Excepcionales. Cap 9. D.F.Maza Zavala. (1)
Venezolanos Excepcionales. Cap 9. Domingo Felipe Maza Zavala (1)
Transcripción
Les habla Rafael Arráiz Lucca desde Unión Radio y esto es Venezolanos. Un programa sobre el país y su historia. El de hoy y el de la próxima semana es una dilatada y muy sustanciosa entrevista que sostuve en 2009 con Domingo Felipe Maza Zavala, extraordinario economista y profesor universitario. Tenía un conocimiento de la historia económica de Venezuela al dedillo, preciso, y una virtud que solo tienen los grandes profesores: hacía de lo complicado algo comprensible, algo sencillo.
No se perdía en laberintos de complicaciones, sino que iba a la nuez de los problemas y lo explicaba con gran claridad. De modo que van a disfrutar de la claridad conceptual y del conocimiento histórico económico del profesor Maza Zavala. La voz de Maza Zavala en asuntos económicos se viene escuchando en Venezuela desde hace muchos años, la verdad. Su autoridad en esta materia quedó fuera de toda sospecha y estuvo vinculado al Banco Central de Venezuela prácticamente desde su fundación.
Incluso, el profesor Maza se jubiló del Banco Central de Venezuela hace algunos años y su visión en la banca nacional se nutrió de la experiencia bancocentralista que tuvo, pero también de su experiencia docente. Durante décadas fue profesor en la Universidad Central de Venezuela, la Católica Andrés Bello y la Universidad Santa María. Esta conversación que voy a referirles ocurrió en la biblioteca de su apartamento, en la urbanización Los Caobos, edificio que queda sobre la avenida Libertador. El profesor Maza murió hace algunos años y, como les decía al comienzo del programa, la entrevista tiene observaciones de gran utilidad, como podrán comprobar a lo largo de estos dos programas.
La entrevista ocurrió en el año 2009. Yo comienzo preguntándole: ¿cómo ha influido la existencia de la banca en el desarrollo del país? ¿Cuándo comenzó verdaderamente la banca como un instrumento de desarrollo? Y dice el doctor Maza: la historia de la banca en Venezuela corre paralela a la historia económica del país. El sistema bancario venezolano ha tenido una trayectoria un poco accidentada.
En el siglo XIX el papel de la banca era desempeñado por las casas comerciales importantes para la época, como eran la Casa Blohm, Boulton, Stihn, las cuales a la par que eran compradoras de las cosechas de café y exportadoras de ese producto también eran importadoras de manufacturas. De modo que hacían el papel no solamente de comercio, sino que adelantaban recursos a los productores del campo para que cumplieran el proceso de producción. Se pactaba con anticipación la compra de las cosechas al precio predeterminado. Unos precios garantizados para el productor si acaso eran satisfactorios para ellos y el comprador exportador, lo que le garantizaba una ganancia.
Ese papel, sigue diciendo Maza, lo estuvieron desempeñando hasta ya entrado el siglo XX no solamente para fines de cosechas sino también para otro tipo de créditos de carácter familiar o personal, necesidades de los productores y de otra gente. Además, ellos hacían el papel de depositarios del ahorro por cuenta de particulares, porque como no existía una banca formal funcionaban prácticamente como bancos. La gente les tenía confianza y les entregaba un dinero; desde luego podían prestar parte de ese dinero a otros, a terceros, y obtenían ganancia. Cuando el particular necesitaba su dinero, pues lo tenía disponible.
El primer banco oficial que se estableció en el país fue el Instituto de Crédito Territorial, fundado por Frasín Joaranda, que era ministro de Hacienda por los años cuarenta del siglo XIX. Ese Instituto de Crédito Territorial podía emitir dinero, podía prestar, otorgar créditos hipotecarios principalmente a los hacendados, a productores del campo. Pero no prosperó porque con los solos recursos que el gobierno aportó, los particulares no aportaban recursos, y muy pronto quedó sin poder seguir desempeñando la cartera de crédito. Usted recuerda, por sus lecturas, Rafael, por supuesto que hubo una época importante en la historia venezolana después de la creación de la República en 1830 y donde el prestamista tenía todos los derechos para su acreencia.
