Serie La Electricidad de Caracas. Cap 1.

Serie Elecar. Cap 1.

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Rafael Arráiz Lucca en Unión Radio. Venezuela transmisión en vivo en www.mundour.com, debes buscar la pestaña de radio en vivo, bajar y darle clic en Unión Radio 90.3. Recuerda que nos puedes seguir en arroba mundourweb, en arroba Radio Escuela UR y en arroba rafaelarraiz, en Twitter.

Mi número de productor nacional independiente 30.720. ¡Bien! En esta nueva serie, La Electricidad de Caracas, una historia luminosa, nos proponemos estudiar el desarrollo de una empresa venezolana fundada por Ricardo Zuluaga a finales del siglo diecinueve, emplazada en la ciudad de Caracas y precisamente destinada a servir a esa ciudad.

La Electricidad de Caracas es una clásica empresa de servicios públicos, específicamente dedicada a la producción, distribución y comercialización de energía eléctrica. Seguiremos el rastro de una gerencia que fue articulándose sobre la base de largos períodos administrativos encabezados por apenas cuatro gerentes en 100 años. Me refiero a las cabezas gerenciales de Óscar Augusto Machado, que comenzó siendo un subalterno de la cabeza gerencial pionera, que fue Ricardo Zuluaga.

El tercero en la línea de sucesión gerencial, primero Zuluaga, después Óscar Augusto Machado, el tercero va a ser Óscar Machado-Zuluaga, quien comenzó siendo un empleado de categoría muy baja y alcanzó la cima de la organización después de años de experiencia y de formación dentro de la propia organización. Y si bien es cierto que este patrón no fue exactamente igual con Francisco Aguérrevere, el cuarto, no es menos cierto que Aguérrevere venía a desempeñarse con éxito en una empresa pública generadora de electricidad, me refiero a Edelca, Electrificación del Caroní. Allí había adelantado sus tareas con eficiencia y luego había comenzado a trabajar primero como gerente general de La Electricidad de Caracas y tres años después sucede a Machado-Zuluaga en su conducción de la empresa.

De modo que el seguimiento de estas cuatro gerencias empresariales, desarrolladas por ingenieros, es evidente que las habilidades fueron aquilatándose en el tiempo y que, salvo Zuluaga, ninguno llegó a encabezar la empresa de su operación administrativa y técnica sin antes conocerla a fondo. Y haberse movido entre todos sus conductos. Evidentemente no podía ser este trayecto que señalo, ya que Zuluaga fue el fundador y su experiencia era nula como todo fundador, habiéndose forzosamente guiado por su intuición, su prudencia y también su arrojo, porque lo tuvo y mucho.

Bien, entonces aquí vamos a seguir una relación de los hechos, además del pulsar en latido de una gerencia que se aquilató en el tiempo, también supone el cambio de las fuentes generadoras de electricidad, ya que si la empresa se inició aprovechando las aguas del río Guaire y luego las del río Mamo, siendo una empresa pionera en la hidroeléctricidad en Venezuela, pues a partir de la explotación petrolera a gran escala y del desarrollo tecnológico termoeléctrico la fuente energética cambió de la hidroeléctrica a la termoeléctrica. Y luego, con el enorme desarrollo de las fuentes hidroeléctricas en el país, aprovechando las aguas del río Caroní, La Electricidad de Caracas pasó a ser una empresa distribuidora de energía en buena medida y también la producía porque tenía una planta termoeléctrica en Tacoa. De modo que vamos a seguir el paso de estos avances tecnológicos que trajeron cambios radicales, tampoco vamos a olvidar el entorno político en el que se dio este desarrollo.

Un entorno signado por vicisitudes y por cambios de políticas energéticas nacionales y, por supuesto, las regulaciones aplicadas tanto a la actividad industrial como a las tarifas cobradas por el servicio. Nos anima la idea de observar el movimiento, los actores principales que hemos escogido tanto en el ambiente de la empresa que liderizaron como en el entorno social en donde les tocó moverse, desempeñarse. No olvidamos que el fin último de nuestra observación no es más que, al desbujar el trabajo de unos gerentes de una empresa de servicio, es el valor del desempeño de la empresa como entidad que se nutrió tanto en la experiencia de estos hombres asumiendo como los otros muchos que trabajaron en otras instancias.

