Ejército Libertador poseían grandes hatos de ganado y tierras, y a su vez los peones que trabajaban en esas haciendas formaban sus huestes, sus ejércitos particulares. De allí el caudillismo en el siglo XIX, lejos de disminuir, se acentuó tanto porque estos caudillos no solo contaban con grandes extensiones de tierra, sino con personal que trabajaba para ellos y que además de las faenas ganaderas o agrícolas funcionaban como sus soldados personales, sus huestes. De modo que esto acendró todavía más el caudillismo y le hacía muy difícil a los políticos urbanos, los políticos citadinos, enfrentar aquella situación.

Estamos pensando en Pedro Gual, en Manuel Felipe de Tovar, en Guillermo Tell Villegas, en Santos Michelena y Diego Bautista Urbaneja, en Andrés Narvarte, que eran políticos, es decir, gente cuyas luchas ideológicas eran con la palabra, no con sus ejércitos personales con los que no contaban. Digámoslo así, sino políticos de su tiempo, a los que se les hacía muy difícil enfrentar a estos caudillos que todos tenían sus pequeños y grandes ejércitos personales que funcionaban a veces como guardias pretorianas incluso. Esa es una desventaja importante de los políticos citadinos.

Vamos a encontrar abonando esta tesis el libro de Antonio Arráiz Los días de la ira, que contabiliza 39 revoluciones o revueltas entre 1830-1899. Es más o menos una revolución o una revuelta cada año y medio, o cada año y unos meses. De modo que esto nos da una idea de cómo el poder en Venezuela en el siglo XIX se decidía más a caballo y al campo, al frente de una hueste, que en la ciudad y en la circunstancia política con P mayúscula.

Veamos también lo que afirma John Lombardi, un estudioso de Venezuela, un profesor emérito de la Universidad de la Florida, en su libro "Venezuela: la búsqueda del orden, el sueño y el progreso". Allí afirma Lombardi: "En una sociedad orgullosa de su dominio de la equitación, de su capacidad de resistencia, de su conocimiento de la vida en las llanuras y de su valor, no podía mandar ningún petimetre de la ciudad por muy valiente que fuese".

"Los líderes tenían que ser tan rudos, valientes, implacables y capacitados como sus seguidores. La raza, la clase, la educación y la inteligencia podían darle la oportunidad de alcanzar el liderazgo, pero el requisito indispensable para ello era la capacidad de vencer al llanero en sus juegos y competir con él en igualdad de condiciones". Como vemos, esta descripción de John Lombardi es un retrato hablado de José Tomás Boves y de José Antonio Páez, dos llaneros de a caballo y de reses.

De hecho, Páez era famoso por su habilidad para los toros coleados. De esto hay testimonios importantes como el testimonio de Sir Robert Kerr Porter en su diario, traducido al español y publicado por la Fundación Polar. Un documento importantísimo para entender este tiempo. Pero Páez fue adquiriendo alguna conciencia, por supuesto, de su papel político a medida que iba pasando el tiempo.

Yo soy uno de los que cree que el poder es pedagógico, el poder enseña, y por ejemplo el propio Páez va a ser uno de los más entusiastas animadores en la creación de la Sociedad Económica de Amigos del País en 1829, aquella institución que va a presidir con gran tino y gallardía José María Vargas, el doctor Vargas. En el decreto de creación, el general Páez esclarece el objeto de la Sociedad Económica de Amigos del País. Leamos algunas líneas.

Dice: "Esta sociedad no ejercerá autoridad alguna ni se mezclará en la alta política del gobierno; su instituto se desempeña por la cooperación de sus miembros, sus suscripciones, sus tareas y patriótico entusiasmo en favor del país. Ella clasificará las secciones de su trabajo, dispondrá la redacción de memorias acerca de las materias de estos objetos y cartillas agrarias para difundir los conocimientos útiles, a traer a su seno las publicaciones de países más ilustrados, los informes de las personas nacionales o extranjeras más instruidas en los procesos de las diferentes clases de industria y la economía política aplicada a nuestras circunstancias".

La Sociedad Económica de Amigos del País no era un organismo público sino privado, pero siendo un organismo privado era de interés público porque lo que quería para la República era el desarrollo de sus fuerzas productivas, su economía, de su agricultura y ganadería. Y en esa medida tuvo que ver con el desarrollo ganadero del país. De estos y otros temas seguiremos hablando en la próxima parte del programa cuando continuemos con la ganadería venezolana en el siglo XIX.

