Cuatro Presidentes: Betancourt, Caldera, Leoni y Pérez.

Observaciones sobre primeros magistrados.

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Les habla Rafael Arráiz Lucca desde Unión Radio y esto es Venezolanos. Un programa sobre el país y su historia. Libro Venezuela, política y petróleo. Y comencemos por decir que el propio Betancourt confesaba que la primera versión de este libro fundamental data de 1937-1939, pero entonces no pudo publicarse tampoco se animó a darlo a la imprenta entre los años de la fundación de Acción Democrática en 1941 y los de su primer gobierno, que va desde 1945 a 1947. Y los únicos originales que conservaba se perdieron en el saqueo que cometió una patrulla de soldados el 24 de noviembre de 1948 contra su casa caraqueña, cuando el golpe derrocó al presidente Gallegos.

De modo que la nueva redacción del libro, que se perdió como acabo de decir, tuvo lugar en el exilio de Betancourt. Y esa redacción nueva completa ocurrió en las ciudades de Washington, de La Habana y San José de Costa Rica hasta que finalmente lo concluyó en San Juan de Puerto Rico. Y allí lo concluye gracias a un amigo que le prestó una casa frente al mar y allí estuvo trabajando día y noche durante meses y meses acompañado por los dos escoltas que le había asignado el gobernador de la isla, Luis Muñoz Marín.

Y un perro fiel que seguía impertérrito el sonido en las teclas de la máquina de escribir de Betancourt y seguramente el sonido de la pipa cuando le cambiaba la picadura. Y si bien el prólogo lo firma en diciembre de 1955, lo cierto es que concluyó el libro en abril de 1956, ya que en el último capítulo hay alusiones a hechos ocurridos en aquel mes. Y además así lo confirma su epistolario con Ricardo Montilla, entrañable amigo de Betancourt, en el que le rogaba que urgiera al legendario editor del Fondo de Cultura Económica de México, el argentino Alejandro Orfila Reynal, acerca de la urgencia de la publicación.

Y le advertía que fueran levantando el dinotipo mientras él concluía las últimas veinte páginas. Esto quizás la gente muy joven no sabe lo que es levantar el dinotipo, porque eso prácticamente no existe. Quiera ir poniendo las letras de plomo armándolas en la mesa, en el lugar donde después iban a imprimir el papel. Bueno, es obvio que Venezuela, política y petróleo es uno de los ensayos de historia política más importantes que ha escrito un primer magistrado entre nosotros acerca de etapas del desarrollo nacional que le tocó vivir.

Y digamos de entrada que es un clásico del ensayo político venezolano y se centra en el eje de la vida nacional: el petróleo, y su estructura es afín a la de un trabajo historiográfico, aunque la perspectiva de polemista de Betancourt lo aleja de la distancia propia del historiador. No es un libro de un historiador, es el libro de un ensayista y polemista, pero por supuesto que trabaja con hechos históricos. Y allí habla a un protagonista decidido a defender su versión de los hechos, pero no apela a su sola palabra para defender sus puntos de vista, también acude a fuentes documentales.

Abunda en opiniones contundentes, esto sí hay que señalarlo, y tomaré dos ejemplos de los cuantiosos que arroja el libro para explicar lo que afirmo, uno de orden documental y otro fundado en la opinión. Ambos reveladores del tesoro que encierran estas páginas para quien quiera detenerse en la historia política venezolana. Cualquiera que le interese la historia política de nuestro país, la lectura de Venezuela, política y petróleo es obligatoria, por supuesto. Voy entonces con los ejemplos: recuerda Betancourt que el 13 de abril de 1947 la Junta Revolucionaria de Gobierno publicó un memorándum confidencial del que se habían hecho copias, en el que el presidente López Contreras, desde Nueva York, le solicitaba al ministro de la Defensa del Gobierno, Carlos Delgado Chalbaud, que presionara con la fuerza del Ejército a la Asamblea Nacional Constituyente para que lo nombrara a él, a Delgado Chalbaud, presidente de la República.

Y para ello invocaban López Contreras un argumento regionalista. Obviamente, los argumentos regionalistas no son democráticos. Decía el expresidente López: “De este modo la hegemonía andina preponderante en la República por cinco lustros no podría considerarse desplazada de los asuntos públicos”. Fin de la cita. Y luego señalaba que de no lograrse la aceptación de Delgado Chalbaud como presidente de la república, habría que recurrir a la imposición.

