Serie El Sistema, 50 años. Cap 1.
Serie El Sistema, 50 años. Cap 1.
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Venezolanos: ya está disponible el canal de YouTube de Unión Radio Cultural. Bienvenidos a Venezolanos en el inicio de una nueva serie que vamos a desarrollar a lo largo de varios programas, centrada en la historia del Sistema Nacional de Orquestas y Coros Juveniles e Infantiles. De modo que los invito a seguir los pasos de una idea que tuvo un visionario en 1975 y que ya cumple 50 años de trayectoria. Es fascinante ver cómo la semilla que siembra un músico junto con otros apasionados va creciendo y se convierte en un árbol frondoso cincuentenario; vamos a llamarlo un samán por sus resonancias profundamente venezolanas. Aquella semilla entonces no solo es un movimiento musical con una pedagogía revolucionaria, sino que se trata de la política pública más extendida y enraizada en la nación venezolana.
Y todo ello hecho por venezolanos para nosotros mismos y el orbe, porque esta semilla también ha hallado tierra propicia en otras muchas latitudes del mundo. Vamos a seguir la senda de aquel niño que tuvo un sueño y ya adulto va articulando todos los factores hasta crear el Sistema Nacional de Orquestas y Coros Juveniles e Infantiles de Venezuela, que hoy en día brinda formación gratuita a 1.071.489 niños y jóvenes atendidos en 443 núcleos y en 2.334 módulos, distribuidos en todos los estados del país.
Se dice fácil, pero detrás de esta oferta pedagógica está el esfuerzo de miles de ciudadanos organizado alrededor de la música y los efectos sociales extraordinarios que trae la orquestación de seres humanos en torno a un objetivo común. Hay un trabajo publicado recientemente que se titula El Sistema. Avances y perspectivas de integración musical, y allí leemos lo siguiente: "Su trascendencia universal se fundamenta en un ideario social colectivo, conciencia eminentemente humanista que reivindica la educación por y para el arte".
Es así como el sistema adquiere su carácter metodológico a través de la práctica colectiva de la música... es entonces la práctica colectiva de la música, el concepto primario de las estructuras académicas y artísticas del sistema, y se constituye en metodología central y eje transversal de los dinámicos organizacionales. Hasta aquí la cita. Aquí se aborda un aspecto neurálgico: el proceso pedagógico en su faceta esencial ocurre en compañía. El aprendizaje tiene lugar entre todos, en camaradería social; por más que en la soledad del hogar ocurran prácticas musicales, lo sustancial está en el conjunto de la orquesta.
De allí es la enorme significación social del sistema y su método educativo excepcional que también revisaremos a lo largo de estos programas. El maestro Abreu sobre este tema decía: "La educación musical hace que, además de educarse el intelecto, se forme el sentimiento moral; se forma la capacidad de apreciar los aspectos estéticos de la vida". La unión que hay entre lo moral y lo estético.
Vamos a seguir entonces la trayectoria, y especialmente el futuro de este proyecto de los venezolanos que ha dado frutos en el mundo. Y vamos a hacerlo ahora, este año cuando cumple sus primeros 50 años de vida, prestando servicios sociales, musicales, pedagógicos y de formación del carácter y el sentido de la armonía y la belleza. Esto comienza con el sueño de un niño en tres lugares de Venezuela: en Valera, en Montecarmelo y en Barquisimeto. Montecarmelo es un pueblo del estado Trujillo. José Antonio Abreu Anselmi fue el primogénito de Melpómené Abreu Méndez y Ayli Anselmi Garbati.
O sea, Antonio nació en Valera al igual que su hermana María Auxiliadora. Los siguientes hermanos Abreu Anselmi nacieron en Barquisimeto, me refiero a los morochos Jesús Alfonso y Rafael Enrique, y también las hermanas Beatriz y Ana Cecilia. Los abuelos maternos, Antonio Anselmi Berti y D'Uilia Garbatipo Gioli, nacieron en la isla de Elba, en Italia. Y emigraron a Venezuela en 1897 ya casados, se establecieron en un pueblo trujillano, Montecarmelo.