El Estado prácticamente protegía a los prestamistas y no protegía al prestatario; si un prestamista le prestaba a un hacendado una cierta cantidad con garantías de su finca y no podía cumplir oportunamente con su compromiso, su propiedad era rematada al nivel de la obligación. Muchos de esos hacendados quedaron en la calle, sin fondos y sin propiedades. En cambio los prestamistas se enriquecieron. Y entonces yo le pregunto: ¿cómo incidió la Ley del 10 de abril de 1834 en esto que usted está refiriendo?
Y él responde: no corrigió la situación. Un escrito de Fermín Toro sobre la Ley del 10 de abril de 1834, siendo él conservador y haciendo su partido de la oligarquía conservadora al que estaba en el poder, fue un crítico de esa ley porque esa ley protegía a la usura, ¡el derecho absoluto del prestamista! Yo le digo entonces: lo que argumentaba el pensamiento liberal es que se podían establecer las tasas de acuerdo entre las partes en el contrato y eso estimuló la economía, le digo yo un poco a contrapelo de lo que él viene diciendo, y él responde: exactamente. Y que el poder judicial debería tomar en cuenta ambas partes, y no solamente la parte acreedora.
Vengo y le digo de nuevo: la ley de espera y quita vino a abolir esta Ley del 10 de abril de 1834 ya en tiempos de los hermanos Monagas, y dice el doctor Maza: de la época liberal es una de las banderas que levantaron los liberales con Antonio Leocadio Guzmán y el periódico El Venezolano. Ese movimiento fue precisamente eso, contra la usura, contra la Ley del 10 de abril y por la democratización o liberación del crédito agrícola. Pero luego vino la ley de espera y quita que, aunque era más suave que la del 10 de abril, era sin embargo mucho más dura para los deudores. No era del todo favorable a ellos, sino más bien favorable a los acreedores, pero en una forma más comedida.
Después se ensayaron varios institutos bancarios financieros, en parte con recursos oficiales y en parte con recursos privados. Creo que hay que hacer una aclaratoria aquí para explicar un poco: la ley del 10 de abril de 1834, durante el primer gobierno de José Antonio Páez y además un gobierno inspirado en el liberalismo de Santos Michelena, lo que buscaba era que los productores del campo pudieran pactar los créditos con las casas comerciales que le financiaban la cosecha. Y lo que establece la ley es que las tasas de interés que van a pactar entre el prestamista y el prestatario fuesen acordadas.
Entre las dos partes. Lo que ocurrió también con esta ley es que mientras los precios del café estuvieron altos pues no había problema y se pagaban los créditos cuando se pactaron unos créditos con unos precios del café en tal medida y los precios cayeron, pues ya no fue posible cancelar el crédito que se había recibido.
Hay que señalar que este espíritu liberal del Partido Conservador, como bien dice Maza en un momento dado, trajo cierto crecimiento económico a partir de 1830, pero los problemas también aparecieron muy pronto, porque con la caída de los precios del café pues muchos no pudieron pagar sus acreencias y esas tierras pasaron a manos de los acreedores, cosa que a nadie le convenía en lo más mínimo. Ni siquiera los acreedores, porque no eran agricultores y terminaban rematando las tierras. De modo que esto es lo que él está refiriendo dentro del marco del sistema financiero que había en Venezuela a principios del siglo XIX, donde no existía la banca. En la próxima parte del programa le voy entonces a preguntar sobre los primeros bancos establecidos en el país.
Ya él nos ha dicho que las casas comerciales funcionaron como bancos en un comienzo y él nombra, como ejemplo, los Blohm, los Boulton y los Stihn, pero hay muchos otros. Solamente en Maracaibo había alrededor de 50 familias alemanas. Ya regresamos entonces con esta historia fascinante de la economía y de la banca específicamente en Venezuela, en una conversación con el profesor Maza Zavala. ¡Ya regresamos!