Este documento citado por Betancourt invalida lo que antes había hecho López Contreras para la apertura del país hacia formas democráticas, me pregunto yo. Bueno, no necesariamente. La verdad es que no se puede decir que el creador de la democracia en Venezuela es López Contreras, pero tampoco puede afirmarse lo contrario. Lo cierto es que el gobierno de López representó una apertura hacia la democracia, por supuesto no hacia la democracia plena.

Y el otro ejemplo es revelador de la crisis que Acción Democrática vivirá 30 años después. Me refiero a la posición que tenía Betancourt acerca del federalismo o de la descentralización, afirma Betancourt, voy a citarlo: “La Constitución de 1947 pautó como norma constitucional implícita el principio al centralismo político. Ya no se concibe cómo pueda planificar nacionalmente el Poder Ejecutivo, si los gobernantes regionales no son de libre elección y remoción del jefe de Estado”. Fin de la cita. Bueno, es un comentario muy poco federal, por supuesto, fácilmente rebatible porque las democracias federales funcionan y funcionan perfectamente sin que esto sea un problema, y este es el caso de la democracia federal alemana o en los Estados Unidos, para no salir de América.

Y más adelante apunta Betancourt como una debilidad del Constituyente de 1947 que no se hubiese llegado a implantar la cámara única y que se hubiese adoptado el sistema bicameral, muy extraño también, pero muy interesante. Y finalmente Betancourt va a admitir como expresión de descentralización del poder a los consejos municipales. Pero, y aquí viene otra cita, “financiados e estimulados con activo interés por los gobiernos centrales y estadales”. De modo que queda claro que en la mente de Betancourt, en 1956, no estaba que la democracia representativa diera el paso hacia la descentralización política y administrativa.

¿Es una contradicción en un demócrata? Pues, en alguna medida sí, en otra no. Los que creemos que federalismo como descentralización del poder es una medida, una adopción o una forma de Estado más democrática que el centralismo, pues nos parecerá la posición de Betancourt no es lo más democrática que imaginamos. Pero también es cierto que el centralismo también asume la democracia, aunque no en su vertiente federal, de modo que el tema es muy, muy interesante. Quien quiera ventilarlo le sugiere que vuelva a Venezuela, política y petróleo.

Y también aquí uno advierte que este libro lo termina en 1956 y estas opiniones sobre la descentralización de Betancourt se ve que ya se habían expresado en la Constitución del 47, cuando Acción Democrática, teniendo los votos para implantarlo, no implantó el sistema de elección directa, universal y secreta de los gobernadores y alcaldes por este principio de centralismo político al que está apelando Betancourt unos años después. La discusión sigue abierta, el federalismo es más democrático que el centralismo, algunos pensamos que sí, pero en el contexto histórico venezolano de 1947 y 1956 permitía abonar el camino a favor del centralismo quizás, y sin quizás, sustentado en la experiencia venezolana federal del siglo XIX, que lejos de construir en Venezuela una república federal, en buena medida lo que hizo fue fortalecer a los caudillos regionales. Quizás eso era lo que tenía, le tenía una gran prevención Betancourt entonces.

En la próxima parte del programa veremos otro libro y otro presidente. Ya regresamos.

Les decía en las partes anteriores que en esta segunda parte hablaríamos de otro presidente y también autor de un libro. Y como ustedes saben, a lo largo de nuestra historia republicana no ha sido común que los hombres que han detentado la primera magistratura hayan sido proclives a la reflexión escrita; en el siglo XIX, Bolívar y Páez son una excepción, así como fueron excepcionales los únicos doctores que detentaron el mando supremo, el doctor Vargas que también escribió y el doctor Rojas Paúl. Pero si echamos una ojeada al siglo XX tampoco encontraremos demasiados gobernantes dedicados a la escritura, porque capaces seguramente lo eran, pero no la practicaban.

Cipriano Castro, pues, no se distinguió por la escritura, Gómez para nada. López Contreras sí se esmeró en pasar al papel sus ideas y Medina Angarita también escribió una suerte de memorias muy útiles. López Contreras escribió más, incluso sobre historia militar, y bueno, por supuesto Gallegos, que realmente era un escritor. Betancourt, vimos en la parte anterior del programa, con este libro extraordinario Venezuela, política y petróleo, pero además otros tantos, sobre todo muchos discursos.

Pérez Jiménez, por supuesto no escribió. Carlos Andrés Pérez tampoco y Luis Herrera Campins sí escribió muchísimo, muchísimo, y era un lector, un hombre bastante culto. Jaime Lusinchi no escribió. Por supuesto Ramón J. Velásquez escribió, y mucho, uno de nuestros formidables historiadores. De modo que...

