Serie Literatura Venezolana Siglo XIX. Cap 7 (último)
Serie Lit Ven Siglo XIX. Cap 7 (último)
Transcripción
Les habla Rafael Arráiz Lucca desde Unión Radio y esto es Venezolanos. Un programa sobre el país y su historia. En www.mundour.com debes buscar la pestaña de radio en vivo, bajar y darle clic en Unión Radio 90.3. Recuerda que nos puedes seguir en arroba MundoURWeb, en arroba RadioEscuelaUR y en arroba Rafael Arraiz en Twitter, mi número de productor nacional independiente 30.720.
Este es nuestro séptimo y último capítulo de esta serie que hemos venido desarrollando sobre la literatura venezolana del siglo diecinueve. En el capítulo anterior, el sexto, estábamos hablando de Carlos Borges, el sacerdote Carlos Borges, que nació en 1867 y que falleció en 1932. Y que llegó a publicar un solo poemario; se debatió a lo largo de su vida entre el amor divino y el amor carnal. De hecho, esta circunstancia despertó un gran interés en escritores venezolanos: les recordaba que para Salvador Garmendia, por ejemplo, Carlos Borges, el sacerdote, fue el que abrió la puerta al erotismo en la poesía venezolana.
Bien, era un hombre contradictorio, evidentemente, porque después de abrevar, asistir a las aulas de la Facultad de Derecho va a ingresar para hacerse sacerdote a los 23 años, una edad donde esto no suele ocurrir; las vocaciones se presentan antes. Bueno, no fue el caso de José Gregorio Hernández tampoco, y tampoco del Carlos Borges, pero a los 23 años ya solían los jóvenes pichones de sacerdotes estar en el seminario. Y sus amigos, entre ellos ese gran narrador que fue Emanuel Tías Rodríguez, que lo quería mucho a Borges, le advirtieron que ese no era su destino porque Borges ya manifestaba unos ardores eróticos particulares. Sin embargo, él insistió y en 1894 adopta la sotana ya con la legalidad del que ha sido ordenado.
Ordenado como sacerdote, pero al poco tiempo ese espíritu anacoreta que él tenía es doblegado por el llamado del deseo y se va del país, buscando a ciegas calmar aquellos fuegos que lo estremecían. Y va a regresar a Venezuela en los primeros años del siglo XX y se va a entregar entonces a la escritura, y se fascina con el poder. Y se hace secretario de Cipriano Castro, como que esto es un caso muy curioso. Y bueno, sus versos se hacen profanos; lleva una vida disipada, lo suspenden eclesiásticamente, pero él no doblega su veta religiosa y se va a enamorar locamente de una mujer llamada Lola, y va a pasar a ser Lola el sujeto fundamental de su poesía.
Y va a caer Castro, Cipriano Castro, y Gómez, su sucesor, no encuentra mejor destino para el padre Borges que la cárcel. Y cuando sale de ella en 1912, cuatro años después, está decidido a reanudar sus amores con Lola. Pero Lola fallece y entonces Borges estrena un nuevo capítulo: esa vida tumultuosa que abraza las botellas del alcohol desesperadamente. Y de pronto la luz divina lo rescata de nuevo y vuelve al redil eclesiástico y abjura de su vida libertina pasada; eso lo hace desde el púlpito de la iglesia en Barquisimeto.
Allá pasó lo que iba a pasar: que se vuelve a enamorar. Mientras está enamorado da sus sermones en el púlpito y por otra parte en su vida espiritual, escritural, secreta, pues escribe sobre los placeres mundanos. No soporta la situación y se vuelve a ir; se va de viaje. Esta vez se especula que ese viaje lo hace con su enamorada de entonces; en todo caso regresa a Venezuela y vuelve a la Iglesia católica. Y le han entregado el cuidado de un asilo de enajenados, del asilo de personas con problemas psicológicos importantes, y después de estar allí un tiempo lo encargan eclesiásticamente del Cementerio General del Sur.
De modo que muy poco tiempo tuvo en sus manos el cuidado de la locura y el cuidado de la muerte, o la asistencia de la muerte. Y va a concluir sus días religiosos reconciliado con quien lo había llevado a la cárcel, que era Gómez, y le comienza a expresarle a Gómez su gratitud con unas loas extraordinarias. Bueno, de semejante resumen biográfico, pues solo se desprende un hecho cierto: cada tumbo que dio el poeta Borges fue asumido con un gran fervor, y de allí que sus poemas religiosos sean unas jaculatorias, unas verdaderas jaculatorias. ¿Y qué a la vez?