Además, La Electricidad de Caracas llegó a ser la compañía venezolana con mayor cantidad de accionistas. Tenían 60.000 accionistas, ya que sus acciones se transaban libremente en la Bolsa de Valores de Caracas, al punto que el fundador Ricardo Zuluaga y sus herederos jamás tuvieron la mayoría accionaria de la empresa. Y voy a intentar responderme una pregunta a lo largo de esta serie. La pregunta es esta: ¿por qué una empresa privada, emblemática, venezolana de servicios públicos como fue La Electricidad de Caracas pasó de manos nacionales en la mayoría de su capital y de su gerencia a una estructura globalizada en su capital, después de un siglo de funcionamiento exitoso, cuando La Electricidad de Caracas fue comprada por AES?

Ya veremos eso que ocurrió al principio del siglo XXI, pero vamos a comenzar en 1897. La empresa se fundó bien y para este trabajo hemos apelado a fuentes documentales directas. Eso supone documentos, actas de juntas directivas, declaraciones, principios, entrevistas que hemos hecho, muchas, para poder construir esta historia. Y comencemos por los antecedentes de la electricidad en el mundo, en el entorno internacional, por supuesto.

El primero que registró un fenómeno eléctrico fue Tales de Mileto, que vivió entre el 630 y el 550 a. C. Y esto lo hace Tales de Mileto alrededor del año 600 a. C. Advirtió que el ámbar, al ser frotado, atraía los objetos cercanos. Siglos después, Teofrasto, que vivió entre 374 y 287 a. C., redactó un texto donde dejaba sentado que no sólo el ámbar poseía esos poderes de atracción y estaba escribiendo probablemente, sin saberlo, el primer estudio científico sobre la electricidad.

Ya después, muchos siglos después, cuando Isabel I de Inglaterra le encarga al físico William Gilbert el estudio de los imanes con el objeto de optimizar la precisión de las brújulas de navegación, entonces se están sentando las bases para la investigación del magnetismo y la electrostática. Además, a William Gilbert le va a corresponder el honor de haber sido primero en divulgar el vocablo griego electrón, que significa ámbar. Y en su honor se denominó luego la unidad de medida de la fuerza magnetomotriz. Ya después, en 1672, el físico alemán Otto von Guericke diseñó la primera máquina electrostática, con la que se produjeron descargas eléctricas.

Pero este aparato no tuvo mayores consecuencias prácticas. En 1729 el físico inglés Stephen Gray descubrió las corrientes de influencia eléctrica e investigó acerca de la naturaleza de los cuerpos conductores y los cuerpos no conductores. Pero uno de los pasos sustanciales lo dio François de Cisternay du Fay, cuando demostró la existencia de un solo polo negativo y otro positivo. Eso fue en 1733.

Doce años después se construyó la famosa botella de Leyden en la que pudo almacenarse por primera vez electricidad estática. Esta pieza científica e histórica debe su nombre a la Universidad de Leiden, en Holanda, y su creación fue obra de los científicos Ewald Georg von Kleist y Pieter van Musschenbroek. En la próxima parte del programa veremos otra secuencia de avances en descubrimientos e inventos en relación con la electricidad. Ya regresamos. En breve continúa Venezolanos, somos Unión Radio Cultural.

Al panorama internacional, con noticias y sucesos que repercuten en Venezuela y el resto del mundo. En la época comunista, la Unión Soviética tenía su área de influencia, la cortina de hierro, y además tenía sus fuerzas dentro del Pacto de Varsovia, concentrada militar con armas nucleares, y los Estados Unidos en la OTAN habían hecho también una alianza con países occidentales frente a las amenazas soviéticas, reseñando los hechos mundiales que son parte de la memoria de la unidad Brújula Internacional con Julio César Pineda, sábados 13 de la tarde, domingos 6 de la mañana. Somos Unión Radio Cultural.