Y Caldera, ¿de quién vamos a hablar? Sí dejó una obra escrita significativa y Caldera en su escritura está tomado por un ideal de serenidad, así como Betancourt es agresivo o polemista. Digamos que Betancourt es dionisíaco y Caldera más apolíneo. Caldera, digamos que está más dado a la serenidad, incluso al eufemismo, cuida mucho las palabras, y eso no está nada mal, uno puede, esto se puede valorar tanto como la posición del polemista Betancourt. Ambas prácticas, ambas maneras de escribir y estar en el mundo son valiosas y considerables, por supuesto.

En este libro El último de Caldera, Los causabientes de Carabobo a Puntofijo, hay una revisión, incluso una versión de la historia republicana por parte del presidente Caldera, y es un libro bastante bien escrito, sabroso de leer incluso. Y hay esta voluntad serena y apolínea que se manifiesta a lo largo de todo el libro, hay una expresa voluntad por ser justo y eso está muy bien. No vamos a encontrar en este libro ditirambos ni grandes pleitos, pero tampoco deja de decir lo que tiene que decir.

Por ejemplo, señala que Guzmán Blanco deja al morir una fortuna que sobrepasa sus posibilidades lícitas, la manera elegantísima de señalar la corrupción de Guzmán, pero también señala Caldera que el conjunto de su obra es una obra modernizadora. Con Gómez es más duro, hay menos matices en relación con la corrupción y de modo que tampoco ese ideal de serenidad lo aleja de la justicia en la necesidad de señalar, y lo hace, pero lo hace con esta elegancia que acabo de anotar. Y su posición sobre el Pacto de Punto Fijo es muy interesante porque es muy claro al explicar los motivos que condujeron a firmarlo.

Y, por supuesto, son motivos muy distintos a los que alegan quienes satanizan el Pacto de Punto Fijo. Él se detiene allí en cómo el motivo central fue contener a un sector de las Fuerzas Armadas, ese sector bárbaro que los militares de entonces. De modo que buscaba el Pacto de Punto Fijo crear una república civil moderna y se necesitaba hacerlo en aquel país de tradición militarista que, como sabemos, es una de las tradiciones venezolanas. También se detiene en el punto de cómo durante el Trienio Adeco las rencillas entre los partidos políticos, lejos de contribuir a la consolidación de la democracia, fueron un obstáculo importante que el Pacto de Punto Fijo, en el 58, buscaba revertir, matizar, morigerar.

Bien, este es un libro altamente recomendable, Los causabientes de Carabobo a Puntofijo, como les dije antes. La versión de la historia política de Venezuela según uno de sus protagonistas principales, el dos veces presidente de la República, el abogado Rafael Caldera Rodríguez. El otro presidente que vamos a ver, ya no nos podremos referir a su obra escrita porque, salvo sus discursos, no la tuvo. No fue la escritura una de sus formas de batalla política ni fue un ensayista, pero es una figura histórica de gran importancia.

Me estoy refiriendo, o me voy a referir, a Raúl Leóni, y sobre Leóni se ha creado una injusta valoración de su presidencia, que creo que tiene que revisarse a la luz del resultado de esa presidencia, a la luz de los números de esa presidencia. Recordemos que Leóni era hijo de un inmigrante corso llamado Clemente Leoni y de Carmen Otero Fernández, una criolla venezolana, y Leóni nació en El Manteco del estado Bolívar el 26 de abril de 1905. Una vez concluido el bachillerato hizo el viaje que solían hacer los jóvenes venezolanos que buscaban un horizonte más amplio, se viene a Caracas a estudiar derecho en la Universidad Central de Venezuela.

Y aquellos hechos míticos de la Semana del Estudiante de 1928 encuentran a Leóni al frente de la Federación de Estudiantes de Venezuela. Como consecuencia de aquella gesta, Leóni estuvo preso en el Castillo de Puerto Cabello, luego logra salir al exilio a Colombia. Y allá va a estar junto con Betancourt en las redacciones del famosísimo Plan de Barranquilla redactado en 1931, y también participó en la Constitución de ARDI, agrupación venezolana de izquierda, siempre con Betancourt. Y su padre también se fue a vivir a Barranquilla a atender junto a sus hijos y a Betancourt las fruterías que vivían allá, Barranquilla, muy cerca de la iglesia de Barranquilla, alguna vez visitamos esa frutería donde hay una placa.

