La Energía Eléctrica en Venezuela. Cap 1
Breve historia
Transcripción
Les habla Rafael Arráiz Lucca desde Unión Radio y esto es Venezolanos. Un programa sobre el país y su historia. Hoy vamos a comenzar una nueva serie sobre la energía eléctrica en Venezuela, desde sus inicios y hasta nuestros días. Será una serie breve pero sustanciosa, y en este primer programa vamos a esmerarnos en ver el desarrollo internacional de la energía eléctrica. ¿Cómo fueron los inventos sucediéndose unos a otros hasta llegar a lo que tenemos hoy en día?
De modo que vamos a dibujar un panorama del desarrollo de la energía en Venezuela desde sus inicios y hasta nuestros días. Antes, vamos a revisar los hechos principales en el entorno mundial. Vamos a recordar que la primera fuente energética que descubrió el hombre fue el fuego. De allí que la leña fue ese primer elemento que advirtió en la naturaleza para encender la hoguera.
Luego supo aprovechar el viento y construyó los molinos, con lo que movía las ruedas que molían el trigo. Igualmente, aprendió a aprovechar el agua corriente de los ríos y también movía los mecanismos del molino. Después halló en el carbón una fuente de energía precisa para las máquinas de vapor. Al carbón fue sustituyéndolo lentamente por el petróleo, sobre todo el querosén que encendía las lámparas, pero vamos poco a poco; lo importante es que tengamos claro que la historia de la energía ha sido dinámica, que sigue en movimiento.
Que no cesan las investigaciones y los avances científicos y tecnológicos. Vamos a dar entonces un recorrido breve por este mundo verdaderamente sorprendente. El primero que registró el fenómeno eléctrico fue Tales de Mileto, 630-550 a. C., y lo hizo alrededor del año 600 a. C. en su aldea natal, Mileto, en la costa Jonia, hoy Turquía. Entonces Mileto advirtió que frotando un listón ámbar con una piel seca o con lana se producía una pequeña fuerza que atraía objetos mínimos, pero si se frotaba durante mucho tiempo, brotaba una chispa.
Entonces los griegos también habían observado que en la ciudad de Magnesia se hallaban las famosas piedras de magnesia que se atraían entre sí al igual que otros minerales. El descubrimiento no era menor, pero todavía no se sabía exactamente qué hacer con aquello. Por lo pronto, es evidente que la palabra magneto viene de allá. Es un topónimo.
Siglos después, Teofastro, exactamente hay que decirlo Teofrasto, qué difícil pronunciarlo por ese aire que está allí atravesada, estamos hablando de un personaje 374-287 a. C., redactó un texto intitulado Historia de la Física donde dejaba asentados que no sólo el ámbar albergaba esos poderes de atracción sino que otros elementos poseían los mismos poderes magnéticos. Fue entonces cuando el griego estaba redactando un primer y tentativo estudio científico sobre la electricidad.
Teofrasto, por otra parte, dirigió durante 36 años la famosa escuela peripatética de Atenas, y sus aportes a las ciencias naturales fueron excepcionales. Como sucedió en muchos órdenes de vida durante la Edad Media, fue muy poco o casi nada lo que se avanzó en el estudio de estos fenómenos energéticos. Será en los siglos XVI, XVII y XVIII cuando se vuelva sobre estos asuntos.
Cuando Isabel I de Inglaterra, 1533-1603, le encarga al físico William Gilbert, 1544-1603, el estudio de los imanes con el objeto de optimizar la precisión de las brújulas de navegación, es entonces cuando se están echando las bases fundamentales para la investigación del magnetismo y la electrostática. Además a Gilbert le corresponde el honor de haber sido el primero en divulgar el vocablo griego electrón, que significa ámbar y que como vimos había sido advertido por Tales de Mileto.
Gracias a su trabajo pudo clasificar los materiales en conductores e aislantes; también concibió el primer electroscopio, además descubrió la llamada imantación por influencia y observó que la imantación del hierro se pierde cuando se calienta al rojo vivo. Estudió la inclinación de una aguja magnética concluyendo en que la tierra se comporta como un enorme imán. Una unidad de la fuerza magnética lleva su apellido en homenaje a sus aportes, evidentemente.