Y en las bodegas del barco en el que venían, Don Tonino, así llamaban al abuelo Antonio, traía 46 instrumentos de viento: trompetas, cornetines, trombones, cornos, flautas, bombardinos y clarinetes. Llegaron a Puerto Cabello y subieron a lomo de mula hasta Monte Carmelo, que está a 940 metros sobre el nivel del mar, y allí se proponían conquistar un destino. Eso hicieron, pronto compraron una casa donde Don Tonino construyó un teatrino y además fundó la banda filarmónica de Monte Carmelo. Todo esto lo refiere, normalmente, en un texto muy hermoso que voy a leerles.
Don Tonino se aboca a realizar orquestaciones del repertorio sinfónico universal de Verdi, Mascagni, Beethoven y Mozart para su banda local. Con su espíritu de soñador se adentra también en la ópera, canto lírico y actuaciones, y monta La Traviata de Verdi ofreciendo su arte al sereno pueblo. Luego siguen montajes de Shakespeare, entre otros; él mismo realiza el vestuario y los escenarios, así que no solo se transforman el pueblo y la casa, también logra que todos quieran venir a verlo. Por ello, junto a su esposa convierte el patio de la vivienda en una suerte de sala con un pequeño escenario de tablas.
También adorna los aleros del patio con esculturas de yeso que reproducen los bustos de Dante, Petrarca y Boccaccio. Bueno, imagínense: 1897, esto es un civilizador, un modernizador, un hombre que llega a cambiar a un pueblo. Evidentemente, Don Tonino era un hombre fuera de serie que imantó la vida de los suyos y el pueblo entero. Pero su nieto José Antonio Abreu Anselmi no llegó a conocerlo porque Don Tonino murió en 1937 cuando tenía 69 años.
Y en 1945 hay una epidemia de tosferina en Barquisimeto y al primogénito de los Abreu Anselmi quieren protegerlo y lo mandan a donde la abuela, en Montecarmelo, ya el abuelo había muerto. José Antonio Abreu tenía ocho años en ese momento; iba a ocurrir un hecho que signará toda su vida: entra en el mundo mágico de su abuelo, música, instrumentos, teatro, esculturas, aquel teatrino que ha sobrevivido a Don Tonino y que fascina al nieto, y allí ha nacido una vocación. Aquel niño se dice a sí mismo: "Voy a hacer música".
Tiene ocho años. Pasado el brote de tosferina en Barquisimeto, el pequeño regresa de Monte Carmelo a la capital del estado Lara y estudia en el colegio La Salle, luego en el grupo escolar República de Costa Rica, en el liceo Lisandro Alvarado. En paralelo, recibe clases de piano con quien le abrió las puertas de la música, Doralisa Jiménez de Medina. Y el ambiente en Barquisimeto en estos años entre 1945 y 1955 es muy favorable para la música, y el niño y adolescente Abreu tiene cómo nutrirse.
Él mismo se lo dice a Chefi Borsakini, la periodista, en una entrevista. Dice lo siguiente: "En ese momento existía en Barquisimeto la Academia de Música del Estado Lara, que dirigían Napoleón Sánchez Duque, quien había sido primera flauta de la Orquesta Sinfónica de Venezuela. También llegó por esa época un grupo de músicos extranjeros muy importantes, entre ellos el violinista Olaf Ilzins, con quien comencé a estudiar violín. En ese entonces yo tenía 12 años, en 1951, y formaba parte de la orquesta de esa escuela de música.
Al mismo tiempo comencé a cultivar la música de los compositores venezolanos de la mano del maestro Antonio Carrillo, amigo de mi familia, buen mandolinista, quien tenía un quinteto admirable". En la próxima parte del programa seguimos con esta formidable respuesta del maestro Abreu a Chefi Borsakini, ya regresamos... En breve continúa Venezolanos. Somos Unión Radio Cultural. Estás escuchando Unión Radio Cultural. Este y otros programas de Venezolanos los puedes oír en formato podcast a través de anchor.fm. Para alguna sugerencia sobre este espacio pueden escribirnos al correo rafaelarraiz@hotmail.com. Somos Unión Radio Cultural.