El gobierno municipal en Colombia colocó la placa, el lugar donde estaba la frutería. Bueno, en aquellos primeros años en que estos jóvenes soñaban con la creación de institucionalidad moderna para Venezuela fueron configurándose las aptitudes y conductas de cada quien. Y si Betancourt era el elocuente y ambicioso, Leóni era más bien callado y prudente. Si Betancourt es pólvora con fervor, Leóni formulaba la pregunta inteligente que sembraba la duda; si Betancourt se exaltaba en voz alta sobre el escenario con su inteligencia característica, Leóni tejía acuerdos en la antesala del teatro.

Tomaban cenas, tendían lazos de amistad y respeto profundo. Bueno, el líder no fue un líder político de gran elocuencia. Él mismo se lo reconoció a su primo, el periodista Miguel Otero Silva, en una entrevista que Otero le hiciera en La Casona pocos días antes de entregarle la presidencia a Rafael Caldera, allí dijo Leóni lo siguiente: “La verdad es que yo nunca he tenido dotes oratorias como Jóvito Villalba, como Rómulo Betancourt, como Andrés Eloy Blanco, como Carlos Irazábal, con Isidro Valles, como tú mismo, que eran quienes hablaban en los mítines de masas en 1936. Yo, en cambio, era un organizador, un motor de iniciativas y un productor de análisis políticos”.

Bueno, una clara conciencia de sí mismo tenía el presidente Leóni, como podemos claramente observar. En la próxima parte del programa seguimos con Raúl Leóni, ya regresamos. Aludíamos en la parte anterior del programa de una entrevista que sostuvo Miguel Otero Silva con el entonces presidente saliente, Raúl Leóni, y en esa misma entrevista, para redondear el autorretrato que hace Leóni, dice lo siguiente: “La verdad es que nunca he tenido pretensiones de hombre superior ni he drapeado de genio, más aún me he considerado siempre un hombre común, un venezolano medio a quien la historia ha llamado a cumplir posiciones destacadas”.

Bueno, miren, resulta asombroso que en un país como el nuestro, prácticamente devorado por el mito del héroe, alguien que está entregando la presidencia de la República se vea a sí mismo de esta manera. Esto es algo muy importante, solo un hombre verdaderamente superior, como se va revelando con el paso del tiempo fue como lo fue Leóni, puede valorarse de esta manera. Cualquier otro hubiera dicho las maravillas que él había adelantado. Bien, y allí está la historia, en la biografía de Leóni que yo tuve el honor de escribir; hasta la fecha es la única que se ha escrito, publicada en la colección de biografías del diario El Nacional, y después la recogí en un libro mío que se llama El poder y el servicio. Aquí mismo en otra oportunidad hemos hecho programas con base en esas biografías, en ese trabajo.

Adelantemos que las diferencias entre el gobierno de Betancourt y el de Leóni son varias, y bastante más sustanciales de lo que cierta historiografía señala. Por una parte, Betancourt gobierna con los firmantes del Pacto de Punto Fijo y una vez que se va URD del gobierno, muy pronto termina el quinquenio Betancourt asociado con Copei. Y por su parte Leóni gobierna de otra forma, él gobierna en un proyecto de la ancha base, que era como se llamaba, con el uslarismo y un sector también de URD. Ese uslarismo se había agrupado en un partido que crearon, que se llamaba el Frente Nacional Democrático, el FND, de modo que por allí son unas diferencias importantes en cuanto a las alianzas.

Por supuesto, había continuidad política en lo esencial, porque eran las políticas de Acción Democrática. Pero había matices, matices de significación como este que les acabo de señalar, y recordemos también que durante el gobierno de Leóni el movimiento guerrillero sufrió sus mayores derrotas. Y la corriente que luego desemboca en la pacificación del presidente Caldera tiene su fuente aquí, en esas derrotas militares que se le propinaron a los guerrilleros durante el gobierno de Leóni.

Por otra parte, las obras de infraestructura que se adelantaron durante el gobierno de Leóni son fundamentales. La construcción de carreteras, la creación de la industria del aluminio... y bueno, imagínense la inauguración de la primera parte de la central hidroeléctrica de Guri. La primera etapa la inaugura el presidente Leóni y al final de su gobierno. Bueno, hubo un clima de discreción civilizada, creo, me tengo la impresión de que fue la primera vez donde la gente tenía la sensación de que gobernaba una pareja, que había una pareja presidencial, porque doña Menca fue un factor importante durante el gobierno de Leóni.