Luego en el año 1672 el físico y jurista alemán Otto von Guericke, cuya vida transcurrió entre 1602 y 1686, diseñó una primera máquina electrostática con la que se produjeron descargas eléctricas, pero el aparato no tuvo mayores consecuencias prácticas. Por muchos años no pasó de ser el asombro de algunos espectáculos. Antes, von Guericke había advertido que los cuerpos que habían sido electricados luego experimentaban repulsión entre ellos; observando los relámpagos insistió en la naturaleza eléctrica del fenómeno.
En 1729, el físico inglés Stephen Gray, 1670-1736, descubrió las corrientes de influencia eléctrica e investigó los cuerpos conductores y los no conductores, alcanzando a descubrir un hecho capital para la historia de la electricidad. Nos vamos a referir entonces al hecho de que puede ser conducida por un elemento específico para ello. Es decir, puede ser transportada.
Esto es muy importante para el futuro de la electricidad, estamos hablando de un hecho en mil setecientos veintinueve que lo descubre el físico inglés Stephen Gray. Es decir, repito que descubre las corrientes de influencia eléctrica y además investiga los cuerpos conductores y los que no son conductores, y llega a la conclusión de que hay un elemento específico que permite que la electricidad sea transportada. Otro de los pasos sustanciales en el desarrollo de esta historia lo dio François de Cisternay du Fay, 1698-1739, cuando demostró la existencia de un polo negativo y otro positivo, en 1733.
Cisternay partió de los trabajos de Gray llevando sus investigaciones más allá, y doce años después se construyó la famosa botella de Leiden, en la que pudo almacenarse por primera vez electricidad estática. Debe su nombre a la Universidad de Leiden, en Holanda, donde trabajaba el investigador Pieter van Musschenbroek, 1692-1761, y este señor en 1746 llevó a cabo un experimento muy singular. Él quería saber si una botella con agua podía conservar cargas eléctricas, entonces introdujo una varilla metálica en el agua y le acercó a un conductor cargado de electricidad; su asistente intentó separar el conductor de la varilla y recibió una fuerte descarga eléctrica.
Entonces tuvieron las respuestas. Sí, luego del inglés William Watson y el francés Jean-Antoine Nollet dieron un paso adelante: utilizaron el estaño en la botella y la descarga fue todavía mayor, tanta era la descarga que era capaz de matar a ratones y pequeños animales. Luego, en 1752, Benjamin Franklin, que vivió entre 1706 y 1790, comprobó la naturaleza eléctrica de un rayo e inventó el pararrayos. En el vasto panorama de su obra vemos que a partir de 1747 se esmera en el estudio de fenómenos eléctricos; de esta tarea nace su obra Experimentos y observaciones sobre electricidad, y va a ser en 1752 cuando lleva a cabo su experimento con la cometa.
La famosa cometa de Benjamín Franklin, una cometa con esqueleto metálico que es elevada por Franklin con una llave atada en la cola. Esta llave se cargó de electricidad y quedaba entonces demostrado que las nubes estaban cargadas de electricidad y que un rayo y una descarga eléctrica son exactamente lo mismo. Esta constatación fue la que lo llevó a inventar el pararrayos.
Luego en 1766, Joseph Priestley, que vivió entre 1733 y 1804, el notable teólogo, científico, clérigo y educador británico, logra probar que la fuerza en función entre cargas eléctricas varía de manera inversamente proporcional a las distancias que las separa. A Priestley, además, se le tiene con buenas razones como el descubridor del oxígeno. Diez años después, el físico e ingeniero francés Jacques Augustin de Coulomb, que vivió entre 1736 y 1806, creó la balanza de torsión.
Pero eso lo vamos a ver en la próxima parte del programa. Ya regresamos. Decíamos antes que el físico e ingeniero francés de apellido Coulomb es el que crea la balanza de torsión, un instrumento con el que mide con precisión la fuerza entre distintas cargas eléctricas. De allí que la unidad de medida de una carga eléctrica se denomina con el apellido de este científico francés, el coulomb. Coulomb fue el primero en establecer leyes medibles cuantitativas de eso que se conoce como la electrostática.