Estamos de regreso con Venezolanos. Somos Unión Radio Cultural. Decíamos en la parte anterior del programa que estábamos leyendo una respuesta de José Antonio Abreu y él sigue diciendo: "También tuve la oportunidad de tocar con la Orquesta Filarmónica de Lara, que en ese momento tuvo gran resonancia dirigida por el maestro Plácido Casas".
Fue un ambiente musical que me rodeó por los cuatro costados. La música criolla la ejecutaba y aprendía con el maestro Carrillo. La música clásica la entrenaba con Doralisa de Medina, y en la Academia de Música interpretábamos a los compositores universales, música de Tchaikovsky, Mozart, Beethoven. Había además en ese momento una gran escuela de danza, la de Taormina Guevara, quien acababa de llegar de Rusia, y en ese entonces se iba a reinaugurar el Teatro Juárez para celebrar el cuatricentenario de Barquisimeto.
Y por esa ocasión se hizo una gran gala de ballet de Taormina Guevara con la Sinfónica de Venezuela. Hasta aquí la cita. Como vemos, el futuro maestro Abreu está en un ambiente propicio. No en balde, a Barquisimeto la llaman ¡la capital musical de Venezuela!
Entonces muy joven también integra la orquesta Pequeña Mapare, dirigida por los hermanos Juancho y Napoleón Lucena. Allí interpretaban música tradicional larense de otras zonas del país. Pero viene el momento de culminar el bachillerato, y el joven Abreu se muda a Caracas en 1957 y se inscribe en el Colegio San Ignacio; allí cursó quinto año donde se gradúa. De inmediato se inscribe en Economía en la Universidad Católica Andrés Bello, una carrera que abre sus puertas y forma parte de su primera promoción.
En paralelo, en Caracas estudia con el maestro Vicente Emilio Sojo y luego Ángel Sauce le abre las puertas de la escuela José Ángel Lamas, donde culmina su formación superior de música y obtiene los títulos de Maestro Compositor y Director Orquestal. Fueron sus profesores Moisés Molleiro, de piano; Evencio Castellanos, de órgano; Vicente Emilio Sojo y Gonzalo Castellanos, de dirección orquestal. El propio Abreu se lo refiere a Alba Revenga en una entrevista sostenida con ella acerca de esa etapa de su vida. Señala: "Ya en el quinto año de bachillerato logré, a través del padre Juaristi, un cupo para entrar en el Colegio San Ignacio de Loyola, en Caracas".
"Me iba a vivir a Caracas", esto lo pone entre exclamaciones, "me quedé en la casa de mis tíos paternos. Tenía mucha familia en Caracas y jamás me sentí solo ni me faltó afecto; mis días estaban llenos de actividades inaplazables. Después de clases, a partir de las 4 de la tarde, iba a la Escuela Superior de Música Vicente Emilio Sojo". Allí estudiaba órgano con Evencio Castellanos y me facilitaban el piano, el órgano y el violín para práctica personal. Estudiaba piano con Moisés Molleiro y con el maestro Sojo estudiaba composición.
Las clases de orquestación me las daba Estévez, Antonio Estévez nada menos; trataba de absorber como una esponja el inmenso conocimiento de mis instructores y sentí siempre por ellos el mayor respeto y admiración. Bueno, este muchacho trujillano, educado en Barquisimeto, ahora llegaba a Caracas para concluir su formación dedicada a sus dos áreas académicas, la música y la economía. Y en las tareas que le esperaban, sus hermanos siempre estuvieron presentes; de hecho, Beatriz y Ana Cecilia le consagrarían toda su vida laboral al sistema, desde los inicios de aquel sueño y hasta el sol de hoy.
Allí trabajan de sola sombra ellas, por sostener la calidad de la institución. Los morochos Jesús Alfonso y Rafael Enrique Abreu han sido asesores desde sus inicios ya hasta nuestros días. Bueno, y la actividad musical del joven Abreu es incesante. La disciplina para los estudios de economía también.