Estamos de regreso con Venezolanos, somos Unión Radio Cultural. Bien, en la parte anterior del programa hacíamos una relación cronológica de los inventos vinculados con la electricidad y en 1752 Benjamín Franklin comprobó la naturaleza eléctrica de un rayo e inventó el pararrayos. En 1766, Joseph Priestley logró probar que las fuerzas en función entre cargas eléctricas varían de manera inversamente proporcionada a la distancia que las separa. Y diez años después Charles de Coulomb creó la balanza que midió con precisión las fuerzas entre cargas eléctricas, de allí que una unidad de medida de una carga eléctrica se denomine con el apellido del científico francés: coulomb.

Y el siglo XIX es determinante para los avances en el aprovechamiento de energía eléctrica. Alejandro Volta se inspira en los experimentos de Luigi Galvani sobre las corrientes eléctricas nerviosas en las ancas de las ranas y logra construir la primera pila eléctrica. Este avance dio pie a los posteriores inventos del telégrafo, ya que se advirtiese la existencia de la electrólisis y la galvanoplastia, todo ello entre 1800 y 1876.

Humphrey Davy va a desarrollar la electroquímica y en 1815 crea la lámpara de seguridad para mineros. Luego André Ampère asienta los fundamentos de la electrodinámica ya en 1823, y ocho años después Michael Faraday establece que el magnetismo produce electricidad por medio del movimiento. Y en 1835 Samuel Morse crea el telégrafo y en 1854 William Thomson propició el desarrollo del cable trasatlántico. En 1868, el belga Zénobe Gramme dio un paso fundamental: fabricó la primera máquina de corriente continua, el dínamo, que ha sido la piedra de base de la industria eléctrica. Este es un momento importante en 1868.

Luego, en 1876 Alexander Graham Bell inventa el teléfono y en 1881 Thomas Alva Edison creó la primera lámpara incandescente, el bombillo, y al año siguiente instala el primer sistema eléctrico que ofrece iluminación incandescente en Nueva York. Y en 1888 ocurre otro hecho capital protagonizado por un personaje legendario, Nikola Tesla. Desarrolla la teoría de los campos rotantes. Esto dio pie a los generadores de corriente alterna que es la base del sistema eléctrico de la actualidad.

Aquí, Tesla le vendió la propiedad intelectual de sus inventos a George Westinghouse y este fue el que los comercializó en América. Y en 1897, Westinghouse enciende los motores de la primera planta de generación comercial de electricidad, en el Niágara. Y entonces Venezuela se va a insertar en esta cadena de avances en 1856, cuando el ingeniero Manuel de Montúfar va a atender la primera línea de telégrafos entre Caracas y La Guaira, con el respaldo del gobierno de José Tadeo Monagas.

Luego, el sabio venezolano Vicente Marcano en 1873 alumbra la plaza Bolívar de Caracas por unas horas, cosa que también hace al año siguiente Adolfo Ernst. Luego, en 1883, con motivo del centenario del natalicio del Libertador, celebrado por el general Antonio Guzmán Blanco, el empresario Carlos Palacios ilumina buena parte del centro de Caracas. Y en 1888, estando Hermógenes López encargado de la presidencia de la República, ya al final del tercer período de gobierno de Antonio Guzmán Blanco, el empresario Jaime Felipe Carrillo hace lo mismo en Maracaibo, mientras Hermógenes López dota de alumbrado público a Valencia.

Esta va a ser la prehistoria de NLBEN y Manuel Pérez Vila, el gran historiador, en su entrada "Alumbrado público" del Diccionario de Historia de Venezuela de la Fundación Polar, señala a Maracaibo como la primera ciudad del país con un alumbrado eléctrico regular. Dice Pérez Vila literalmente: "Fue Maracaibo donde al parecer no llegó a instalarse nunca el sistema de gas, la primera ciudad de Venezuela que contó con un servicio público continuo basado en la luz eléctrica". Y ciertamente las experiencias de Valencia y Caracas no gozaron de la regularidad que se dio en la capital del Zulia, donde otros avances al progreso también encontraron tierra fértil primero que en otro lugar.