Referíamos, en la parte anterior del programa, a la creación de una sociedad económica de amigos del país en 1829 por iniciativa del general Páez y del doctor Vargas, y muchos otros venezolanos preocupados con la situación que había quedado en Venezuela después de la guerra, es decir, tierra arrasada, y en materia ganadera muy particularmente. Es un hecho conocido que el alimento fundamental de los ejércitos, tanto patriotas como realistas, cuando avanzaban hacia una batalla o cuando estaban en campaña durante meses y años, el alimento fundamental eran las reses, el ganado. De allí abundan las cartas del Libertador al general Páez instruyéndole acerca de la necesidad de reses para emprender alguna de las campañas.

Pero ya más avanzado el siglo XIX hallamos que se le atribuye a Joaquín Crespo la primera vez en Venezuela que se importa el ganado cebú, está documentado en 1869 y proceden de Trinidad. Esta versión está fundamentada en el testimonio de Fernando Calzadilla-Baldés y en cartas de Crespo a Guzmán Blanco. De modo que no hay duda sobre esto, lo que sí es cierto es que no pasó de allí, de un ensayo aislado, porque el ganado cebú va a ser determinante en la ganadería venezolana mucho tiempo después.

También hay otras modernidades en este siglo XIX de gran interés, por ejemplo. El general Páez, estando en el exilio, visita la región de Pará y desde allá envía semillas y cepas de lo que en Venezuela se conoció como la Paja Pará, Paja Páez, que era un alimento muy favorable para el ganado y que introdujo cambios notables a partir de 1869, cuando el general Páez manda enviar semillas de esta paja pará brasileña.

Otro evento importante en la modernización de la ganadería, en el siglo XIX, va a ocurrir en 1892, cuando se introduce el alambre de púas en Venezuela. Esto parece hoy en día un chiste, pero no lo es en lo absoluto. El alambre de púas fue determinante en la delimitación de los potreros, de los espacios y en la cría del ganado.

Lo introducen los hermanos Mainhart, que tenían ganados, hatos, en San Fernando de Apure. También Calzadilla Valdés dice que estos alambres de púas llegaron vía Trinidad. Yo creo que sí, es muy probable que hayan llegado vía Trinidad, bueno, porque Trinidad era territorio británico y el desarrollo de la ganadería en Gran Bretaña fue notable y ellos, los ingleses, fueron en esto punta de lanza.

Corrijo, los ingleses y los escoceses, los galeses, los irlandeses, los británicos en general. De modo que no nos extraña, como dice Calzadilla Valdés, que haya entrado el alambre de púas en el siglo XIX vía Trinidad. En todo caso, lo importante es situar la introducción de este recurso en las últimas décadas del siglo XIX.

Fíjense, hay otro detalle interesante con la Ley de 1844. ¿Por qué? Porque esta ley autoriza la libre exportación de ganado. Estamos hablando de una ley promulgada durante la segunda presidencia del general Carlos Sublette, autorizar la exportación de ganado es una constatación del crecimiento del ganado en Venezuela: ya para 1844 se había recuperado la ganadería venezolana en tal magnitud que el gobierno autoriza la exportación.

Una prueba contundente. También hay otras pruebas de viajeros. Karl Ferdinand Appun, en 1849, y Eduard Sullivan, en 1851, en sus relatos de viaje por Venezuela, apuntan ambos que el consumo de carne dentro de la dieta diaria del venezolano es muy alto. Aquí estamos hablando de una relación entre un país muy poco poblado y un crecimiento de la ganadería muy grande a partir de 1821, cuando termina la guerra.

Y allí la proporción se hizo muy alta al punto que ellos dicen que a veces el venezolano comía carne tres veces al día. Estos testimonios que se suman a los de Codazzi nos llevan a pensar que estamos hablando de un consumo per cápita muy alto. Sobre esto creo no hay duda, pero les recuerdo la relación bien establecida por un país despoblado, que era uno de los problemas centrales del siglo XIX en Venezuela referidos por todos los informes gubernamentales, y un crecimiento sostenido de la ganadería.