Lo complementaba, daba un sentido de familia a la Presidencia de la República que, visto a la distancia, es de mayor importancia. Además fue el presidente Leóni el primero en habitar La Casona, que era la casa de la hacienda La Carlota de la familia Brandt, que la República compra y remodela para ser la residencia presidencial. Y finalmente estoy seguro de que cuando los venezolanos avancemos en nuestro camino y veamos hacia atrás, valoremos a personajes distintos al héroe. Allí nos estará esperando la figura histórica del doctor Raúl Leóni, un hombre que no encarnó el mito del hombre providencial sino el del hombre discreto y eficiente que adelantó un gobierno bastante más importante de lo que el común de los venezolanos suele recordar.

Le damos ahora, por último en este programa acerca de algunos presidentes venezolanos, como haremos muchos otros, a Carlos Andrés Pérez. Y yo les recuerdo que para mí no es fácil explicarles al alumno de historia contemporánea de Venezuela la personalidad de Pérez, nacido el 27 de octubre de 1922 en la hacienda La Argentina, muy cerca de Rubio, en el estado Táchira. Y este hombre singular encabezó en una sola vida dos procesos políticos diametralmente opuestos con apenas 10 años de diferencia entre uno y otro. Durante su primer gobierno adelantó la estatización de la industria petrolera y creó centenares de empresas del Estado dedicadas a las tareas más diversas.

Y fortaleció hasta el paroxismo al Estado como principal actor económico en la nación gracias al ingreso petrolero que pudo hacer esto, y 10 años después desmontó la trama empresarial estatal, o intentó hacerlo, adelantando un programa de privatizaciones. Y fue además un factor principal de la agenda descentralizadora. Durante su primer gobierno el Estado se endeudó hasta alcanzar cifras enormes para la época, y durante el segundo gobierno de Pérez le tocó batallar con la banca internacional para fijar una estrategia de pago favorable. ¿A cuál de los dos Pérez juzgará la historia?

¿Al que desarrolló una agenda política clásica del socialismo democrático en 1974-1979 o al que puso en práctica un programa liberal con algunos ribetes keynesianos a partir de 1989? Bueno, pues este hombre carismático que encarnó durante décadas una suerte de mito popular da para todos los gustos. Los socialistas democráticos admiran su primera obra, los liberales la segunda. Y Pérez, ¿de cuál de las dos obras se habrá sentido satisfecho o de ninguna?

¿O habrá respondido, como creo que de hecho alguna vez lo respondió, que fue un hombre de su tiempo y que fue flexible al punto de encarnar dos proyectos políticos distintos? Dos políticas públicas muy, muy diferentes, las de su primer gobierno y la del segundo. De modo que esa es la pregunta que podemos hacernos sobre Carlos Andrés Pérez, por supuesto un personaje interesantísimo, y a las contradicciones que señalé se suman otras de orden personal, no menos interesantes.

Durante el segundo gobierno de Betancourt, siendo viceministro en Relaciones Interiores, fue un factor principal en la lucha contra la guerrilla izquierdista y fue pieza clave en la lucha a cuartel que libró Betancourt contra los conspiradores militares de derecha y de izquierda, algunos de estos asociados con tiranos caribeños, ¿no? Y durante varios años lidió con informes de inteligencia y los procesó con éxito.

Y extrañamente 30 años o casi 30 años después, cuando la inteligencia militar de su segundo gobierno le advirtió de las intenciones de unos conjurados militares, pues no les dio ninguna importancia hasta que lo sorprendió la intentona del 4 de febrero de 1992 y entonces cayó en cuenta Pérez, que los informes que le habían dado sus servicios de inteligencia militar eran ciertos. Bueno, y también había puesto en marcha un programa de reformas económicas que no era otro que una reforma a fondo del sistema político. Y él, el político por excelencia, extrañamente no se valió de sus artes para implementar ese programa y el país comenzó a arderle por los cuatro costados.

Bueno, Carlos Andrés Pérez es un extraordinario personaje de la política venezolana con muchas luces y muchas sombras, que por supuesto está pendiente el estudio del personaje e incluso una biografía verdaderamente completa o un estudio de época. En la última parte del programa continuaremos con Carlos Andrés Pérez. Ya regresamos. Hablábamos en la parte anterior del programa de Carlos Andrés Pérez, que llegó a ser un líder de la Internacional Socialista de estatura internacional. Llegó a ser vicepresidente de la Internacional Socialista y tuvo una amistad cercana o trato frecuente con muchos de los líderes europeos de la Internacional Socialista, que en el fondo es una reunión del Partido Socialdemócrata y uno de los actores políticos principales de esta corriente ideológica y política: Felipe González.