Desde que llega a Caracas se vincula a la obra que el padre José María Velas adelanta en Catia, nada menos que Fe y Alegría. Se maravilla con el trabajo, lo inspira; de hecho, él mismo le aclara a María Elena Ramos en una entrevista lo siguiente: "Yo participé entre los primeros ocho estudiantes con el padre Velas en la formación de Fe y Alegría. Ya en la Escuela de Economía de la UCAB había un mentor, el padre Manuel Pernot, un excepcional economista con obra publicada. Ya entonces la música era su pasión central".
En 1959 se conocen Frandi Polo y Abreu, y nace una amistad que se sostuvo sin fisuras todas sus vidas. Nos refiere Di Polo que ambos participaban en la Orquesta de Cámara de la Universidad Central de Venezuela. Di Polo tocaba la viola y la trompeta, y Abreu el órgano; entonces cultivaban una práctica que hoy en día sería imposible, imagínense, iban juntos a las iglesias, allí interpretaban por puro placer a la hora que les abrieran las puertas de la iglesia. Él se graduó de economista, summa cum laude, en 1961 y según su propio testimonio comenzó a trabajar en la Cancillería, en la Dirección de Política Económica.
Además, desde el segundo año de la carrera de Economía era asistente de cátedra; luego, al graduarse, pasó a trabajar en el Banco Central de Venezuela, en el Departamento de Cuentas Nacionales. Una vez titulado, en la Escuela José Ángel Lamas tocaba el clavecín y el piano. También dirigía esporádicamente las orquestas de la UCV y la Sinfónica Venezuela. En paralelo a toda esa actividad febril en torno a la música, el joven Abreu ejerció la docencia durante nueve años en la UCAB y en la recién creada Universidad Simón Bolívar, fundada en 1970.
Así se lo dice Abreu a Alba Revenga: "Recién graduado fui asistente de cátedra del padre Manuel Pernot. Pernot era un gran maestro, muy exigente, muy disciplinado. Era un sacerdote muy respetado y de muy alta ética. Llegué a ser titular de siete asignaturas y, a través de la invitación del rector Ernesto Maíz Vallenilla, tuve una cátedra en la Universidad Simón Bolívar. En total ejercí la docencia durante nueve años. Era la época del padre Barnola como rector de la UCAB y del padre Velas dirigiendo Fe y Alegría, una época de oro sin la menor duda".
Y en la misma entrevista con Alba Revenga, más adelante el maestro Abreu apunta: "Pensé que había entregado una parte de mi vida a la docencia universitaria y al servicio público, que ahora quería hacer lo que realmente siempre quise. Y no como músico solista ni como director sino como educador. Estaba claro conmigo mismo: quería armar un sistema de orquestas. Los participantes debían ser primordialmente los niños y adolescentes de menos recursos; no quería concentrarme solo en Caracas, sino en toda Venezuela, en los sitios más alejados".
En Montecarmelo con esa idea comenzó el camino. Bueno, esto que él dice en Montecarmelo, ahí vemos la influencia, la huella del abuelo, de aquello que él vio, como les referí en la parte anterior del programa, en aquel pueblo perdido en el estado Trujillo, donde el abuelo había montado prácticamente un Ateneo, un centro cultural de su casa. Y sobre esta dicotomía de ser músico y economista, Abreu refiere cómo la resolvió. Dice: "Cuando, ante la necesidad de organizar un medio de vida, opté por una carrera universitaria, algunos me decían: va a ser una contradicción frontal, el ejercicio de tu carrera como el de tu arte. Dedícate a una de las dos".
"Y Pernot me enseñó que eran perfectamente compatibles, gracias a Dios. Pernot decía que era un problema de racionalización del tiempo y de actitud espiritual, que era también comprender las múltiples solicitaciones en la vida dentro de la sociedad en que yo estaba viviendo. Con necesidad de ser útil en varios campos al mismo tiempo y de no mutilarme a mí mismo, de no fragmentarme". Muy interesante esto que le dice Abreu a María Elena Ramos en esta entrevista del año 2007. Siempre hay tendencia de gente a decirle a los demás que solo se puede hacer una cosa en la vida, y realmente eso es un error.