Sus versos eróticos, pues, hayan sido verdaderamente impetuosos, sobre todo ese ímpetu que tienen los amores prohibidos, y en el caso de él, vaya prohibición que detenían sus amores. Y eso llega al poema, que es lo que a nosotros nos interesa, y por eso Garmendia habla del nacimiento de la poesía erótica venezolana con estos versos a Lola del padre Borges. Esta circunstancia personal, bueno, lo embargó de una manera muy grave y lamentablemente para la escritura solo escribió un libro. Bueno, su vida estuvo ocupada en, digamos, enfrentar todas estas contradicciones, todo este martirio de ser un sacerdote y a la vez un amante.
Todos estos martirios, los votos de castidad pero a la vez el llamado del deseo, como él acudía a ese llamado del deseo, es realmente un caso excepcional en literatura venezolana. El del padre Borges no quiere decir que no haya habido otros sacerdotes que hayan sido escritores, todo lo contrario. Incluso monjas también, y muy buenas escritoras y muy buenos escritores sacerdotes. Lo que es excepcional en el caso de él es un sacerdote autor de poesía erótica. Y todos estos vaivenes de su vida entre las llamadas del deseo y las llamadas de la vida recoleta, de la vida espiritual recogida en ofrenda a Dios.
Bien, y con el padre Borges concluimos entonces ese largo capítulo sobre el modernismo en Venezuela, entre nosotros, donde revisamos todo lo que pudimos: la teoría desarrollada, la historia también, los grandes cultores. En el extranjero, Julián del Casal, José Martí, Manuel Gutiérrez Nájera, José Asunción Silva, por supuesto Rubén Darío, pero también vimos a los venezolanos, en particular a Rufino Blanco Fombona, cuya obra ensayística es importante, cuya obra narrativa también, menos su obra poética. Pero fue un escritor dentro de la matriz del modernismo, como vimos en su oportunidad.
También vimos el caso, pues aunque fuese someramente, de Díaz Rodríguez; también vimos el caso de Arbelo Larriba y sus circunstancias, también muy complejas sus circunstancias vitales, me refiero. Vimos, mencionamos las grandes obras del modernismo: El Ismaelillo de Martí, Versos sencillos de Martí, Azul de Rubén Darío, Las prosas profanas y Cantos de vida y esperanza también de él. Y vimos también los poemas de José Tadeo Arreaza Calatrava, en particular el canto al ingeniero de minas. Y por último en el modernismo nos detuvimos en esta obra y esta vida tan singular de Carlos Borges.
A partir de la próxima parte del programa vamos a adentrarnos en el mundo del criollismo. Ese movimiento literario que representó una vuelta al llamado de lo propio, es decir, saliendo del cosmopolitismo modernista que le abría la puerta al mundo entero, ahora nos recogemos en lo propio. En lo criollo, como veremos en la próxima parte del programa.
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Hay una discusión sobre si el criollismo, que yo creo es una vuelta al llamado de lo propio, debe llamarse nativismo. Yo opto por el término criollismo, me gusta más, pero entiendo que nativismo significa lo mismo, realmente. Bueno, yo no encuentro ninguna razón de peso para que lo que se manifiesta en narrativa se llame criollismo y para que en poesía eso mismo se llame nativismo. ¿Por qué? Si es exacto, si es... en el fondo es lo mismo, de modo que yo asumo el término criollismo.
Y ya, y ahí vamos a encontrar uno de sus mayores cultores: Luis Manuel Urbaneja Achelpohl. Allí hay uno de los mayores cultores del criollismo en narrativa, y en poesía está el nombre de Francisco Lazo Martí, es un hombre inevitable, además, muy importante y muy merecida su ubicación dentro de esta corriente literaria. Y en el fondo, la savia, la sangre que nutre al criollismo es la búsqueda de lo propio, de allí que no sea gratuito su florecimiento cuando el modernismo ha tocado las puertas en Venezuela, aunque también puede decirse que ya en las manifestaciones del parnasismo que vimos también en esta serie brillaba cierto cosmopolitismo que exasperaba y molestaba a los criollistas. En el fondo los criollistas son los que quieren centrarse en el tema de lo propio, o lo cercano y inmediato.