De quien Carlos Andrés Pérez fue un amigo entrañable, se recuerda siempre aquella oportunidad que Carlos Andrés fue de visita en su primer gobierno a España y cuando lo fue a recibir el rey de España al aeropuerto le dijo, “le traigo un contrabando”. Y el contrabando era que venía en el avión con Pérez Felipe González, este sevillano tan importante para la historia política española que gobernó España durante varios años, yo creo que Felipe González estuvo alrededor de 14 años en el gobierno y ha venido muchas veces a Venezuela, y en una de las oportunidades en que vino a Caracas siempre lo entrevistan y dijo cosas como siempre muy importantes, entre otras.

González ha señalado con insistencia que el socialismo y la democracia no están reñidas con la economía de mercado. El socialismo, es decir la socialdemocracia en pocas palabras, no está reñida con la economía de mercado. En esto fue uno de los puntos que ha insistido mucho González en los últimos años y también ha señalado con insistencia que primero hay que crear la riqueza para después distribuirla, pero sin crear riquezas pues no hay distribución que valga. Son todas observaciones que parten de la sensatez; si cualquiera pudiera decir que son verdades de perogrullo, pero no es así, y les hablaba de González por la estrecha amistad con Carlos Andrés Pérez e incluso diríamos que en muchos sentidos mantuvieron una comunidad de criterios.

Una comunidad de criterio, aunque en el segundo gobierno de Pérez, como vemos de acuerdo con las circunstancias, pues más que un gobierno socialdemócrata clásico fue un gobierno, digamos, más inclinado hacia el liberalismo, pero la coyuntura del mundo así lo imponía. No podemos olvidar que el segundo gobierno de Pérez, que se inicia en 1989, coincide con la caída del socialismo real y la caída del Muro de Berlín y la asunción del consenso de Washington en América Latina, donde todos los países de América Latina levantaron la política de industrialización sustitutiva e importaciones y asumieron la libertad de comercio. Se acabaron las barreras arancelarias para los productos importados y se asumieron los postulados de la Organización Mundial de Comercio, que es la libertad de comercio.

Fue un cambio muy importante en toda América Latina y desde 1948-1950 hasta 1989 estuvo regida por el proyecto económico de la CEPAL de la industrialización sustitutiva de importaciones. Ese cambio coincide con la presidencia de Carlos Andrés Pérez en Venezuela, César Gaviria en Colombia, Carlos Menem en Argentina, Carlos Salinas de Gortari en México, Fernando Collor de Mello en Brasil, etc. En todos los países de América Latina se levantaron estas políticas y se asumió la economía de mercado. Claro, esto no era fácil de transitar para Carlos Andrés Pérez, quien había crecido y se había desarrollado en un partido socialdemócrata que fundamentalmente había diseñado y había contribuido a diseñar la política contraria.

Por eso en la primera parte anterior del programa les hablaba de las contradicciones de Pérez, pero más que las contradicciones de Pérez son las contradicciones que le tocó a un hombre como él que vivió en coyunturas importantes de cambios políticos en el mundo y en América Latina. Bueno, hasta aquí Carlos Andrés Pérez, de quien hemos hablado en otros programas al igual que de los presidentes Caldera, Betancourt y Leóni. En este programa hemos mezclado a los cuatro presidentes dando estas suertes de píldoras o aspectos parciales en sus vidas, de sus obras. De los dos primeros nos hemos referido a sus libros Venezuela, política y petróleo y Los causabientes tanto de Betancourt como de Caldera y Leóni y Pérez hemos hablado de sus obras, de los logros, de sus desaciertos y contradicciones.

Son personajes completos y complejos de la historia política contemporánea de Venezuela, que están en permanente revisión, en permanente valoración, sobre todo a la luz de los tiempos que vivimos. Como siempre ha sido un placer hablar para ustedes, soy Rafael Arráiz Lucca y esto es Venezolanos, un programa sobre el país y su historia. Me acompañan en la producción Inmaculada Sebastiano y Fernando Camacho. A mí me consiguen en mi correo electrónico rafaelarraiz@hotmail.com y en Twitter arroba Rafael Arraiz. Ha sido un gusto hablar para ustedes, hasta nuestro próximo encuentro.

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