En la parte anterior del programa veníamos hablando de la creación de la banca en Venezuela y él viene diciendo que se ensayaron varios institutos bancarios financieros, en parte con recursos oficiales y en parte con recursos privados. Yo le digo: ¿fueron los ensayos de Manuel Antonio Matos con el Banco de Caracas y el Banco de Venezuela? Y él responde: el Banco de Venezuela se creó dos veces, la primera vez fracasó pero la segunda vez sí se estableció en forma. Pero antes que el Banco de Venezuela se había establecido en Maracaibo el Banco de Maracaibo, que fue el primer banco formal que se estableció en el país, y yo le acoto: ¡y fue de capital privado!, y él dice: sí, capital privado.
El Banco de Venezuela se estableció en segundo lugar. Después fue, y eran dos bancos emblemáticos de la época, así como los bancos extranjeros que se establecieron también a principios del siglo XX: el First National City Bank, el Royal Bank of Canada, el banco holandés y el Banco Inglés para la América del Sur. Cuatro bancos extranjeros que estuvieron vigentes en Venezuela hasta que hubo una reforma de la Ley de Bancos con lo cual todos los bancos extranjeros debían convertirse en comerciales según la ley del país y dejar de ser sucursales o agencias de los bancos extranjeros. Yo le pregunto: ¿y esa fue una medida positiva? Él dice: yo creo que sí.
Permítame hacerle una referencia, me dice el profesor Maza Zavala: cuando hubo la gran crisis del año 1930 y repercutió en Venezuela también sensiblemente, muchos propietarios de casas de aquí, de Caracas y otras ciudades en el interior, y propietarios de fincas perdieron sus propiedades porque no pudieron cumplir con su compromiso con los bancos, y los bancos más duros, los más inexorables con respecto a eso, fueron los bancos extranjeros. Los bancos venezolanos, por el contrario, negociaron más con los deudores; ese fue el testimonio que me dio Rodolfo Rojas, que sí estuvo en esa época. Y entonces esa experiencia en Venezuela sirvió para una reforma bancaria, la del año 40, se refiere a los años cuarenta del siglo XX, por supuesto. En cuanto a que debían someterse todos uniformemente a las leyes venezolanas y transformarse en bancos del país aunque con capital extranjero.
En esa época hubo una reforma del sistema monetario, financiero y bancario, una época muy importante: año 1940 y gobierno de Eleazar López Contreras. Él había prometido en el programa de febrero crear el Banco Central y lo cumplió; entonces había dos leyes, una Ley del Banco Central con la cual se creaba al Instituto emisor y una Ley de Bancos por la cual se hacían ciertas reformas del sistema bancario. Yo le anoto: y se reservaba la emisión de billetes para el Banco Central de Venezuela, sí, dice él, porque antes los bancos tenían derecho de emisión pero tenían que estar respaldados, por supuesto, por reservas de oro y divisas extranjeras y títulos de la deuda pública, le pregunto yo, no, dice él.
Tenían que estar respaldados por ese oro y divisas porque esa deuda pública antes de 1830 era una deuda insolvente, si usted recuerda la herencia en los tiempos del siglo XIX, los atentados a las costas venezolanas por parte de flotas extranjeras acreedoras y todo aquel proceso. Eso había creado un trauma en el país; entonces afortunadamente el petróleo salvó la situación fiscal porque permitió ir cumpliendo con los compromisos de la deuda, amortizando y pagando los intereses. Y en 1930 Juan Vicente Gómez, para conmemorar el centenario de la muerte del Libertador, canceló totalmente toda la deuda externa y eso causó una sorpresa mundial porque eran años de crisis en el mundo, claro, recordemos, hago un inciso.
El crack de la Bolsa de Nueva York es de 1929, en 1930 el mundo estaba sumido en una crisis económica y sin embargo Venezuela pagaba la totalidad de sus deudas, sigue diciendo Maza. Nadie pagaba su compromiso; el único país del mundo que pagó en oro contante y sonante gracias al petróleo, por supuesto, fue Venezuela con Gómez. Pero le hablaba esto, Rafael, porque quedó siempre el trauma y en la época de Gómez, incluso en la de López y en la de Medina no se emitió deuda pública externa. Vino a adquirirse deuda pública externa en tiempos de Rómulo Betancourt, en las ya llamadas democracia representativa, en el año 1959.