Sus trabajos están recogidos en siete memorias con sus especificaciones técnicas sobre electricidad, magnetismo, electrostática y fricción. El siglo XIX es determinante para los avances en el aprovechamiento de la energía eléctrica. El italiano Alessandro Volta, 1745-1827, se inspira en los experimentos del Luigi Galvani, que vivió entre 1737 y 1798. Volta se inspira en Galvani acerca de las corrientes eléctricas nerviosas en las ancas de las ranas y logra construir la primera pila eléctrica.
Estamos hablando del año 1800, o la batería eléctrica de corriente continua, como también se le conoce. Este avance dio pie a los posteriores inventos del telégrafo y el teléfono, ya que se advirtiese la electrólisis y la galvanoplastia. Todo ello entre 1800 y 1876. El químico inglés, por su parte, Sir Humphry Davy, un señor que vivió entre 1778 y 1829, desarrolla la electroquímica y en 1815 crea la lámpara de seguridad para mineros.
El físico y matemático francés André-Marie Ampère, que vive entre 1775 y 1836, asienta los fundamentos de la electrodinámica. Esto va a ocurrir en 1823. También fue Ampère el inventor del telégrafo eléctrico y de los conceptos corriente eléctrica y tensión eléctrica. Ocho años después, el físico inglés Michael Faraday, que vive entre 1791 y 1867, establece que el magnetismo produce electricidad por medio del movimiento. Este descubrimiento va a ser fundamental para los desarrollos posteriores.
En 1835, el bostoniano Samuel Morse, que vive entre 1791 y 1867, crea el telégrafo en los Estados Unidos y un código para comunicarse con él. Como ustedes podrán suponer, se trata del Código Morse, en homenaje al apellido de este bostoniano llamado Samuel Morse. Luego, en 1854, el barón de Kelvin, el irlandés William Thomson, que era como se llamaba el barón de Kelvin, un hombre que vivió entre 1824 y 1907, va a propiciar el desarrollo del cable trasatlántico, estableciéndose el primero entre Nueva York y Londres en 1866.
Los aportes a la termodinámica y electricidad por parte de Thompson son cuantiosos, desde su formación de físico y matemático. En 1868, el obrero autodidacta belga Teófilo Gramme, que vivió entre 1826 y 1901, dio un paso fundamental: fabricó la primera máquina de corriente continua, es decir el dínamo, hay personas que le dicen dínamo, yo prefiero decirle dínamo, que ha sido la piedra angular de la industria eléctrica. A los 25 años, Teófilo Gramme, que ni siquiera sabía leer y escribir pero que tenía un ingenio suficiente para concebir el primer dínamo que se registra en la historia, logra esa pieza esencial para el desarrollo de la industrialización de las fuerzas eléctricas.
Una prueba más de que los autodidactas históricamente han aportado mucho, porque el talento y el ingenio también están en ellos, por supuesto. Luego, en esta concatenación de hechos que venimos señalando, en 1876 el ingeniero escocés Alexander Graham Bell, 1847-1922, inventa el teléfono. La madre de Bell comenzó a perder la audición a los 12 años y su hijo se dedicó a los estudios de acústica; quería entender y remediar la pérdida de capacidad auditiva de su progenitora.
Y es así como después de muchos años de experimentación dio con el telégrafo acústico y luego con el teléfono. La Bell Telephone Company fue fundada en 1877 y diez años después había 150 mil usuarios de teléfonos en los Estados Unidos, muy rápido. Les repito, fue fundada en 1877; ya apenas diez años después había 150 mil usuarios de teléfono en los Estados Unidos. Por otra parte hay una anécdota que merece ser contada.
El 9 de octubre de 1876, Alexander Graham Bell y Thomas Watson hablaron por teléfono a través de un cable entre Cambridge y Boston, en Massachusetts. Esta fue la primera conversación telefónica registrada en el mundo. Lo repito, 9 de octubre de 1876, Alexander Graham Bell y Thomas Watson hablan por teléfono entre Cambridge y Boston en la misma zona del mismo estado de Massachusetts.