Incluso antes, en cierto romanticismo, vamos a llamarlo viajero, había una impronta cosmopolita y los criollistas se manifestaban en contra de eso. En el fondo era un llamado al orden, de vuelta a la mirada propia, a la mirada de la nación, a las miradas de sí mismos. Incluso alguien pudiera decir: vuelta al orden conservador de lo propio frente a lo que para los criollistas eran devaneos exóticos del modernismo; así llegaron a calificarlos a los poetas y narradores modernistas. La verdad es que en esta relación dialéctica de la literatura venezolana en el siglo XIX es difícil entender uno y otro; es decir, es imposible entender al criollismo sin que el modernismo lo haya motivado como reacción contraria, por supuesto. De modo que creo que estas reacciones, esta relación dialéctica, pues es perfectamente comprensible que se haya pasado del cosmopolitismo modernista a esta idea de atender a lo propio.
Y claro, se encuentran antecedentes en este trabajo: el primero es Andrés Bello, fue el primero que atendió a lo propio con sus versos neoclásicos. ¿Pero qué es la Silva a la agricultura de la zona tórrida sino una vuelta a lo propio, sumamente personal en la vida venezolana, de las geografías y de la flora y de la fauna? Y también esa atención a lo propio la encarnó el poeta zuliano José Ramón Yepes, del que hablamos en una oportunidad en estos capítulos. Y también hay que consignar otro aspecto esclarecedor, a mi juicio, y es que el criollismo surge como una bandera de la sociedad rural venezolana que se ve avasallada por el proceso urbano.
Aunque este proceso urbano es propio del siglo XX en su faceta más acelerada, ya había también un proceso urbano en la segunda mitad del siglo XIX: crecían las ciudades y el campo de alguna manera se veía amenazado en sus raíces culturales por las formas urbanas. Y una respuesta a ese desafío que representaba la ciudad para lo rural estaba este criollismo del que venimos hablando. De modo que esa Venezuela de fin del siglo XIX va a incluir en el menú del día el enfrentamiento ciudad-campo con mucha rudeza y acritud inclusive. Particularmente, por cierto, por parte de los defensores de la vida rural, que siempre suelen levantar el estandarte de la sanidad y salud campesina frente a la perdición citadina.
Esa viejísima idea dicotómica, muy católica por lo demás, del pecado está en las ciudades y en el campo hay una suerte de virtud, un poco vinculado con el mito del buen salvaje que prosperó tanto en América Latina. Incluso Bello reproduce esto, Bello reproduce esta idea: que la salud, la sanidad, la bondad está en el campo y que en las ciudades se encuentra pues la expresión de lo contrario. Es un fácil esquema que está presente en esta irrupción del criollismo, pero como veremos más adelante algunos de los cultores del criollismo van más allá de lo simple para ofrecernos unas obras tejidas a partir de relaciones más complejas que estas dicotomías de las que vengo hablando entre el campo y la ciudad.
Y en el fondo, lo que ocurre con el criollismo es similar a lo que pasa con los ríos subterráneos; me refiero: hay unas corrientes de agua que van por la superficie, que se hacen evidentes, el río propiamente. Mientras hay otras aguas soterradas y que siguen su curso sin ser vistas hasta que de pronto afloran, mientras casi nadie había advertido su naturaleza subrepticia. Casi nadie había advertido que esas aguas iban discurriendo por debajo. Y en verdad el espíritu de lo propio está presente en los neoclásicos, como lo acabamos de decir aludiendo a Andrés Bello; está presente en los románticos. Está presente incluso en los modernistas, pero los que hacen del criollismo un espíritu particular es que los criollistas lo consideran exclusivo, que ese debe ser el espíritu, la impronta y la raigambre de la obra literaria.
Abrazarse, casarse con lo criollo; incluso podemos advertir rasgos criollistas cuando ya la vanguardia, porque es posterior al modernismo, ha tomado todos los espacios, ¿verdad?, verdad. Y sin embargo allí hay rasgos criollistas en esa vanguardia, porque son los rasgos de lo propio; eso lo vamos a encontrar en la obra de Sergio Medina, por ejemplo, o en la obra de Alberto Arvelo Torrealba. Allí vamos a advertir ese río subterráneo del criollismo, por más que estemos o en el modernismo y en la vanguardia o en el parnasismo, esa impronta de lo propio por alguna parte aparece en algún momento en algunos autores. Y aunque un sector de la crítica se ha empeñado a hallarle rasgos propios más allá de los temáticos al criollismo, la verdad es que es difícil adelantar esta operación.