Le pregunto yo, profesor Maza, ¿y durante la dictadura de Pérez Jiménez no se emitió deuda? Y él responde: no, porque cuando la dictadura de Pérez Jiménez él incurrió en deuda, por supuesto, para las obras públicas, las obras que estaba empeñado, pero esta deuda no era una deuda formal u oficial, sino una deuda informal bajo la forma de pagarés y letras de cambio que se descontaban de manera escandalosa en los mercados internacionales hasta con un 50 por ciento de descuento. Esa fue una de las razones por las cuales cayó la dictadura; esa fue deuda informal.
Sin embargo, Pérez Jiménez dejó en las arcas fiscales, cuando cayó, unas reservas del tesoro de alrededor de 1.700 millones de bolívares, que era parte de lo que se debía. En modo, la deuda dejada por Pérez Jiménez alcanzaba a 4 mil millones y una de las primeras actuaciones de la Junta de Gobierno Provisional fue pagar la deuda. Le digo yo: una actitud correcta, refiriéndome al gobierno provisional de Wolfgang Larrazábal-Ughetto, y él dice: bueno, bien y mal, porque se rescataba el crédito público en Venezuela, mal porque los acreedores no le estaban exigiendo que pagara sino que hubiera unas negociaciones cuando se requerían en el país recursos para llevar adelante un proceso de transición hacia la democracia. El tesoro se quedó sin recursos al pagar las deudas, esto es importante lo que él está señalando aquí: no le estaban exigiendo el pago compulsivo de la deuda a Venezuela y sin embargo Venezuela la pagó totalmente y se quedó sin recursos en 1958.
Yo entonces le voy a preguntar: ¿usted diría, doctor Maza, que hasta la aparición del petróleo en grande, que ocurre a partir de 1922, la banca que opera en Venezuela, ya sea extranjera o venezolana, está contribuyendo poco o muy limitadamente a la economía? Esa es la pregunta. Y él dice: eso vamos, porque nuestra banca tradicional era una banca puramente comercial, de ahí su nombre banca comercial, porque no se ocupaba sino de negocios relativos al comercio exterior; en el interior financiaban preferentemente importaciones. Claro, también financiaban, pero en segundo término, exportaciones de los productos agrícolas, café y cacao. Pero sobre todo eran bancos para financiar importaciones; debido a ello muchos altos comerciantes que eran importadores se hicieron socios del banco para tener preferencias en cuanto a la disponibilidad de recursos.
Pero como digo no había ninguna otra actividad que pudieran los bancos financiar salvo la del comercio porque la industria manufacturera era muy incipiente, casi artesanal. Así fue hasta 1936 salvo algunos casos excepcionales. El crédito hipotecario no existía, le pregunto yo al profesor Maza Zavala, y él dice: el crédito hipotecario sí existía pero para financiar hipotecas urbanas, no rurales. Si usted tenía una propiedad urbana y tenía necesidad de recursos, usted la hipotecaba en un banco. Y esas hipotecas eran de corta duración, porque no podían prestar a largo plazo cuando ellos captaban fondos a corto plazo.
Esa característica en la banca que perduró durante mucho tiempo fue una de las causas de insolvencia en el que alguna vez incurrió la banca, porque como se le agotaron los recursos de corto plazo y no había reposición de esos recursos, quedaban entonces insolventes, porque no podían movilizar dinero fresco. Hubo varios amagos parciales de crisis antes de la crisis en 1994, pero en cuanto al crédito hipotecario se hacían intentos también en aquella oportunidad para crear un banco hipotecario. Esos intentos se plasmaron en el año 1958, cuando se creó el Banco Hipotecario Unido, que fue el primer banco hipotecario en el cual los socios eran los propios bancos. Ese banco funcionaba a base de cédulas hipotecarias; recuerdo el 8% anual, entonces en Venezuela era la mejor inversión, pero era como tener dinero en la mano.