Esta fue la primera conversación, como les dije, y el 25 de enero de 1915, muchos años después, los mismos personajes Bell y Watson hablaron por teléfono a través de un cable de 5.000 kilómetros entre Nueva York y San Francisco. En aquella oportunidad, para alegría de los testigos presenciales, la audición fue nítida y sin interrupciones. Habían pasado, fíjense, entre 1876 y 1915, 39 años para que se desarrollara el teléfono ya a grandes distancias, como era Nueva York y San Francisco que están atravesando todos los Estados Unidos.
En 1881, Thomas Alva Edison, 1847-1931, perfecciona la primera lámpara incandescente al establecer el llamado Efecto Edison. Este buscaba lograr el paso de electricidad por un filamento desde una placa metálica y dentro del globo transparente, un bombillo en otras palabras. Al año siguiente, en 1882, se instala el primer sistema eléctrico que ofrece iluminación incandescente de Nueva York. Ya estaba entonces asociado al proyecto del banquero norteamericano J. P. Morgan, quien luego sería el creador de la empresa General Electric, por su cuenta y así con Thomas Alva Edison.
En 1888 ocurre otro hecho capital: el ingeniero serbio Nikola Tesla, que vivió entre 1857 y 1943, desarrolla la teoría de los campos rotantes que dio pie a los generadores de corriente alterna, base del sistema eléctrico de la actualidad y verdadero motor del desarrollo de la electricidad hasta los niveles de hoy en día. Tesla le vende la propiedad intelectual de sus inventos a George Westinghouse, un hombre que vive entre 1846 y 1914, y va a ser Westinghouse el que los comercializa, los masifica.
Y lo hace de una manera intensa, sin pausa alguna, pero el invento es de Tesla. En 1897 Westinghouse enciende los motores, la primera planta de generación comercial de electricidad en el Niágara, en las cataratas del Niágara. Esas cataratas a las que cantó con tanta belleza el poeta caraqueño Juan Antonio Pérez Bonalde en un poema extraordinario, que lo he recordado al mencionar la palabra Niágara. En ese entonces había triunfando la corriente alterna, por encima de la continua que era la que defendía Thomas Alva Edison.
Por otra parte, Tesla es el inventor de la radio y no Marconi, como sostienen algunos. Todo indica que lo justo es señalar que el inventor de la radio fue Tesla, porque Tesla en 1893 logra transmitir energía electromagnética sin utilizar cables, construyendo así el primer radiotransmisor. Tras recibir el testimonio de numerosos científicos destacados, la Corte Suprema de los Estados Unidos de América concluyó en 1943 a favor de Tesla, en cuanto a su crédito como inventor del radiotransmisor y en consecuencia del radio.
De esto que nosotros, por este conducto por el que yo estoy llegando hasta ustedes, el inventor de esto fue Tesla. Es pensar en eso verdaderamente maravilloso, conmovedor, lo que puede hacer el ingenio humano por el desarrollo de la vida, de la ciencia y de la comunidad. De modo que bueno... Por otra parte es muy lamentable: todo esto fue Nikola Tesla, murió pobre, nunca le puso demasiado cuidado a sus finanzas personales y la comercialización de sus descubrimientos científicos las desarrollaron otros.
En la próxima parte del programa, veremos entonces la llegada paulatina de la fuerza eléctrica a Venezuela. Ya regresamos. Les decía en el anterior del programa que ahora vamos a ver cómo ocurrieron los hechos en Venezuela, cuándo y cómo se inserta en esta cadena de avances científicos y tecnológicos.
Esto va a ocurrir en 1856, cuando el ingeniero Manuel de Montúfar, que vive entre 1817 y 1870, va a atender la primera línea de telégrafos entre Caracas y La Guaira, con el respaldo del gobierno de José Tadeo Monagas, 1856. Antes de esto, el alumbrado público se lograba exiguamente con faroles en los que se consumía aceite de coco o manteca de coco. Luego, la introducción en Venezuela del querosén ocurre en 1856 también, y para 1860, cuatro años después, era el combustible habitual de los faroles del centro de Caracas y de muchas ciudades venezolanas.