Es decir, yo no estoy negando el valor de lo temático, de la asunción a un paisaje, incluso la espiritualización de ese paisaje. Pero los rasgos propios del criollismo que nos lleven a hablar de un movimiento literario, como puede hacerse con el romanticismo y el modernismo, pues a mí no me parecen convincentes más allá de lo temático, es lo que quiero decir. Es decir, en el tema está claro que estás haciendo criollismo, pero ¿qué distingue al criollismo más allá del tema? Yo no veo demasiados rasgos, la verdad. Creo, eso sí, y se trata de una legítima respuesta de narradores y poetas que no se sintieron invitados a la fiesta modernista, que singularizaron de tal manera lo particular que en ese empeño también negaron lo ajeno o extranjero.
Lo que no les era propio y la detenida lectura de algunos de los mejores autores criollistas, uno va a encontrar como saldo formas del neoclasicismo, del romanticismo, incluso del modernismo, como es lógico, porque ninguna obra literaria surge de la nada. De modo que el criollismo también es tributario de sus antecesores, como es natural y como es la dialéctica propia de los movimientos literarios. Vamos a detenernos ahora en dos obras criollistas importantes, una de logros indudables y otra de resultados menos altos. En el examen de estas obras irán surgiendo otros elementos del espíritu criollista, que como es fácil advertir es el fruto de una combinatoria de elementos de diversa fuente literaria.
Vamos a ver entonces en la próxima parte del programa la obra de Francisco Lazo Martí, nacido en 1869 en Calabozo y fallecido en 1909. Ya regresamos.
En la parte anterior del programa les dije que íbamos a hablar de Francisco Lazo Martí, y en Calabozo, su ciudad natal, se preparó para presentar los exámenes de medicina. ¿Dónde? Por supuesto en Caracas y en la capital de la República. De modo que ni siquiera como estudiante vivió más de algunos meses en Caracas. Este es un detalle interesante: de modo que su relación con el llano es total, es consustancial al punto que se dedicó a ejercer la medicina de pueblo en pueblo.
Como también lo hizo el sabio tovareño Lisandro Alvarado, de quien fue un amigo predilecto, una gran amistad entre Lazo Martí y Lisandro Alvarado. Incluso Alvarado llegó a ser casi venerado por los habitantes de aquellas llanuras, y también Lazo Martí, un médico muy querido en las llanuras golpeadas por tantas inclemencias, ¿verdad? En La hoja de vida de Lazo Martí se encuentra su filiación a las huestes del general Manuel Antonio Matos en contra de Cipriano Castro. Y antes había estado con Joaquín Crespo, había cerrado filas con Joaquín Crespo.
De modo que esta vida de los hombres a caballo, de los hombres armados, no le era ajena al poeta Francisco Lazo Martí, pero al margen de estas incursiones guerrilleras o militares de Lazo Martí, lo central en su tránsito fue la medicina y la poesía. Aunque fue muy poco prolífico en la poesía y muy generoso con la primera, se dedicó a la medicina en cuerpo y alma. Y lamentablemente la muerte lo encontró muy temprano, tenía apenas 40 años, pero por más que he buscado las biografías de Francisco Lazo Martí no encuentro la causa de su fallecimiento. Bueno, miren, esto no es extraño: entre nosotros hay una cosa rara con la muerte, la gente no le gusta decir o escribir de qué murieron las personas y es una cosa que yo no logro entender cuando ese es un dato en la biografía cualquiera muy importante.
De modo que no sé decirles, ¿de qué murió? Pero supongo yo que un infarto, pero cualquier especulación. En todo caso, la obra cumbre de este hombre que vivió pocos años, Lazo Martí, es obviamente la muy famosa Silva criolla, que fue publicada en El Cojo Ilustrado en 1901. Y fue tejida a lo largo de los últimos años del siglo XIX y fue publicada allí en El Cojo Ilustrado una vez que el poeta decidió bautizarla como tal; él había pensado en otro título. Ese otro título en el que había pensado era Regional, y bueno, mientras trajinaba con distintas versiones del poema —que lo cambió muchas veces—, un poema muy trabajador, finalmente optó por el título Silva criolla.