Por ejemplo, el cinematógrafo: la primera escena filmada en Venezuela ocurrió en Maracaibo. Y en 1893 el empresario Emilio Mauri extiende el servicio de alumbrado público en Caracas y el ingeniero Carlos Alberto Lares hace lo mismo en Mérida. Y ese mismo año se crea el Alumbrado Eléctrico de la Ciudad de Puerto Cabello, sobre la base del contrato de suministro originalmente firmado entre Francisco de Pablo Quintero y la municipalidad de Puerto Cabello. En 1895 se constituye La Electricidad de Valencia, una iniciativa atribuida a Carlos Ernesto Stelling.

Y un año después, una pequeña planta hidroeléctrica en las cercanías de Barquisimeto alumbraba algunos días de la semana el centro de la ciudad, pero dos años después fue incendiada por los vencedores de una de esas tantas reyertas en la vida pública venezolana del siglo diecinueve. De modo que fue esta la primera central hidroeléctrica del país en Barquisimeto y por sus pequeñas dimensiones y su corta existencia, menos de dos años, suelen dejarla en el olvido cuando se formula la relación de los hechos atinentes al desarrollo de la electricidad en Venezuela.

Como vemos hasta la fecha, todos los servicios de alumbrado público en el país son de discretas dimensiones dada la dificultad existente de transportar por grandes distancias la energía sin que se pierda. La excepción hidroeléctrica de Barquisimeto no llega a ser tal, ya que la planta quedaba muy cerca de la ciudad, en el río Turbio. De modo que el sueño que alimentaba el joven Ricardo Zuluaga al materializarse algunos años después haría desde su central hidroeléctrica la primera de Hispanoamérica y la segunda de América.

La primera, lo dijimos antes, fue la que se inauguró en 1896 cuando el señor Westinghouse encendió la central hidroeléctrica que aprovechaba las aguas del río Niágara, en los Estados Unidos. ¿Quién es Ricardo Zuluaga entonces? Bueno, su biógrafo Juan Roel dice que una tarde de 1891, en la que el ingeniero egresado de la Universidad Central de Venezuela en 1888 ojeaba una revista.

Al parecer allí dio con la clave de lo que se constituiría en la materia de su realización profesional. En esa publicación, en esas revistas, explicaba que en Alemania, entre Frankfurt y Lauffen, se experimentaba con éxito el transporte de electricidad a distancia, a través de la corriente alterna que había descubierto Nikola Tesla. Como sabemos, el problema con la energía es que se perdía en el trayecto entre las fuentes y la lámpara y no se había podido extender eficazmente el invento de la electricidad. No se sabía cómo transportar la energía; se sabía cómo producirla, pero no se sabía cómo transportarla sin que se perdiera por el camino, y esto según la publicación científica comenzaba a quedar resuelto.

Por este motivo, Zuluaga, esto se le presentó como una revelación, como un proyecto de vida. Imagínense alguien que está leyendo una revista y a partir de allí se le enciende el bombillo, para decirlo en criollo, en este caso todavía más apropiadamente. Y le consagró la vida a esto. La solución señalada estribaba en utilizar corriente alterna trifásica en vez de directa, con lo que la energía no se perdía en el trayecto y podía comenzar a pensarse en aprovechar la energía en lugares naturales distantes de los centros urbanos y transportarla por cables de alta tensión hasta los lugares requeridos.

Esto se pudo lograr gracias a que Mikhail Dolivo-Dobrovolsky había desarrollado una técnica de producción de corriente alterna trifásica a 175 kilómetros en Frankfurt y se lograba que esta energía llegara incólume hasta la ciudad. Así fue como la industrialización de la energía eléctrica hizo posible, como queda demostrado. En la próxima parte del programa seguiremos viendo estos hechos. Bien, veníamos comentando que la corriente alterna trifásica podía verse en Frankfurt y allí se había convocado una exposición internacional de electricidad precisamente en el año de 1891.