Realmente hay personas que solo pueden hacer una cosa en la vida, pero un hombre con el enorme talento que tenía José Antonio Abreu a ser solo una cosa era imposible. Por eso tenemos este personaje poliedro, poliédrico y múltiple diverso, que enfrentaba su vida en sus dimensiones más complejas y más variadas. Porque no solo tenemos a un economista, a un profesor universitario o un gerente; también tenemos a un músico, a un compositor, a un director de orquesta, a un educador y al creador de un sistema. Si le hubiese hecho caso, José Antonio Abreu, a los consejos que le decían que se dedicara a una sola cosa, probablemente no habría hecho la obra que hizo.
Y bueno que sigue, que tiene una enorme vigencia en Venezuela y que está celebrando sus primeros 50 años. Pero bueno, así son los personajes excepcionales. Así son. Por eso son excepcionales, porque se salen de los patrones comunes, de las reglas comunes que dictan, vamos a llamar, la medianía, si, la vida común. Estamos hablando de un hombre excepcional, no estamos hablando de un hombre común. Bueno, en la próxima parte del programa seguiremos viendo estos inicios de Abreu y cómo se va acercando al proyecto de su vida.
Ya regresamos. Decíamos en la parte anterior del programa que Abreu era poliédrico, había abordado distintas tareas de su vida. De hecho, la política no le fue ajena: lo tenemos en 1963, electo diputado en las planchas del Frente Nacional Democrático, el FND, que fue el partido que respaldó la candidatura de Arturo Uslar Pietri en las elecciones de 1963. Uslar Pietri no salió electo presidente de la República, como sabemos, pero sí llegó a tener una fracción parlamentaria importante de la que formaba parte José Antonio Abreu, y eso va a ser en el quinquenio 1964-1969, donde va a ser presidente de la Comisión de Finanzas de la Cámara de Diputados.
Esto va a ser muy importante en la vida de Abreu porque desde esa comisión de finanzas él va a conocer a fondo el funcionamiento del Estado: las partidas presupuestarias, cómo están organizados los presupuestos, cómo funcionan dentro del Estado. Esto va a ser importantísimo para lo que él va a adelantar más adelante porque estaba allí por su condición de economista, pero esa pasantía, esa visión desde allí del Estado venezolano, desde la comisión de finanzas, le va a dar una radiografía, un esqueleto que él va a conocer pero con lupa, el funcionamiento del Estado venezolano en sus vertientes presupuestarias y económicas. Bueno, eso va a ser de una gran utilidad a lo largo de su vida y estos años van a coincidir, como él mismo dijo antes, con la docencia.
Son los años en que fue profesor de economía en la Universidad Católica Andrés Bello y más adelante va a ser profesor en la Universidad Simón Bolívar, recién inaugurada en 1970 con el rector Ernesto Maíz Vallenilla. En 1966, Abreu publica un librito, un opúsculo como se le suele llamar, titulado Hacia una política petrolera; allí recoge él la intervención en la Cámara de Diputados sobre este tema y eso es asombroso porque el conocimiento, cualquiera que lea este opúsculo, el conocimiento que tiene Abreu del tema petrolero era ya profundo y además de la realidad económica nacional e internacional. Bueno, recordemos, se había graduado economista, summa cum laude, y su mentor era el padre Pernot.
De modo que preparados estaban, pero lo sorprendente es el dominio hondo de la materia petrolera de la que hace gala el joven Abreu en esas intervenciones en la Cámara de Diputados que después fueron editadas y convertidas en un libro. Este libro, Hacia una política petrolera, partían, por cierto, de la idea de Uslar Pietri, sembrar el petróleo. De modo que esas intervenciones que eran prácticamente clases magistrales de Abreu en la Cámara de Diputados partían de esa premisa y de la necesidad de sembrar el petróleo a lo largo de toda su vida.