No sé si es mejor que el título Regional, porque Regional es un muy buen título y en verdad, sin embargo, podemos decir que el título definitivo se ajusta mejor a lo que es el poema porque una silva como forma poética, como hemos dicho en programas anteriores, esto proviene del latín y una silva significa una selva. Es decir, el poema da una idea de variedad, de frondosidad, porque las selvas son así. Una selva no es un bosque de pinos, no es un bosque de pino o de araucaria, una selva es muy variada, hay árboles, hay arbustos, hay de todo en una selva y eso es lo que es una silva.
Y la estructura de este poema de la silva está compuesta por versos en decasílabos que respetan la rima consonante, pero que no se ciñen a un número predeterminado de versos como sí lo hace el soneto, que consta de 14 versos. Y esta libertad en la extensión ha llevado a que las silvas sean por lo general extensas y sean unos cantos largos. Por supuesto, aquí el parentesco de la Silva criolla de Lazo Martí con la locución a la poesía y la silva a la agricultura en la zona tórrida de Andrés Bello pues no son gratuitas. Verdad, nos viene dado, no solo es que viene dado por la escogencia de esta forma poética que fue muy apreciada por el neoclasicismo, sino que hay otro tipo de filiación.
No es solo que se escoge la silva, también está la atención a lo propio que está en Bello y que está en Lazo Martí. Aunque un sector de la crítica se empeña en negarlo, una cosmovisión del mundo según la cual la virtud está en el campo y el vicio de la ciudad. Bueno, esto es así, por ejemplo, Andrés Bello invita a la poesía en su poema La locución a la poesía y la invita a fijarse en América antes que en las ciudades europeas. Lazo Martí, por su parte, invita a un amigo no señalado a abandonar el festín citadino porque allí prospera el vicio. Y vemos que si en Bello, en su proyecto americano, convive la vida sana y productiva del campo, en Lazo Martí es lo mismo pero por distintas razones.
Para Andrés Bello se trata de la construcción de una república sobre la base de economías necesariamente agrícolas. Para Lazo Martí se trata del cantar a su tierra de lo que está enamorado, pero señalando a la ciudad como fuente de los vicios. Por otra parte jamás se sintió ofendido por el señalamiento vellista, todo lo contrario. Es evidente que Lazo Martí está retomando el proyecto americano de Bello, pero del proyecto americano rural de Bello; sin embargo, entre la Silva criolla y los poemas de Bello han transcurrido casi 80 años. De modo que el trabajo de Lazo Martí con el paisaje va mucho más allá de lo descriptivo, no estamos frente a una fotografía meramente documental.
Entre el poeta y su medio hay una relación emocional que subjetiviza el paisaje y lo hace otro, por más que el poema acepte una suerte de severidad neoclásica como conveniente. En el instante en que este rigor amenaza con hacerse retórico el poeta apela a sus pulsiones románticas y matiza el discurso, pero en esta combinatoria no se percibe con claridad la huella modernista. Es probable que el contacto de Lazo Martí con este movimiento fuese muy superficial o, por el contrario, ¿qué tal que fuese profundo? Y en ese caso la Silva criolla sería un alegato contra el modernismo. Bueno, no tenemos cómo saberlo porque él no lo dijo nunca y no tenemos pruebas documentales de esto, haya sido así.
Es una hipótesis. Tan solo podemos señalar que esta Silva criolla retoma el hilo abandonado de cierto rigor neoclásico, a veces parnasiano, sin olvidar las pulsiones románticas, porque romanticismo hay y no es poco en la Silva criolla. No solo el romanticismo en el poema es formal sino también se expresa en punto de vista. Por ejemplo, esa simplificación dicotómica entre el campo y la ciudad como si fuesen el cielo y el infierno, eso es romántico en muchos sentidos. Y en la Silva criolla hay un juicio implícito, una moral conservadora que proclama la atención al terruño como base exclusiva del discurso.
Paradójicamente, de los poemas criollistas escritos en Venezuela la Silva criolla es el de mayor entidad. Y digo paradójicamente porque pareciera que un discurso poético se fundamenta en esta moralidad excluyente, arrojaría a un resultado indeseable y desdeñable, pero no es así de ninguna manera. Y no es así porque el poema se va creciendo después de su primera parte, porque la parte dicotómica simple, maniqueísta, va cediendo espacio en la medida en que Lazo Martí cantándole a su tierra y ofrece su interpretación anímica-espiritual del paisaje. Pues el poema va perdiendo moralina y va ganando sustancia, complejidad.