De modo que para 1860 tuvimos alumbrado público gracias al querosén; antes lo había, pero con el aceite de coco o la manteca de coco, como también se le denomina, era de menor eficiencia. Ya cuando el querosén, el alumbrado mejoró notablemente. Luego se intenta sustituir el querosén por el gas, esto va a ocurrir durante el tercer gobierno de José Antonio Páez, pero es un intento que no logra resultados. El querosén va a seguir reinando, reforzado además con la importación de lámparas y la agilidad de su transporte.
Sin embargo, en 1883 el empresario Henry Lord Boulton crea la compañía anónima del gas y para 1890 servía a 1.200 casas y comercios. No es poco. El gas va desplazando lentamente al querosén y luego va a competir con el alumbrado eléctrico. En 1873 vamos a tener que el sabio Vicente Marcano, un hombre que vive entre 1848 y 1891, alumbra la plaza Bolívar de Caracas por unas horas, cosa que también hace al año siguiente el profesor venezolano de origen alemán, Adolfo Ernst. Ernst vive entre 1832 y 1899.
Estos intentos ya fueron con energía eléctrica, con aparatos manejados por los científicos aludidos. Y en 1883, en el centenario del Natalicio del Libertador, celebrado por Antonio Guzmán Blanco, el empresario Carlos Palacios ilumina buena parte del centro de Caracas con una pequeña planta eléctrica alimentada por vapor. El 24 de julio de 1883 ocurrió esto que les acabo de referir y además en esa oportunidad se iluminaron el Teatro Guzmán Blanco, hoy Teatro Municipal, y el boulevard del Capitolio Federal, del Palacio Federal Legislativo, como en efecto se llama esta edificación construida también por Antonio Guzmán Blanco.
Maracaibo fue la ciudad pionera al alumbrado público eléctrico. Eso se debe a que Jaime Carrillo, en asociación con unos canadienses, funda la empresa que se llamaba Maracaibo Electric Light Company. Estamos hablando del año 1888. Esa empresa a partir de 1940 pasa a llamarse ENELVEN, que significaba Energía Eléctrica de Venezuela, y el Día del Centenario del general Rafael Urdaneta, 24 de octubre de 1888, va a comenzar el alumbrado eléctrico de Maracaibo asistido por dos máquinas de vapor.
Al año siguiente, en 1889, en Valencia se establece el alumbrado eléctrico público por iniciativa de un norteamericano llamado Michael Dooley, quien instala una planta de vapor alimentada por leña y carbón. En 1895 se constituye la Electricidad de Valencia con Carlos Ernesto Stelling a la cabeza, partiendo de la planta de vapor que le compró a Dooley. Antes, en 1893, el empresario Emilio Mauri extiende el servicio de alumbrado público en Caracas y, en 1895, Caracciolo Parra Picón hace lo mismo en Mérida, inaugurándose el servicio en 1898.
En 1893 se crea el alumbrado eléctrico de la ciudad de Puerto Cabello sobre la base de un contrato de suministros originalmente firmado entre Francisco de Paula Quintero y la municipalidad. En 1896, una pequeña planta hidroeléctrica en las cercanías de Barquisimeto alumbraba algunos días de la semana el centro de la ciudad crepuscular, pero dos años después fue incendiada por los vencedores de una de esas tantas reyertas de la vida pública venezolana del siglo XIX.
De modo que puede creerse que fue esta la primera central hidroeléctrica en el país, pero sus pequeñas dimensiones y su corto tiempo de existencia, estamos hablando de menos de dos años, llevan a los cronistas y a la literatura sobre estos particulares a no considerarla como primera planta hidroeléctrica. En rigor lo fue, pero duró muy poco tiempo. Como vemos, hasta la fecha todos los servicios de alumbrado público en el país son de discretas dimensiones, dada la dificultad existente de transportar por grandes distancias la energía sin perderse.