Si usted tenía necesidad de dinero, inmediatamente encontraba quién le comprara la cédula que producía el 8%. Les recuerdo lo siguiente: 8% en una economía en los años 60 cuya inflación era casi 0 o si acaso 1%, pues era un rendimiento extraordinariamente alto el de las cédulas hipotecarias en aquel momento. Eso fue lo que le voy a preguntar de inmediato o afirmarle, le digo: y la inflación en aquella época era muy baja, y él me dice: por supuesto, era menos del 3%. La inflación estuvo a menos del 3 por ciento hasta la época del primer gobierno de Carlos Andrés Pérez, anoto yo, entre 1974-1979. En los tiempos de Gómez, de López y Medina, a pesar de la guerra, que la guerra siempre influyó un poco, siempre estuvo la inflación por ahí, por debajo del 3%, prácticamente nada.
Eso es lo que dice el profesor Maza Zavala. En la parte anterior del programa veníamos hablando de la inflación en Venezuela, cómo durante muchísimos años y décadas estuvo por debajo del 3%, que era prácticamente nada. Y estábamos hablando también de las cédulas hipotecarias, y el profesor Maza Zavala a quien venimos entrevistando dice lo siguiente: como le digo, esas cédulas hipotecarias desempeñaron un papel muy importante en el sistema financiero porque ayudaron a financiar la industria de la construcción y la vivienda. Los bancos hipotecarios, con base en los préstamos otorgados, reunían una serie de garantías reales de propiedad y con base en eso emitían cédulas hipotecarias. Era una especie de reserva de liquidez, porque quien tenía necesidad de dinero en 24 horas tenía el dinero.
Era como si hubiera comprado acciones de una empresa, le digo yo, y él me dice: no, mucho más líquidas todavía que las acciones en la empresa. Y sigue diciendo Maza: yo recuerdo que había sorteos para adjudicarles a determinados tenedores de las cédulas. ¿Y si salían en el sorteo? Se las pagaban, rescataban las cédulas, pero algunas veces a mí, que tenía algunas cédulas suscritas, me llamaron: usted tiene la fortuna de que ha salido sorteado, le vamos a pagar sus cédulas. No, no me paguen, ¿qué voy a hacer yo con eso? Vuelvo a invertir en cédulas, me decían, porque eran tan líquidas.
Le pregunto yo: ¿por qué estaban respaldadas por propiedades y porque el Banco Hipotecario Unido era la banca hipotecaria de todos los bancos? De modo que no había lugar a dudas de que podían cumplir su compromiso y no podían emitir más cédulas que aquellas que ellos podrían en verdad garantizar. Le pregunto: ¿usted recuerda quién ideó ese mecanismo? Y él dice: eso fue producto de unas discusiones y unos estudios del año 1958, pero no recuerdo exactamente quiénes participaron allí, gente seguramente de la misma banca. Yo le digo: creo que se extendió hasta principios de los años 70 el mecanismo de las cédulas hipotecarias. Y él responde: el Banco Central conserva algunas todavía y algunos bancos conservan algunas, pero como tales se extinguieron porque hubo una reforma bancaria.
Le digo entonces: volvamos al hilo dejado en 1940, si le parece, profesor Maza, y él dice: retomo ese hilo y me dice, ese año se fundó el Banco Central de Venezuela y se le confirió la facultad de emitir billetes de banco que antes tenían los bancos comerciales. Entonces recuerdan ustedes que Enrique Pérez Dupuy, presidente del Banco Venezolano de Crédito, implantó una demanda contra el Banco Central. La Corte dictaminó en contra de él, porque él no quería entregar, porque la condición era que le quitaban las facultades de emitir. Pero el Banco Central se encargaba de pagar las emisiones que circulaban, pero para ello se requería también que los respaldos en oro y divisas pasaran al Banco Central, y Pérez Dupuy no quería.
El Banco Central era entonces el centralizador de las reservas internacionales del país y hubo ese juicio en el cual perdió Pérez Dupuy; tuvo que entregar esas reservas. Pero también el Banco Central era el banco de última instancia, otorgaba créditos a las instituciones financieras que estuvieran en dificultades. Funcionaba también como un banco comercial, tenía pagarés, letras de cambio elegibles por el Banco Central que tenían que ser de primera, tenía línea respaldada por dos firmas comerciales solventes, con documentos bien estudiados. Entonces el Banco Central otorgaba créditos sobre la base de esa garantía o también podía darle anticipo a un banco en dificultades como la garantía de títulos de la deuda pública. Bueno, esa fue una reforma fundamental del sistema monetario y del sistema financiero del país, 1940, y también el Banco Central entró a administrar el mercado cambiario, que entonces estaba sometido a control con la guerra.