A medida que va subiendo, va creciendo la población, este porcentaje va a ir variando como veremos más adelante. Fíjense, al superar la Guerra Federal, a partir de 1863, comienza una recuperación de la ganadería que ha mermado mucho durante la guerra. Nunca se regresa a las cifras anteriores a las de la década del 30, el 40 y el 50, en esta proporción, y en la inclusión en la dieta diaria del venezolano hasta tres veces en las tres comidas.

De modo que eso no va a regresar ni siquiera al día de hoy porque se trataba una proporción población-ganado que nos ha vuelto a dar esas magnitudes y comienza una reducción en el consumo de carne, pero claro, es la reducción que parte de altísimos niveles del consumo de carne. Fíjense, volvamos también al cuadro de la profesora Tarsila Briceño de Bermúdez que referimos en programas anteriores y veamos estas cifras.

En 1804 hay un millón 200 mil cabezas de ganado. En 1839 se ha duplicado, hay 2 millones 86 mil 724, pero en 1899 hay 2 millones 4.257 cabezas de ganado, o sea que hubo un crecimiento extraordinario en los primeros cuarenta años del siglo XIX, por supuesto a partir de la culminación de la guerra en 1821, pero ese crecimiento no se sostiene a la misma tasa en la segunda parte del siglo XIX. La Guerra Federal es una explicación, y también la grave situación económica que estaba Venezuela terminada la guerra: para recuperar la ganadería fue algo que llevó muchos años, muchos años.

Y ahora, a partir de este momento, comenzamos con la historia de la ganadería ya en el siglo XX, donde van a ocurrir muchos hechos importantes. Es bueno recordar que hasta comienzos del siglo XX la ganadería venezolana ha sido exclusivamente carne. Digamos, la producción lechera es muy reducida, si es una producción lechera cercana al lugar donde esté el ganado y las razones científicas, tecnológicas.

El descubrimiento de Luis Pasteur en la pasteurización de la leche ocurrió el 20 de abril de 1864 y tardó varios años en llegar a Venezuela porque está vinculada con la industrialización de la ganadería y de la leche en Venezuela, que es algo que va a ocurrir a partir del siglo XX. En el siglo XIX, cuando hablamos de ganaderías, estamos hablando entonces de carne y de cueros, no podemos estar hablando de leche en proporciones industriales porque los descubrimientos de Pasteur, si bien habían ocurrido a partir de 1864, no se había podido industrializar esa tarea en Venezuela. Los siglos XVI, XVII, XVIII y XIX, entonces, resumiendo, serán siglos de carne y de cuero porque no pudo industrializarse el consumo lechero por las razones que acabamos de señalar.

Esta centuria del siglo XX la hemos organizado, a los efectos de nuestro discurso, en tres etapas. Una primera que se inicia con el siglo y termina con la muerte de Juan Vicente Gómez en Maracay; una segunda que comienza con el gobierno de Eleazar López Contreras en 1936 y termina al caer la dictadura de Marcos Pérez Jiménez en 1958. Y la tercera y última etapa del siglo XX comenzará el 23 de enero de 1958.

Continúa con el gobierno de Rómulo Betancourt en 1959 y particularmente con la reforma agraria, y llega hasta finales del siglo XX. En estas tres etapas vamos a organizar nuestro paseo, nuestra revisión de la historia de la ganadería en Venezuela. Antes recordemos las series estadísticas de Venezuela que organizó el profesor Miguel Isard, donde hay también unas cifras muy interesantes.

Ya les decíamos antes que en el año 1899 había 2 millones 4.257 cabezas de ganado, dos años después hay 2 millones 600 mil y un crecimiento importante; en 1910 hay una caída importante a 1 millón 749 mil. En 1920 crece de nuevo a 2.237 mil; para 1921 hay 2.600 mil, y para 1936, cuando asume Eleazar López Contreras, el número de cabezas de ganado en Venezuela es 3.690.661. En la próxima parte del programa continuaremos con la historia de la ganadería.

En la parte anterior del programa trabajábamos con el cuadro de las series estadísticas de Venezuela del profesor Miguel Isard y allí observábamos un crecimiento muy grande entre 1910-1921 del número de cabezas de ganado en Venezuela. ¿A qué es atribuible este crecimiento tan grande? Tan grande, pues, evidentemente a la Primera Guerra Mundial.