Y además este texto del que vengo hablando revela claramente el dominio económico de tema. Por supuesto, la lucidez verbal del expositor y ya un conocimiento vasto del Estado y de sus aristas. De tal modo que la formación musical, la económica y académica van de la mano. Evidentemente, ambas serán una llave de oro en los proyectos futuros. Me atrevo a decir que si Abreu no hubiese tenido esta formación de economista, si no hubiese tenido este conocimiento del Estado desde la Cámara de Diputados, desde la Cancillería y desde el Banco Central, hubiese sido muy difícil que orquestara una institución pública como es el sistema.
De modo que quienes le dijeron en algún momento dedícate a la música, olvídate de la economía, estaban cometiendo un gigantesco error. Como les dijo su maestro: no se pueden hacer las dos cosas a la vez, la clave está en la administración del tiempo. Y en esto Abreu era impresionante. Yo que trabajé con él cinco años, entre 1989 y 1994, aprendí de la administración del tiempo por parte de Abreu, minuto a minuto; no se perdía el tiempo. Abreu empezaba a trabajar a las 5 de la mañana y eran las 11 de la noche seguida trabajando.
Él le había consagrado su vida a esto. Bueno, de hecho no se casó ni tuvo hijos, su vida es una suerte de apostolado, una entrega las 24 horas del día, los siete días de la semana, a esa tarea que él se propuso, que fue la educación musical en Venezuela y la creación del sistema. Estas pasiones por lo general requieren unas entregas de esta magnitud, unas entregas como la que él llevó adelante. De lo contrario era muy difícil que se pudiera adelantar una obra como esta, que es una obra titánica que exige una gran dedicación y administración del tiempo.
Abreu administra su tiempo en unas libretas donde anotaba cosas con distintos colores. Una vez le pregunté: "¿Esos colores qué significan?" Bueno, esos colores tienen que ver el tema de lo que yo estoy anotando con el tiempo en el que lo estoy anotando, es decir, formaba parte de su sistema mental y de esas libretas que él llevaba. Y bien, en 1967 vamos a tener al joven Abreu, que tiene 28 años, y ya se le confiere el Premio Nacional de Música Sinfónica por sus habilidades como compositor.
Se nos olvida que el maestro Abreu fue compositor porque claro, toda su otra obra arropa a su faceta de compositor, a la que se dedicó en sus primeros años como músico; ya después no tuvo tiempo o disposición para seguir con la composición musical. En 1968-1969 Abreu invita a su hermana Beatriz a Caracas, y esta interpreta el piano en el Aula Magna de la Ciudad Universitaria. Esto ocurre cuando Abreu dirigía la Orquesta de Cámara de la Universidad Central de Venezuela. Y en aquellos años, además, Abreu coordinó en el Ateneo de Caracas el Festival Bach. Estoy hablando de los años 1969 y 1970; en ese momento se dieron 40 conciertos.
Ya la actividad musical era incesante y la académica también; Abreu le estaba consagrando todos los días de su vida a ambas tareas. Y en 1970 a Abreu se le resintió la salud y fue operado de una hernia estomacal de grandes dimensiones. Lo delicado de la situación lo llevó a operarse en los Estados Unidos, donde había un especialista muy particular de la dolencia que él tenía, y allí estuvo un año en una larga convalecencia que, según él mismo refiere, le permitió hacer un posgrado en economía petrolera en la Universidad de Michigan y conocer a fondo el sistema de enseñanza musical en los Estados Unidos. Esto fue importante también para él.
Sobre esto cuenta su hermana Ana Cecilia que aquello fue un punto de inflexión en su existencia, ya que se vio muy cerca de la muerte y al recuperarse y regresar a Venezuela decidió con mayor ahínco entregarle su vida a la música. A esa gran pasión que articuló la existencia de este gran venezolano. En la próxima parte del programa continuamos con estas primeras etapas del sistema y la vida de José Antonio Abreu, ya regresamos.