Porque antes las divisas eran manejadas por los bancos comerciales, principalmente ¡el Banco de Venezuela! Y aquí permítame, Rafael, hacer una referencia importante con respecto a lo que ocurre actualmente: el Banco de Venezuela desempeñó durante bastante tiempo la función del Banco del Tesoro, es decir, banco auxiliar de tesorería. Cobraba impuestos y pagaba gastos públicos por cuenta del gobierno. Cobraba una comisión por eso y lo mismo que hacía con el Fisco Nacional hacía con las divisas que ingresaban al país.
Se presentaron las dificultades que ustedes conocen del año 1934, la crisis internacional por lo cual el dólar de los Estados Unidos fue devaluado y al devaluarse el dólar, el bolívar se revaluó porque había una relación entre bolívar y dólar a través del oro, del contenido de oro de la moneda. Entonces esa revaluación del bolívar no era conveniente ni para las propias petroleras porque tendrían que traer más divisas al país, ni para los exportadores venezolanos porque obtendrían menos bolívares por un dólar, y era muy favorable a los importadores porque ahora podrían importar con menos bolívares mayores cantidades. De manera que por todos esos respectos no era conveniente para la economía venezolana mantener la revaluación del bolívar y entonces se celebró un convenio que llamaron el Convenio Tinoco, por Pedro Tinoco Smith, el padre de Pedro Tinoco hijo.
En ese convenio de caballeros no había ninguna formalidad escrita ni decreto ni nada de esas cosas, sino un pacto de caballeros en el cual participaron las compañías petroleras. Un contrato verbal, le digo yo; sí, pero los contratos verbales de la época eran más exigentes que los escritos. Bueno, el asunto es que como resultado de esto el Banco de Venezuela quedó facultado para adquirir divisas petroleras con exclusividad hasta la concurrencia de la demanda de divisas en el mercado venezolano; por ejemplo, si la demanda de divisas en el mercado venezolano era de 100 y las compañías petroleras necesitaban negociar 130, cien las adquiría el Banco de Venezuela a un tipo preferencial. Eran como tres bolívares con 85 centavos, y la diferencia la negociaba al tipo de exportación del oro.
Era un mecanismo de los puntos del oro; los puntos del oro entonces estaban en 3,09 por dólar. Entonces el excedente se negociaba al tipo de exportación del oro, que era 3,09, y se fijó un tipo de cambio para los importadores de 3,35.
Y otro tipo de cambio para los exportadores de café y cacao para protegerlos, las diferencias cambiarias. Ese conjunto de elementos constituyó en Venezuela el primer sistema de cambios diferenciales y se mantuvo así hasta después de la Primera Guerra Mundial, en esa forma del tipo de cambio preferencial. Aquí hay un error que ha debido ser hasta después de la Segunda Guerra Mundial.
Por cierto, cuando se creó el Fondo Monetario Internacional, en la posguerra, sigue diciendo Maza Zavala, año 1944, entró a funcionar en el año 1945. Venezuela fue miembro del Fondo, pero el Fondo reclamaba reiteradamente que Venezuela eliminara ese tipo de cambio preferencial y unificara su cambio. Venezuela siempre iba a las reuniones en el Fondo para defender la continuidad de la tesis de los tipos de cambios diferenciales porque era la única manera, no era la única por supuesto, dice él, de sostener una economía de exportación ya decadente que no podía competir.
Yo entonces le pregunto: ¿cuándo ubica usted el comienzo del crecimiento en la banca venezolana? Esa es una respuesta sumamente interesante y el doctor Maza dice: la época en que comenzó a multiplicarse el sistema bancario fue a partir de la Segunda Guerra Mundial. El Banco Industrial, otra referencia importante, se creó el año 36, un banco mixto, es decir parte era capital del gobierno y parte era capital privado, y su objetivo principal era financiar las pequeñas y medianas industrias, a pesar de que funcionaba como banco comercial.