Esto trajo como consecuencia un aumento en las exportaciones tanto de cueros como carne congelada, que ya podía hacerse, ya que muchos países europeos, a lo largo de la Primera Guerra Mundial, su producción ganadera se redujo notablemente. Las importaciones desde Europa provinieron de la Argentina y Venezuela. Estamos hablando de 1910, un millón 749 mil, en 1921, apenas 11 años después, 2 millones 600.000.

Digamos que la explicación para un crecimiento de esta magnitud suena razonable en la Primera Guerra Mundial y las exigencias de ganado por parte de Europa. Hay otro cuadro también muy interesante del Ministerio de Hacienda, de 1934. Ese cuadro recoge las exportaciones ganaderas entre 1910 y 1934 en bolívares.

Claro, estos bolívares hoy en día no dicen prácticamente nada salvo las diferencias entre unas cifras y otras. Por ejemplo, vamos a encontrar que el ganado en pie entre 1910-1914 fueron 7 millones 694 mil bolívares, pero para 1924, 10 años después, es el doble, 14 millones 848.046, lo que refrenda la observación anterior con motivo de la Primera Guerra Mundial: hay una altísima exportación de ganado en pie. Algo similar ocurre con la carne congelada: por ejemplo, entre 1910 y 1914 la carne congelada representa en la exportación 1.078.844 bolívares, pero para 1919 ya estamos hablando de 10.652.812, de nuevo la Primera Guerra Mundial cuando fue posible congelar carne en Venezuela.

Este es un dato muy simpático, muy bonito. Es a partir de 1910, no por ninguna obra del general Gómez, sino porque se instala un frigorífico en Puerto Cabello, y eso lo hace una empresa que se llama The Lancashire General Investment Trust Limited, creada en 1908. Esta empresa en Venezuela fue conocida hasta hace muy pocos años como la compañía inglesa.

Según Gastón Carvallo, en su libro El hato venezolano 1900-1980, la llamada compañía inglesa fue comprando tierras hasta poseer cerca de un millón de hectáreas y alrededor de 100.000 cabezas de ganado, esto debido a que es el hato ganadero más grande de Venezuela. Estas cifras, dice Gastón Carvallo, las alcanza a partir de la segunda década del siglo XX cuando ocupa grandes extensiones de tierra en Guárico, Apure y Cojedes. Este frigorífico de Puerto Cabello, al que aludimos, fue a su vez refaccionado muy poco tiempo después para ampliarlo por la Venezuelan Meat Export Company Limited, que enviaba carne congelada con rumbo a Gran Bretaña.

Estas empresas, y que en Venezuela se les conocen como la compañía inglesa, pertenecían a la familia Best en Inglaterra, que también tenían intereses ganaderos y lecheros de Australia y Nueva Zelanda. El general Gómez, sin embargo, sí intervenía, no porque estuviese él creando una compañía o un frigorífico para competir con la compañía inglesa, sino porque le fijaba los precios de compra a la compañía inglesa.

Estos precios fueron soportables para ellos dada la urgencia bélica mientras duró la Primera Guerra Mundial, pero una vez que terminó no pudo tolerar los precios que fija el general Gómez y fue reduciéndose al mínimo a partir de 1926. Esto también está vinculado con las vicisitudes por las que pasaba la compañía inglesa; se debían, entre otras razones, a que el general Gómez también tenía ya entonces intereses ganaderos y lecheros. Él tenía un conjunto de propiedades muy grande, dibujó un circuito entre sus propiedades, su ganado personal y un monopolio de la comercialización y matanza, trazando una concentración en la propia tierra como nunca antes se había visto en sus manos.

Gómez era tan poderoso que cuando quería comprarle las tierras a un ganadero vecino o cercano, las posibilidades que tenía este ganadero de sobrevivir a esa oferta eran ínfimas porque Gómez tenía cómo reducirle su margen de maniobra. Primero le dificultaba la comercialización y la matanza porque los mataderos estaban en manos de él y entonces, bueno, esto dificultó mucho el crecimiento de otras empresas ganaderas. La compañía inglesa logró sobrevivir a toda esta situación porque era muy grande y, bueno, se puede decir que hasta la muerte del general Gómez los dos factores principales del ganado en Venezuela eran el propio general Gómez y los intereses de sus allegados, y la compañía inglesa.