Este es el punto central y porque mientras no puedas transportar la energía, pues el desarrollo es prácticamente imposible, se queda circunscrito a los lugares que están alrededor de esa fuente de energía. Y en la excepción hidroeléctrica de Barquisimeto quedaba muy cerca de la planta, de modo que esa plantica hidroeléctrica en Barquisimeto le daba energía a las ciudades que estaban cerca. En medio de esto está el sueño del joven ingeniero Ricardo Zuluaga, que va a materializarse varios años después. Cuando su central hidroeléctrica, aprovechando las aguas del río Guaire, sea la primera que se instala en Latinoamérica y va a ser la segunda de América, porque la primera, como sabemos, fue la que inauguró en 1896 el señor Westinghouse, aprovechando las aguas del Niágara, como vimos antes.
El constructor de la primera planta hidroeléctrica de América Latina. La biografía de Zuluaga la refiere con destreza y lujo de detalles su biógrafo Juan Rol. Ricardo Zuluaga Tobar vive entre 1867 y 1932. En una tarde de 1891 este ingeniero egresado de la Universidad Central de Venezuela estaba ojeando una revista científica y dio con clave lo que se constituiría en materia de su realización profesional y epicentro. En la revista se explicaba que en Alemania, entre Frankfurt y Lauffen, se experimentaba con éxito el transporte de electricidad a distancia, a través de la corriente alterna advertida por Nikola Tesla, según vimos antes.
Recordemos que el problema central que se presentaba con la energía es que se perdía en el trayecto entre su fuente y la lámpara incandescente. De allí que no se podía extender la electricidad salvo en los alrededores de la planta eléctrica, lo que la hacía impráctica. Es decir, que hasta entonces se sabía cómo producir energía, pero no se sabía cómo transportarla a través de largas distancias sin que esa energía se perdiera por el camino.
Y lo que lee Zuluaga en la publicación científica es que este problema comenzaba a ser resuelto. Y en ese momento Zuluaga tuvo una suerte de iluminación, porque dijo: bueno, esto es lo que yo necesito. Y lo asume como un proyecto de vida, estas cosas pasan, ¿no? Alguien lee algo, eso le dispara la imaginación, la psique, y construye todo el proyecto de vida sobre la lectura del artículo científico, porque este muchacho, esto está ocurriendo en 1891, y si Zuluaga nació en el 67, estamos hablando de un joven de 24 años, y a partir de ahí le va a consagrar su vida a la creación de la Electricidad de Caracas, que nace con esa primera central hidroeléctrica de la que venimos, de las que vamos a hablar pues.
Antes veamos cómo era el tema de la corriente alterna para que la entendamos, ¿no? La solución señalada estribaba en utilizar corrientes alternas trifásicas en vez de directa, con lo que la energía no se perdía en el trayecto y podía comenzar a pensarse en aprovechar la energía en lugares naturales distantes de los centros urbanos, y transportarlas por vías de alta tensión hasta los lugares requeridos. Esto se va a poder lograr gracias a que Mijaíl von Dolivo-Dobrovolski había desarrollado una técnica de producción de corriente alterna trifásica a 175 kilómetros de Frankfurt. Sin embargo, la energía llegaba perfecta, sin perder nada, hasta la ciudad de Frankfurt.
Ahí comienza la industrialización de la energía eléctrica y el mundo a cambiar radicalmente. En las últimas partes del programa continuaremos con esta historia inicial en Venezuela. Ya regresamos. Como les decía en la parte anterior del programa, en Frankfurt pues se demuestra que la energía eléctrica puede transportarse a grandes distancias sin perderse por el camino y eso se va a demostrar públicamente en la Exposición Internacional de Electricidad en el año 1891, allá en Frankfurt.
De modo que cuando Zuluaga aquí en Caracas accede a la información a través de la revista científica, el adelanto en cuanto a aprovechamiento y transporte de energía eléctrica a través de grandes distancias acababa de darse a conocer. En 1892 Zuluaga se embarca hacia Europa para comprobar in situ lo que la lectura le había deparado. En Suiza se radicó por unos meses a estudiar el funcionamiento de lo que le ocupaba completamente el ánimo, y a su regreso ocurrió la más grande crecida del Guaire de las que se tenga noticia hasta el sol de hoy.