De modo que cuando Zuluaga accede a la información a través de la revista científica, el adelanto en cuanto a aprovechamiento y transporte de energía eléctrica a través de grandes distancias acababa de darse a conocer. Entre el instante de aquella chispa encendida en la mente de Zuluaga y las reacciones del estatuto de la Compañía Nacional Anónima La Electricidad de Caracas, en 1895, han pasado cuatro años de avatares que vamos a revisar. Pero primero veamos también quién era Ricardo Zuluaga Tobar.

Era hijo del ingeniero militar Nicomedes Zuluaga Aguirre y de Anita Tobar y Tobar. Por la rama paterna descendía el primer Zuluaga que emigró a Venezuela procedente de Aspetitia en Gipuzkoa. Se llamaba Juan Lorenzo Zuluaga y Ugarte, de quien sabemos que casó con Rosa María de Rojas Queipo en San Joaquín, estado Carabobo, en el año 1793, e inferimos que llegó al país pocos años antes. Por la rama materna descendía de los Tobar, arraigados desde comienzos de la colonia en el país por parte de abuela, y un inmigrante español llamado Antonio Tobar.

La madre de Ricardo Zuluaga Tobar, como es evidente, era hermana del gran muralista venezolano del siglo XIX, Martín Tovar y Tovar. Y para la reconstrucción de las ramas familiares en las que se entronca Zuluaga hemos acudido al árbol genealógico de la familia Zuluaga elaborado por Nicomedes Zuluaga Mosquera, hasta la fecha inédito. Ese hogar de don Nicomedes y doña Anita estuvo compuesto por nueve hijos, y Ricardo fue el último.

De modo que cuando su padre muere en 1872 Ricardo contaba apenas con cinco años de edad, casi no lo conoce. Por ello siempre recordó a su hermano mayor Antonio como si hubiera sido su padre. La infancia de este niño estuvo muy lejos de transcurrir sobre un lecho de rosas. Al cumplir 12 años fue cuando pudo comenzar a educarse, ya que las penurias familiares no le habían permitido hacerlo.

En cambio, su infancia transcurre en la hacienda Mopia de los abuelos Tobar, donde la naturaleza fue su compañera hasta que la madre logra mudarse a Caracas a vivir en la casa de su hermano, perdón, el pintor, mientras que estaba en París. Y es entonces cuando el adolescente es guiado en sus estudios por el licenciado Agustín Aveledo. En 1888 se gradúa de ingeniero y comienza su vida profesional. Entonces cuenta con 21 años y en lo inmediato se empeña en la construcción civil.

Se le atribuye la construcción de una capilla y un puente. Luego lo encontramos en Puerto Cabello habiendo instalado una fábrica de hielo con Manuel Felipe de Gurusciaga, pero el negocio no llegó a conocer la prosperidad y Zuluaga tuvo que regresar a Caracas. En el año 1891, cuando la lectura de la revista extranjera le revela los avances en la transmisión de electricidad a distancia, contaba con 24 años de edad.

Al año siguiente se embarca hacia Europa para comprobar in situ lo que la lectura le había deparado. En Suiza se radicó por unos meses a estudiar el funcionamiento de lo que le ocupaba completamente el ánimo y, a su regreso en 1892, ocurrió una crecida de grandes magnitudes del río Guaire. Este fenómeno le llevó a recorrer el curso del río hasta que dio con un lugar ideal para la estación hidroeléctrica con la que soñaba. Es el sitio conocido como El Encantado, quedada a 17 km de Caracas y con el paso del ferrocarril central de Venezuela muy cerca de ese sitio, pues se le hizo el indicado para su proyecto.

Procedió a comprar el terreno de El Encantado y de una vez adquirió otro sitio 3 km corriente abajo, lo que revela que ya tenía en mente una segunda planta hidroeléctrica, cuando ni siquiera había comenzado a construir la primera. Estas compras, que adelantó por cierto, las hacía a título personal y gracias a un préstamo que le otorgaba su hermano Carlos Zuluaga, que sí disponía de una situación económica holgada, condición que Ricardo no tenía para nada. Hasta la fecha contamos con un soñador, un soltero, y ha comprado dos terrenos situados en el curso del Guaire con dinero prestado por un hermano generoso y el convencimiento de que es técnicamente posible construir una central hidroeléctrica allí, con la singular circunstancia de que semejante empresa no se había adelantado antes en Venezuela ni en ningún país de Hispanoamérica.