Pero los trastornos del Banco Industrial a través de su historia son bien conocidos. Una época en que estuvo bien administrado, incluso daba excedentes al fisco y pagaba impuestos y cumplía su función, y otras veces en que cayó en manos en que no se podía hacer así, ¡en la burocracia! ¿Y también para servir a los favoritos de los gobiernos?
Ahora, un punto interesante, le digo yo al doctor Maza: en tiempos de la dictadura de Pérez Jiménez, con Aurelio Arreaza, se crearon los bancos regionales y él, cuando yo iba a decir que me parecía un todo interesante favorable, me ataja y me dice... me lo confirma, me dice: eso fue muy importante. La creación de los bancos regionales de fomento en una época en que el único banco que tenía una red de oficinas en el interior era el Banco de Venezuela. En cambio, otros bancos no tenían esa red y sus operaciones se limitaban a las ciudades principales.
Creo que esa fue una buena política, la de crear bancos regionales de fomento, que a la par que hacía en la fusión de bancos servían también para descentralizar el crédito. Conociendo las necesidades de cada región y la gente en verdad merecía que le dieran crédito para fines productivos, porque eran buenos pagadores. Pero les decía antes que la época en que se fomentó la creación de bancos fue en la época de la Segunda Guerra Mundial, se creó el Banco Unión en el año 1947. El Banco Nacional de Descuento también es desde esa época. Bien, en la última parte del programa vamos a referir esa etapa en la que se crean el Banco Nacional de Descuento y el Banco Unión.
Ya regresamos con esta interesantísima conversación con Domingo Felipe Maza Zavala, el profesor Maza. ¡Ya volvemos! En esta conversación con el profesor Maza Zavala estamos en 1940 y venimos hablando de la fundación de diversos bancos. Y yo le digo: y José Joaquín González-Gorrondona fue un personaje interesante en ese proceso.
Bueno, él dice, el doctor González-Gorrondona tenía múltiples facetas. Durante bastante tiempo, como sabemos, fue vicepresidente gerente del Banco Central de Venezuela. Él no llegó nunca a ser presidente en forma, sino presidente encargado. Pero como vicepresidente gerente del Banco Central tuvo muchos méritos, primero porque impulsó las investigaciones económicas y financieras en el Banco Central.
Y fue también uno de los grandes impulsores de la Biblioteca del Banco Central, que es una de las bibliotecas especializadas más importantes no solamente en Venezuela sino de toda América Latina. Y particularmente como el doctor González-Gorrondona era al mismo tiempo profesor de la Facultad de Economía de la Central y cofundador del Estudio Económico en Venezuela, él hacía el papel de enlace. Facilitaba que estudiantes hicieran su pasantía en el Banco Central y facilitaba a profesores desde la facultad prestaran servicio en el Banco Central. De modo que había una relación muy beneficiosa y el doctor González-Gorrondona fue, sí, como usted señala, el fundador del Banco Nacional de Descuento, BND, que llegó a ser bastante importante.
Lo que pasa es que incurrió en lo mismo que otros bancos: meterse en el negocio de inmuebles y arriesgar fondos de corto plazo para inversiones de largo plazo, fomentar urbanizaciones. Eso es una cosa que fue siempre motivo de crisis bancaria. Esa fue una de las causas de la caída del Banco Latino, le digo yo, y él me dice: así es, no pudo en un momento dado flotar por carencia de fondos y tuvo que colapsar. Por cierto, también ya que hablamos del proceso de transformación del sistema bancario, usted sabe que antes, en la época de la dictadura particularmente, y después incluso en parte del régimen democrático, los bancos tenían una red de negocios. El banco comercial era el eje del sistema y en torno a él, relacionado con el banco, había una compañía de seguros, una sociedad financiera, una sociedad de corretaje, una entidad de ahorro y préstamo y una administradora de inmuebles. Todo eso giraba como satélite alrededor del banco comercial.