Por otra parte, ambos, así como señalé los inconvenientes que sembró Gómez a sus posibles competidores, también hay que señalar que fue un factor modernizador junto con la compañía inglesa en el sentido modernizador, bueno, en que importaron ganados para cruzarlo con el criollo y se fue fortaleciendo el ganado venezolano en ese cruce. También se hizo un énfasis particular en acercar las tierras; se trajo adelantos en el manejo del aprovechamiento de los ganados, sobre todo la compañía inglesa que tenía cómo hacerlo y conocía esos adelantos en su país de origen.

Y por su parte el general Gómez fundó en 1908 Lactuarios Maracay, que fue una empresa que aún existe, ya no en manos de los descendientes de Gómez. Que fue una de las primeras empresas que comercializó la fabricación de mantequilla. Y bueno, para los venezolanos es clásico ver el Lactuario Maracay, ese potecito rojo y amarillo.

Eso existe entre nosotros desde 1908, que el propio general Gómez se encargaba de su lactuario y visitaba sus vaqueras todos los días. Le ponía un esmero muy particular a su empresa porque él, en el fondo, sus orígenes eran ganaderos allá en el Táchira, en la frontera con Colombia. Sus ascendientes, sus mayores, su padre y abuelos, algunos colombianos, otros venezolanos, tenían varias generaciones trabajando la tierra y el ganado, de modo que cuando Gómez instala esto en Maracay, pues estamos hablando de una tarea familiar para él, forma parte de su tradición familiar y él le puso mucho empeño.

A su vez, durante el gobierno o la dictadura del general Gómez, el Estado funda el Banco Agrícola y Pecuario en 1928 con la expresa vocación de financiamiento de la agricultura y del ganado vacuno. Y en 1930 se crea el Ministerio de Salubridad y de Agricultura y Cría. Eran muchas tareas para un solo ministerio; luego se separan durante el gobierno de López Contreras, se crea entonces el Ministerio de Agricultura y Cría por una parte y el Ministerio de Sanidad y Asistencia Social por otra, ganando cada área en especificidad; de nuevo que esto fue favorable. Y se hizo dentro esa tarea modernizadora del general López Contreras que comienza con el Plan de Febrero de 1936.

Entonces, recapitulando, durante la dictadura del general Gómez el Estado crea el Banco Agrícola y Pecuario y este Ministerio de Salubridad y Agricultura y Cría para promover el desarrollo de la agricultura y de la ganadería. En 1928 también, durante su gobierno, se funda el matadero industrial de Maracay, que en ese entonces fue el principal matadero de Venezuela, más grande. Las cifras iniciales revelan que sacrificaban cerca de 70 reses diarias y enviaban en tren a Caracas y se conservaban, gracias al sistema frigorífico que para 1928 era imperante y que permitió un desarrollo más acelerado de la ganadería.

De estos y otros temas continuaremos hablando en la última parte de nuestro programa en el que estamos pasando revista a la historia de la ganadería en Venezuela, en este caso a la historia de la ganadería en el siglo XX venezolano. Ya regresamos.

Referíamos en la parte anterior del programa que cuando comienza el gobierno de Eleazar López Contreras, respondiendo al proyecto del Plan de Febrero de 1936, hay una modernización del papel del Estado en relación con el desarrollo nacional. Una modernización muy intensa porque vamos a encontrar, por ejemplo, que en materia ganadera y agrícola se hace un censo agrícola y pecuario en 1937; antes se ha promulgado la ley del trabajo en 1936, que tiene vinculación con esto. En el 37 se crea el Instituto Pedagógico Nacional con Mariano Picón Salas a la cabeza.

En el año 37 se crea el Instituto Técnico de Inmigración y Colonización con Arturo Uslar Pietri a su cabeza, luego Antonio Radis. Se crea la Contraloría General en 1938 y el Banco Central de Venezuela en 1939. Es evidente que hay un proceso de modernización del Estado venezolano en relación con sus actividades y sus ocupaciones.