Bueno, como es de suponer, no resultó fácil la recolección de fondos para crear una corporación que superara aquel proyecto o albur. A muchos caraqueños les hacía gracia las aventuras de Zuluaga, les resultaba aquella idea de represar un río y hacerlo pasar por unas turbinas para producir electricidad una idea descabellada, lo menos. No obstante, Zuluaga logró reunir a un grupo de inversionistas dispuestos a arriesgar su capital en la empresa de construir una central hidroeléctrica que surtiera a la ciudad de Caracas.

En este hecho fundacional se registra por otra parte lo que va a ser característica en la empresa durante toda su existencia en manos del capital venezolano. Me refiero al hecho según el cual los gerentes que desarrollaron la institución nunca fueron los principales accionistas de la compañía. Ni siquiera Zuluaga, el fundador, lo fue. El tener que convencer a capitalistas para arriesgar su dinero en la aventura revela claramente que él mismo no contaba con los recursos para dar los pasos iniciales.

Su hermano Carlos le facilitó lo necesario para la compra de los terrenos a título personal, que luego integraron el capital de la empresa y constituyeron, verdad, el aporte principal al capital general de la compañía, pero esto no fue suficiente y se hizo necesario más capital para la compra de la maquinaria hidroeléctrica propiamente. De modo que ni siquiera en sus inicios la empresa perteneció a quien le había dado forma y a quien la administraba. Esto, como puede colegirse, aparta a la compañía de los modelos de empresas familiares, ya que nunca lo fue.

Como si La Electricidad de Valencia perteneciente en casi su totalidad al capital accionario de la familia Stelling y el hecho de no haberse constituido como una empresa familiar, conduce a que el capital accionario no esté desde el comienzo en las pocas manos de un conjunto familiar como era la familia Zuluaga. Muy por el contrario, ya veremos cómo la tendencia a abrir cada vez más el número de accionistas fue el camino indispensable para alcanzar financiamiento, en una empresa que demandaba grandes cantidades de capital dada su propia naturaleza.

Y desde el punto de vista jurídico, la primera asamblea de accionistas en la Compañía Anónima La Electricidad de Caracas tuvo lugar el 16 de noviembre de 1895, fecha en que quedó constituida la empresa. El número inicial fue 25. Entre ellos se encontraban Alberto Smith, José Antonio Mosquera Hijo, José Antonio Olavarría, Aches Jiménez, Ache Olavarría, Pedro Salas, Francisco Sucre, la agencia Helmond, Ricardo Rufet, Santiago y Luisa Sosa, los señores Francia y su compañía, y por supuesto los miembros de la Junta Directiva.

En los estatutos fundacionales, la empresa consta en su artículo 5 que el capital social es 500 mil bolívares, de lo cual 300 mil lo aportan en efectivo los accionistas y 200 mil se le reconocen a Ricardo Zuluaga de la siguiente forma: 200 mil bolívares, o sean 400 acciones liberadas, que se reconocen a Ricardo Zuluaga por el aporte que hace a la compañía. Primero, de dos propiedades situadas en El Encantado y Los Naranjos, rivereñas ambas del Guaire. Segundo, una concesión del Concejo Municipal del Distrito Federal para utilizar y vender fuerza en Caracas por vía eléctrica. Tercero, de un permiso del gobierno nacional para colocar postes y tender alambres en los caminos públicos.

Cuarto, un permiso del Concejo Municipal del Distrito Sucre para colocar postes y tender alambres en dicho distrito. Y quinto, de sus estudios y proyectos en el negocio. En la próxima parte del programa veremos quiénes integraron aquella primera reunión de la Junta Directiva de la empresa el 19 de noviembre de 1895 y quiénes presidieron esa Unión Radio Cultural.

Este y otros programas de Venezolanos los puedes oír en formato podcast a través de anchor punto FM. Para alguna sugerencia sobre este espacio pueden escribirnos al correo rafaelarraiz@hotmail.com y en Twitter, arroba rafaelarraiz.