En breve continúa Venezolanos. Somos Unión Radio Cultural. Estás escuchando Unión Radio Cultural. Este y otros programas de Venezolanos los puedes oír en formato podcast a través de anchor.fm. Para algunas sugerencias sobre este espacio pueden escribirnos al correo rafaelarraiz@hotmail.com. Somos Unión Radio Cultural. Estamos de regreso con Venezolanos. Somos Unión Radio Cultural.
Bueno, y como advertimos antes, sus calificaciones de economista lo acercaban a destinos paralelos. En 1974 el ministro de Cordiplan era Gumercindo Rodríguez, del primer gobierno de Carlos Andrés Pérez, y Rodríguez lo designa director de planificación, y desde allí le tocó al maestro Abreu, en este caso el economista Abreu, coordinar el quinto Plan de la Nación. Otra vez al unísono Abreu está dándole cuerpo a su sueño y convoca a un grupo de músicos en la Escuela de Música Juan José Landaeta. Esto es en paralelo a las tareas que está desarrollando en Cordiplan.
Esta escuela de música, Juan José Landaeta, estaba dirigida por el maestro Ángel Sauce. En la Organización Campo Alegre, Frandi Polo refiere el hecho: Abreu invitó 100 músicos y se presentaron 11 apenas. Este desaire, lejos de amilanarlo, lo desafió aún más. Además, el mismo Frandi Polo recuerda un hecho enorme, poder simbólico, que merece ser relatado. Pongan atención a esto: un joven fagotista se graduó en la Escuela Superior en Santa Capilla y le preguntó a un músico checo-eslovaco de la Orquesta Sinfónica de Venezuela, donde ya tocaba Frandi Polo, si habría una posibilidad allí para él.
El veterano músico checo le respondió: para que usted pueda entrar en la orquesta tendría que morirse o suicidarse algunos de los músicos. Bueno, este joven, sacudido, el día del acto de graduación frente al maestro Sojo, Abreu, Di Polo y muchos más, le echó kerosén al instrumento y lo quemó. Este hecho estremeció a los presentes y sensibilizó a Abreu muy profundamente, de manera profunda, y le dijo a Frandi Polo: "Fran, ayúdame con esto, vamos a formar un grupito". Ese grupito eran 13 músicos, que fue la semilla inicial en 1974 para convocar después al centenar de músicos que citamos antes.
Refiere Di Polo en conversación con nosotros que ese conjunto lo integraban Jesús Alfonso, Sofía Mulebauer, Carlos Villamizar, Eleazar Vera, Edgar Aponte, Gerardo Ramírez, Luis Miguel González, Ricardo Urea, Allison Montoya, Lucero Cáseres, René Álvarez, Claudio González y Domingo Sánchez Borr. Esta es la nuez inicial. Antes, señala Florentino Mendoza en conversación con nosotros, que hubo una reunión previa en un local en La Candelaria convocada por Abreu y fracasó al nivel del ruido del recinto y no pudo darse el ensayo, pero vieron por primera vez al maestro.
También dice Florentino Mendoza, nuestro amigo, que su caso era ilustrativo de la situación venezolana de entonces, el caso de Florentino, que explica además el afán de Abreu por crear orquestas. Fíjense lo que dice Florentino: "Me fui de Venezuela a los 12 años a vivir con mis tíos en Alemania. Mi padre quería que siguiera estudios de música; había empezado a los ocho años en Caracas, después me fui a estudiar a París y cuando regresé a Venezuela a los diecisiete años quise entrar en la única orquesta que había y el director me dijo que era muy joven y era muy difícil que entrara, porque yo era venezolano y ellos preferían contratar a músicos extranjeros".
"¿Cómo les parece esto? Esto es increíble!" Sigue diciendo Florentino: "Pensé no tenía futuro en la música hasta que Héctor Vázquez me buscó en nombre de Abreu y fuimos al espacio de La Candelaria, aquel ensayo que no ocurrió". Bien, el caso de Florentino Mendoza es emblemático. Fíjense: graduado, estudiando en Alemania, en París, regresa a tocar en su país y no hay espacio, ¡no hay sitio para él! Bueno, imagínense los niveles de frustración. Esto se suma al fagotista recién graduado que le echó kerosén al instrumento y lo quemó.