Los críticos liberales dirán también que es un comienzo de intervención del Estado en áreas que más bien le pertenecen al sector privado, pero no en todos los casos es así porque la Contraloría General de la República era indispensable, el Instituto Técnico de Inmigración y Colonización también para ordenar una inmigración planificada, profesional, y por supuesto el censo agrícola del año 37 es de gran importancia. Pero allí no se queda lo que hace el general López en relación con este tema, sino que en 1937 se crea la Escuela Superior de Agricultura, y en el año 38, al año siguiente, se crea la Escuela Superior de Veterinaria.

Esta Escuela Superior de Agricultura va a ser la semilla que permitirá luego la creación de la Facultad de Ingeniería Agronómica en la Universidad Central de Venezuela en 1946. Esta facultad, a partir de 1958, se denomina Facultad de Agronomía. También de estos años de López es la creación de la Asociación Nacional de Ganaderos, esto ocurre en 1939, y luego ya en 1962, en tiempos del segundo gobierno de Rómulo Betancourt, se crea la Federación Nacional de Ganaderos, Fedenaga.

Estos años, pues, es evidente que van a ser de gran crecimiento. ¿Qué nos arrojó el censo agrícola y pecuario de 1937? Pues muchos datos, permite comprender el mapa ganadero de estas primeras décadas; por ejemplo, sabemos que para entonces el 81,11% del ganado venezolano va a estar ubicado en los llanos, especialmente en Apure y Guárico.

Recuerden que antes Barinas era un lugar importante, pero que Guárico fue creciendo notablemente hasta desplazarlo. Pero también vamos allá que en el censo agropecuario de 1950 la relación cambia y la importancia porcentual de los llanos se reduce del 81% al 63%. Y ustedes se preguntarán, bueno, ¿qué cambió?, ¿cuál fue el sector del país que incrementó su ganadería?

De tal manera. La respuesta es una sola: el estado Zulia y en alguna medida el estado Lara y Falcón. Y cuando vemos las cifras del censo agropecuario de la década de los años 70 todavía encontramos una mayor disminución de los llanos como zona ganadera. Los llanos se van a reducir al 37,18%.

Lo siguiente no quiere decir que desaparece el ganado del llano, sino que ha crecido exponencialmente el ganado zuliano y a medida que va creciendo o ocupando puntos porcentuales se los va restando al llano. Qué ha pasado entonces en apenas 40 años, de representar el 81% del ganado venezolano al 37,18% del ganado venezolano. Lo que quiere decir es el Zulia, el estado protagonista en estos años del siglo XX a partir de 1940-1950.

Decíamos antes que en cuanto a las razas fue un hecho que el general Gómez y la compañía inglesa trajeron al país muchas razas que vinieron a enriquecer la ganadería venezolana de aquellas primeras dos décadas del siglo XX y la centuria pasada. Pero también lo hicieron, en alguna medida, los datos de importancia histórica que se desarrollan estos años. Estoy pensando en algunos ejemplos importantes: la finca Bella Vista de Rafael Fonseca en Cúa, adquirida en 1907, fue un bastión de la ganadería tuyera de los Valles del Tuy; el legendario Hato El Frío, que perteneció nada menos al general Páez y fue adquirido por Samuel Darío Maldonado en 1911, y que también hizo un trabajo ganadero con razas o cruces muy importantes.

El Hato El Barracón, de José Antonio Chapellín Liendo, en Villa de Cura, que lo comenzó a trabajar en 1929. Por supuesto la muy ilustre hacienda Bolívar en Santa Bárbara del Zulia, adquirida por Joaquín Brejenburg y Vitelio Bravo en 1934. Estos son algunos ejemplos de hatos grandes de Venezuela que representaron un avance importante para la ganadería.

Estos son, entonces, algunos de los datos de nuestra historia de la ganadería venezolana en el siglo XX y en nuestro próximo programa incluiremos esta serie sobre la ganadería, que tan interesante resulta y estoy seguro que es reveladora para muchos que ignoran varios de estos meandros del laberinto de la ganadería venezolana. Habló para ustedes Rafael Arráiz Lucca y esto es Venezolanos, un programa sobre el país y su historia desde Unión Radio.

Me acompaña en la producción Merizosa y en la dirección técnica, Víctor Hugo Rodríguez y Fernando Camacho. Me consiguen por mi correo electrónico, Rafael Arráiz arroba Hotmail. Por Facebook y por Twitter. Ha sido un placer hablar para ustedes. Hasta nuestro próximo encuentro.

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