Somos Unión Radio Cultural. Miguel Delgado Estévez y Laureano Márquez, una manera diferente de contar las cosas. Divagancias, sábados cuatro de la tarde. En la parte anterior del programa, que vea aquella primera reunión de la Junta Directiva, la empresa tuvo lugar tres días después de la protocolización de los estatutos. El presidente fue Juan Esteban Linares, los directores principales Eduardo Montován, Mariano Palacios, Tomás Reina y Heriberto Lobo.

Los directores suplentes, Carlos Machado Romero, Charles Rol, José María Ortega Martínez, Julio Sabaz García y Carlos Zuluaga. Y el gerente Ricardo Zuluaga. Todos los integrantes de la Junta Directiva eran personas de reconocida solvencia. De Linares Juan Esteban, por ofrecer un solo ejemplo, en El Cojo Ilustrado en enero de 1892 se afirmaba: "El señor Juan Esteban Linares, comerciante acaudalado de Caracas, rico por su trabajo y por su inteligencia, tiene sangre y nervios progresistas y generosos".

Un solo ejemplo: la Junta Directiva autoriza el viaje de Zuluaga a Europa con el objeto de adquirir la maquinaria necesaria para la puesta en funcionamiento de las centrales hidroeléctricas. En el interín de seis meses de ausencia, quedan encargados de la obra los ingenieros Jorge Nebet y Felipe Aguérrevere. Zuluaga parte inmediatamente el 11 de diciembre y regresa en mayo del año siguiente. Los suizos de las firmas Oerlikon y Escher Wyss le han brindado todo su apoyo.

La obra está en marcha y el año de 1896 fue intenso en trabajos de ingeniería. Se taladró el cerro para poder hacerle espacio a las líneas de la tubería y, para colmo, el dinero escaseaba y la gente financiera de la época no se arriesgaba a prestarle recursos monetarios a aquella quimera. De nuevo, la confianza de los integrantes en la Junta Directiva se expresaba en apoyo financiero. A la par, Zuluaga lograba comprensión y entusiasmo con los obreros comprometidos por esa empresa titánica.

El 29 de octubre de 1896 la Asamblea de Accionistas aumentó el capital en 200.000 bolívares, suma que no era poca para la época, pero que sin embargo los accionistas aportaban confiados en Zuluaga y en la viabilidad del negocio. Para completar el cuadro que acercaba a la empresa al abismo y alimentaba la angustia, las maquinarias compradas en Europa no terminaban de llegar. Los días pasaban, el desánimo aumentaba y las arcas seguían vaciándose.

Estas máquinas, cuyos importes ya habían sido cancelados, al fin hicieron el recorrido desde el puerto de La Guaira hasta un despeñadero del río Guaire a 17 kilómetros de la capital. Y fue durante el primer semestre de 1897 cuando los trabajos siguieron su curso natural, no así las finanzas de la empresa. De modo que el 19 de junio se reunió una asamblea extraordinaria de accionistas donde, ante la negativa crediticia que padecía la empresa, no quedó otro remedio que aumentar en 175.000 bolívares el capital y ya entonces los accionistas comenzaban a llevarse las manos a la cabeza.

Los aliviaba el hecho de que después de varios intentos fallidos pudieran instalarse las turbinas con éxito y la puesta en funcionamiento de la central hidroeléctrica era inminente. Bueno, ya es de hacer notar que todos estos momentos capital se hacían sin que Zuluaga tuviera dinero con el que pudiera respaldarlos, de tal modo que cada vez su porcentaje de acciones iniciales se reducía. Esto ha debido ser sumamente tenso para él, ya que si la empresa tenía éxito las ganancias no iban a engrosar sus bolsillos sino los de los accionistas que arriesgaron su capital, y si fracasaba, pues no cabía la menor duda, el responsable sería él.

Y al fin llegó el día soñado por Zuluaga, soñado por él en 1891. Son seis largos años los que habían transcurrido desde entonces, seis años en lo que el empecinado ingeniero se montaba en la mula del centro de Caracas a la esquina de La Pelota y llegaba horas después al despeñadero de El Encantado, a batallar con unos obreros a veces entusiastas o otras veces abatidos por el cansancio. De modo que hay mucho de don Quijote en la personalidad de aquel joven que, aunque resulte increíble, no disponía de un salario por parte de una empresa que hasta la fecha sólo había provocado desembolsos, no tenía ningún ingreso.