Allí empieza a emerger el poema más allá de la moral dicotómica y el maniqueísmo. Y, para colmo de la ironía de lo que vengo hablando, la complejidad de la Silva criolla estriba en su sencillez. Esto parece un galimatías, pero no lo es. En esos versos que tocan la diana de lo cristalino, lo diáfano y lo metafísico, eso está subyacente en el paisaje llanero. Es bueno recordar que la consustanciación del poeta con el llano no solo lo lleva a blandir una lanza contra la ciudad, contra la urbe, contra el lugar del pecado, sino que también lo hace contra las montañas.
Recuerden estos versos de la Silva criolla: "Guárdate de las cumbres, pavorosas, enhiestas y sombrías. Las montañas serán eternamente la brumosa pantalla de tus días".
Ya regresamos. En breve continúa Venezolanos. Somos Unión Radio Cultural. ¿Estás escuchando Unión Radio Cultural? Este y otros programas de Venezolanos los puedes oír en formato podcast a través de anchor.fm, para alguna sugerencia sobre este espacio pueden escribirnos al correo rafaelarraiz@hotmail.com y en Twitter, arroba Rafael Arraiz.
Somos Unión Radio Cultural. Estamos de regreso con Venezolanos. Somos Unión Radio Cultural. En la parte anterior del programa les leí esos cuatro versos muy claros donde Lazo Martí le aconseja a su lector que se cuide de las montañas. De modo que sus batallas no son solo contra la ciudad sino también con las montañas. De modo que esa epifanía lazomartiana solo ocurre en el llano y hay una apología del llano.
Lo curioso es que esto se fundamenta en la negación de lo otro, es decir, la ciudad, las montañas, el mar, pero insisto: los mejores momentos de la Silva no son los negadores, son los que hacen la trama de lo propio. Los que saltan el llano al que él amaba. De modo que asunto distinto es si la epifanía a la que aludo se instaura sobre la flor de la tristeza o de la melancolía, ese otro aspecto, hay ahí el reclamo de cierta crítica por la tristeza que se respira en la Silva criolla. Bueno, ¿y cuál es el problema con la tristeza?
¿Acaso no es una prueba de su valor? No se le está reclamando algo absurdo; decir esto es una crítica poco literaria, sino más bien anímica. Uno de los rasgos más favorables de este poema, a mi juicio, es que subjetiviza el paisaje. Lo significativo que ofrece no pretendió hacer la relación objetiva del paisaje y la vida llanera; él no quiso ser un mural realista o fresco hiperrealista, sino que interiorizó el paisaje, incluso esto se ha esgrimido como una falta, irónicamente es la virtud de este poema. Ese poema no está para relatar la realidad del llano, ese poema está para que Lazo Martí diga cómo es el llano según su visión del mundo.
Es un llano subjetivo, en cierto sentido impresionista, y gracias a Dios que fue así y que Lazo Martí no se dejó tentar por el relato épico, por ejemplo, que hubiese sido un camino lamentable en este caso. Bien, y ahora veamos a otro autor criollista como lo fue Udón Pérez, nacido en 1871 y fallecido en 1926. Zuliano, nació en Maracaibo, y el criollismo de este poeta se circunscribió a los alrededores del lago de Maracaibo y su abundancia lírica no se hizo esperar; así como Lazo Martí escribió poco, Udón Pérez escribió mucho. Pero a Udón Pérez no solo lo sedujo la descripción paisajística sino que también va a retomar el hilo con el que tejió José Ramón Yepes y penetró o se adentró en la selva de las leyendas indígenas.
Que es una de las formas del criollismo y una de las formas de la atención a lo propio. Y él buscaba allí una imposible objetividad con ese discurso de sus cantos, y hasta en sus títulos los nacionales se anunciaban con un gran brío, por ejemplo. Un título de 1908: La leyenda del lago; otro de 1913: Ánfora criolla. ¿Por qué estoy hablando de títulos del siglo XX y no del siglo XIX? Porque el criollismo, por más que se expresó también en el siglo XX, nace como reacción en el siglo XIX y en cierto sentido es un movimiento del siglo XIX; cuando todavía se cultiva en el XX ya lo hace solapado, minimizado, ensombrecido por la vanguardia. Entonces, por eso estamos hablando de autores que han publicado en el veinte pero cuya sustancia proviene realmente del siglo diecinueve.