¿Qué pasaba? Que si usted hacía una operación con el banco comercial, tenía que someterse a todo el circuito: lo hacían asegurar en la compañía de seguros del banco, le hacían tomar un crédito en tal parte, que su propiedad fuera administrada por tal cosa. Ese era el sistema. Se crearon entonces las llamadas sociedades financieras que podían hacer ciertas operaciones que no podía hacer la banca comercial; por ejemplo, podrían levantar emisiones de bonos o de certificados de crédito para vender entre particulares. Muchas de esas fueron estafas porque no tenían suficiente supervisión.
Recuerdo una vez que hablé con Feliciano Pacanins, que era presidente del Banco de Venezuela. Éramos amigos y yo le pregunté: ¿por qué el Banco de Venezuela no crea su propia sociedad financiera? Y Pacanins me dijo: porque ese no es un negocio de la banca comercial. Ellos se cuidaron mucho en hacerlo, pero casi todos los bancos lo hicieron; entonces eso creaba una especie de dispersión de funciones financieras, además era más costoso para el cliente, aunque quizás más productivo para el banquero y sus aliados. Y entonces hubo una reforma, según la cual se eliminaban todas esas entidades relacionadas con un banco, y entonces el banco comercial asumía las funciones de un banco universal. Pero digo yo que a pesar de esa conversión de la estructura del sistema financiero no se logró que el sistema financiero se ocupara de los créditos a largo plazo.
O sea, que captara ahorros genuinos, ahorros auténticos, o captar recursos de largo plazo mediante préstamos internacionales, por ejemplo, o mediante el levantamiento de fondos con ese carácter y los aplicara a inversiones a largo plazo. Esa función bancaria es indispensable en un país que requiere desarrollo como el nuestro. Yo le digo: el origen de esa situación está en que tampoco es posible que los ahorristas venezolanos ahorren en Venezuela. Como no hay suficiente confianza, hay una fuga de capitales y los bancos tampoco cuentan con recursos a largo plazo. Por supuesto, me dice el doctor Maza, es así. En primer lugar, auténticos ahorristas no hay, por lo menos en sentido bancario. Primero, las cuentas de libreta de ahorro son a la vista.
Segundo, los depósitos a plazo fijo que también se establecen para darle cierta rentabilidad al depositante no están más allá de 120 días y no hay depósito a largo plazo. En cambio se podría hacer un mercado de capitales con el cual se financiaría la banca, también con base en la emisión de certificados de largo plazo. Yo le digo: eso sería muy interesante, no se ha logrado plasmar porque hay poca educación del usuario o del ahorrista, me dice el doctor Maza. Ellos quieren tener su disponibilidad para gastos o cualquier otra función de previsión, o lo que sea. O para negocio.
Yo le digo: el tema es fascinante, profesor. En Estados Unidos el ahorro disminuyó notablemente, ahora está volviendo, pero durante años el estímulo al consumo ha sido tan grande y las facilidades de crédito tan grandes que la gente no ahorró. Entonces yo me pregunto: ¿un país que no tiene capacidad de ahorro, cómo financia su desarrollo? Y él me dice: con los excedentes de las empresas, la alternativa es financiarse con el excedente. Esas empresas norteamericanas importantes generan excedentes que aplican a sus propias inversiones y no requieren ir al mercado de capitales porque tienen su propio método de financiamiento.
Y en el caso venezolano, le pregunto yo, eso sí es grave. Algunas sí, por ejemplo Empresas Polar, esa tiene unos excedentes y ellos los reinvierten en su propio desarrollo. ¿Y bien? Aquí va a continuar la entrevista, pero a nosotros se nos terminó el tiempo del programa de nuevo; que en la segunda parte de esta interesantísima entrevista continuará en nuestro próximo programa, en la semana que viene. Habló para ustedes Rafael Arráiz Lucca y esto es Venezolanos. Un programa sobre el país y su historia. Me acompañan en la producción Inmaculada Sebastiano y en la dirección técnica Giancarlo Caravaggio.
A mí me consiguen en mi correo electrónico rafaelarraiz@hotmail.com y en Twitter arroba Rafael Arráiz. Ha sido como siempre un gusto hablar para ustedes. Este es el programa número 9 de la serie Venezolanos Excepcionales y es la primera parte de una larga y sustanciosa entrevista con Domingo Felipe Maza Zavala. Hasta nuestro próximo encuentro.