Tampoco podía disponer de algún empleado administrativo que lo ayudara en los trabajos de redacción de las cartas, de los informes y además en la búsqueda de los primeros clientes. Y una vez inaugurada la planta, alguien tenía que comprar sus servicios. De lo contrario, aquello habría sido en vano. El 8 de agosto de 1897 se inauguró la planta hidroeléctrica de El Encantado. Al acto asistieron el presidente de la República, general Joaquín Crespo, y sus ministros de Obras Públicas, Guerra y Marina.

Las palabras de inauguración fueron pronunciadas por el presidente de la empresa, Juan Esteban Linares, y contestadas por el ministro de Obras Públicas, el general Juan Úslar. Entonces Linares afirmó, según fue recogido por el diario Ecos, dijo esto: "La realización de esta obra que hoy inauguramos, la primera no sólo en Caracas sino en Venezuela y tal vez en América del Sur, es triunfo de nuestra civilización cuyos beneficios y resultados han de desparcirse para todo el país, pues la comprobación de su facilidad y beneficio será eficaz estímulo para su propagación y es triunfo también del patriotismo, porque ella se debe a la iniciativa particular de un grupo venezolano".

Y el general Úslar contestó por su parte, según refiere este mismo periódico, lo siguiente: "En nombre del Ejecutivo Nacional y singularmente en el del presidente de la República, deseo el éxito más cabal a esta obra de progreso que involucra el desenvolvimiento de las industrias de Venezuela y me permito felicitar al ingeniero señor Zuluaga que la ha realizado y a la Junta Directiva de la empresa". El mismo día en la inauguración de la planta de El Encantado, la Cervecería Nacional, que fue el primer cliente de La Electricidad de Caracas, esa noche encendió los focos y ofreció un obsequio a sus clientes relacionados y amigos, mientras la música sonaba y el espacio iluminado era el acontecimiento de la noche caraqueña.

De ello quedó constancia en La Prensa, allí también se dijo esto: "Esta fiesta animó los salones de la Cervecería Nacional hasta ahora que los astros están en la mitad de su camino", como decía el cisne de Mantua. Bien, y en el contrato de energía eléctrica La Electricidad de Caracas se comprometía a suministrarle a la Cervecería Nacional la cantidad de 75 caballos de fuerza cada 24 horas, pero al día siguiente Zuluaga volvía a sus dificultades.

Los posibles compradores del servicio eléctrico no estaban convencidos de su eficiencia y optaban por rechazarlo. A Zuluaga la empresa no le quedó otra alternativa que ofrecer el servicio a pérdida por seis meses. Zuluaga y su pequeño equipo instalaban los motores necesarios en las fábricas y ofrecían energía gratis, con lo que lograban convencer al usuario de las bondades del servicio y pasado el semestre cobraban por él. Imagínense esto, mientras tanto la recuperación de la inversión era lenta y dificultosa.

Incluso en varias oportunidades, Zuluaga se vio en necesidad de comprarles las viejas máquinas de vapor a los dueños de las fábricas para poderlos entusiasmar con el servicio que se ofrecía. Bien, hasta aquí esta primera oportunidad. En nuestro próximo programa continuaremos viendo esta epopeya increíble de Ricardo Zuluaga y su planta eléctrica de El Encantado, la necesidad de ofrecer gratis la electricidad por seis meses porque los posibles compradores no confiaban en este avance, en este avance de modernidad.

Habló para ustedes Rafael Arráiz Lucca, como siempre un gran placer. Me acompaña en la producción Inmaculada Sebastiano y en el control técnico Giancarlos Caravaggio. A mí me consiguen por mi correo electrónico rafaelarraiz@hotmail.com y en Twitter, arroba rafaelarraiz. Hasta nuestro próximo encuentro en esta nueva serie sobre la electricidad de Caracas.

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