De modo que era una situación desesperada, era como un muro de contención en el que tenían los músicos jóvenes que no podían desarrollar su arte. No podían interpretar porque no había espacio para ellos. De manera que esto fue un punto de inflexión, una cicatriz importante para que Abreu concibiera un sistema en el que hubiese futuro para estas personas. Bueno, y ya entonces los próximos ensayos ocurrieron donde se pudo, donde les prestaban un sitio. Había un galpón que les prestaba en Boleíta Sur la empresa Sindhú.
Estos, los pioneros del sistema, entre quienes están todos los que hemos mencionado, Mendoza, Di Polo, etcétera, recuerdan con gran cariño este galpón de la empresa Sindhú en Boleíta Sur donde ensayaron aquellos primeros años en que estaban prácticamente creando esto con las uñas. También ensayaban en el altar de la iglesia Don Bosco, en Altamira; después les prestaron la terraza del penthouse del edificio Tajamar, en Parque Central, en el piso 40. También les prestaban cualquier patio en una casa que los recibiera, bueno, y así fue como se fue tejiendo esta aventura de la que hoy estamos celebrando los 50 años, pero que en aquellos comienzos era realmente una situación muy precaria, muy exigua, con ningún recurso, y la gente veía a Abreu como un iluminado, una especie de orate que les prometía cosas que ellos no podían advertir porque estaban en su cabeza.
Pero todo lo que les prometió se quedó corto. En aquellas reuniones les decía: "Ustedes se van a acordar de mí, pero vamos a estar tocando en todas partes del mundo". Claro, los músicos jóvenes se veían y decían: bueno, este señor qué nos está diciendo, si ni siquiera tenemos un espacio musical para ensayar. Pero bueno, así son las cosas, así son las cosas. Y ese empuje, esos sueños que tenía Abreu en medio de aquella precariedad poco a poco se fueron articulando y se fueron materializando. Pasaron de la mente de Abreu, de los sueños de Abreu, de aquel niño en Montecarmelo, a una realidad muy distinta; esa es la realidad que va a comenzar a articularse en 1975 cuando ocurre el primer concierto.
Que dan estos muchachos en el patio de la Casa Amarilla de la Cancillería con motivo del 12 de octubre, perdón, del 14 de febrero de 1975, y el Día de la Juventud, que se celebra con motivo de la Batalla de la Victoria comandada por José Félix Ribas. En aquel acto heroico, con estudiantes adolescentes, prácticamente niños, que enfrentaron... De modo que en 1975 va a ocurrir aquel primer concierto, y si ocurre el concierto es porque Abreu ha logrado articular una orquesta. Ya no son 11 muchachos sino unos cuantos más, todos muy jóvenes; también hay algunos mayores que están respaldando a Abreu con todas sus fuerzas en esta aventura que se está iniciando, en la Venezuela de 1975, urgida de orquestas, de espacios musicales, para que los jóvenes músicos pudieran desarrollarse.
Y ahí es donde comienza esta historia de 50 años que iremos relatando a lo largo de esta serie de programas, donde iremos viendo cómo fue ocurriendo todo esto. Cómo aquel sueño de un niño de ocho años en Montecarmelo se convierte en lo que es hoy día el sistema, que atiende a 1.071.489 niños en 443 núcleos y 2.334 módulos, que en sus inicios no tenían ni siquiera dónde ensayar. Pero así son los comienzos. Siempre los comienzos son así y está bien que sea así porque se parte prácticamente de la nada, de una semilla. Es la historia de la naturaleza también: un árbol es una semilla que no es nada y al cabo de unos años es un frondosísimo samán, insisto en el samán como emblema arbóreo de la venezolanidad.
Bien, hasta aquí nuestro programa de hoy, este primer capítulo: la historia del sistema. En nuestros próximos programas seguiremos viendo las etapas ya no embrionarias y no ya la orquesta comenzando a sonar. Hasta nuestro próximo encuentro.