Bueno, a diferencia de Lazo Martí, Udón Pérez sí busca el discurso épico, el discurso realista, por encima de la subjetividad que hallamos en Lazo Martí. De modo que eso puede conducir a que los logros de Udón Pérez sean menores, yo creo que sí, es menos interesante el discurso épico que las subjetividades o la subjetivización del paisaje que es lo que logra Lazo Martí. Y también hay otro autor criollista que es Sergio Medina, nacido en 1882 y fallecido en 1933, un poeta esmerado, sus poemas cantan al paisaje aragüeño, a su faena natural. Y en su obra, como en alguna medida ocurrió con la de Lazo Martí, se escucha el eco de formas neoclásicas emparentadas con el ambiente bucólico virgiliano de los poetas de comienzos del siglo XIX.
Aunque también uno escucha en su poesía la voz romántica, también pasa allí. Piense que tanto Udón Pérez como Sergio Medina, como José Domingo Tejera o como Mercedes de Perfreites siguen el camino que se reanima a partir de la obra de Lazo Martí, ese camino criollista. Pero, como dije antes, es de hacer notar que sus poemarios ya eran contemporáneos de agrupaciones de comienzos del siglo que habían abandonado el modernismo y el criollismo y que habían abrazado la vanguardia, que fue el movimiento con el que se estrena el siglo XX en el mundo y en Venezuela, en particular.
De modo que si el modernismo va a sembrar sus semillas cosmopolitas exóticas internacionales, y eso lo hace junto con el hedonismo, el exotismo y también el escepticismo, el criollismo por su parte, como he tratado de decir a lo largo de todo este programa, trae en sus maletas el llamado al orden del nacionalismo, de atender a lo criollo, a lo propio, a lo nacional, a lo venezolano en el caso venezolano, porque criollismo también hubo en otras geografías. Nosotros estamos trabajando literatura venezolana, como es obvio. De modo que lo que va a latir detrás de los enunciados es el corazón de las ideas nacionalistas de principios del siglo XIX que están vivas a finales del siglo XIX y más aún están vivas durante buena parte del siglo XX.
El nacionalismo, una fuerza muy importante desde el punto de vista psicológico, filosófico, político, y aquí en literatura se va a expresar a través de esa corriente literaria que es el criollismo. De modo que no es gratuito el homenaje que le hace Lazo Martí a Andrés Bello. No es gratuito ninguno más urgido por la afirmación de un proyecto nacional que Andrés Bello, pero la urgencia de Bello estriba en que se están fundando unos Estados modernos ya independizados del Imperio Español y que esos Estados requieren hacer el perfil de lo propio, de lo sustancial. Y Andrés Bello a principios del siglo XIX no podía pensar en otro territorio, otra geografía que el campo, pero ya estamos ochenta años después, a finales del siglo XIX, y eso es lo que está haciendo de nuevo el criollismo.
Y esto nos lleva a pensar que realmente al poder subversivo del modernismo va a encontrar su contrapartida conservadora en el criollismo. Sin que por el hecho de ser una manifestación reaccionaria, el criollismo pudiéramos decir que reacciona frente al modernismo, en ese sentido es una manifestación reaccionaria. Tampoco podemos decir que el criollismo tiene unos logros lamentables o desdeñables. Hablamos de Urbaneja Achelpohl con su libro En este país, hablamos de Lazo Martí con unos cuantos logros, de modo que por más que entendemos la condición conservadora y reaccionaria en el criollismo también señalamos que tuvo logros literarios muy importantes.
Bien, hasta nuestro próximo encuentro, que será ya en una serie distinta, esta que culmina con este séptimo capítulo donde hemos revisado la literatura venezolana del siglo XIX. Y este programa es posible gracias al equipo conformado por Isabela y Turrisa, Inmaculada Sebastiano, Carlos Javier Virgüez, Juan Juárez, Fernando Camacho y Giancarlos Caravaggio. También puedes seguir la transmisión en vivo en www.mundour.com, debes buscar las pestañas de radio en vivo, bajar y darle clic en Unión Radio 90.3. Recuerda que nos puedes seguir en arroba MundoURWeb, en arroba RadioEscuelaUR y en arroba Rafael Arraiz, en Twitter, mi número de productor nacional independiente 30.720