Y este fenómeno le llevó a recorrer el curso del río hasta que dio con un lugar ideal para la estación hidroeléctrica con la que Zuluaga soñaba. Ese sitio se conoce como El Encantado. Está a 17 kilómetros de Caracas y con el paso del ferrocarril central muy cerca. Entonces la quimera, la utopía, comenzó a tomarle cuerpo y dijo: este es el lugar, y procedió a comprar el terreno del Encantado. Y de una vez adquirió otro sitio tres kilómetros más abajo, lo que ya revelaba que tenía en mente una segunda planta hidroeléctrica, y bueno, ni siquiera había comenzado la primera y ya estaba comprando el terreno de la segunda.
De modo que en su cabeza los planes estaban bastante claros. Por cierto, estas compras las hace Zuluaga a título personal y Zuluaga no tenía dinero, pero sí tenía dinero su hermano mayor Carlos Zuluaga, que le prestaba recursos a su hermano menor para que cumpliera este sueño que para entonces era toda una aventura. Y así es como Zuluaga logra reunir a un grupo de inversionistas dispuestos a arriesgar su capital en la empresa de construir una central hidroeléctrica que surtiera a la ciudad de Caracas.
Para entonces, según el censo oficial de 1891, Caracas contaba con 72.429 personas, almas iba a decir. Cuatro años después, en 1896, comienzan los trabajos y el 8 de agosto de 1897 se inaugura la planta hidroeléctrica del Encantado, un poco más allá de Petare. A ese acto asisten al presidente de la República, el general Joaquín Crespo, sus ministros de Obras Públicas, de Guerra y Marina.
Las palabras de inauguración fueron pronunciadas por el presidente de la empresa, que no era Zuluaga sino Juan Esteban Linares, y fueron contestadas por el ministro de Obras Públicas, el general Juan Uslar. Y comenzaba entonces la era hidroeléctrica en Venezuela y, como les dije antes, a esa central hidroeléctrica del Encantado le siguió otra de mayor envergadura, también fruto del empeño de Zuluaga y su equipo. Nos referimos a la central hidroeléctrica de Los Naranjos, cuya caída de agua era sustancialmente mayor que la del Encantado.
Era 180 metros de caída libre y ello, aunado a otras condiciones, permitía que el proyecto fuese de mayor importancia. Esa central hidroeléctrica va a estar dotada de tres turbinas, dos de 375 kilovatios y una de 350 kilovatios. Las dos primeras fueron puestas en servicio en 1902-1903 respectivamente y la tercera en 1908. Y las tres dejaron de funcionar en 1911 cuando esas turbinas son sustituidas por una sola turbina de 2000 kW que fue puesta en servicio y que en ese entonces, como les dije, en 1911 estuvo trabajando esa turbina hasta el año 1957, o sea, se le sacó el jugo.
Si comparamos la capacidad de generación de la central del Encantado y Los Naranjos, nos percatamos de que el aumento en la capacidad había sido sustancial. Este es, entonces, el comienzo de la energía hidroeléctrica en Venezuela, cuyo personaje central es Ricardo Zuluaga, el fundador de la Electricidad de Caracas. Hasta aquí nuestra historia de hoy. En nuestro próximo programa continuaremos con esta serie sobre la energía eléctrica en Venezuela.
Ha hablado para ustedes Rafael Arráiz Lucca. Me acompaña en la producción Inmaculada Sebastiano y Fernando Camacho, y en la dirección técnica, Fernando Camacho. A mí me consiguen en mi correo electrónico rafaelarraiz@hotmail.com o en Twitter, arroba RafaelArraiz. Les recuerdo que estamos iniciando una nueva serie sobre el desarrollo de la energía eléctrica en Venezuela, algo verdaderamente apasionante, y este primer programa, digamos que más de la mitad lo invertimos en ver cómo se fue desarrollando la energía eléctrica en el mundo.
Y alcanzamos a ver los primeros pasos en Venezuela, en el siglo XIX, con aquel alumbrado público que se hace a partir del primero de aceite de coco, después del querosén. Después vimos los desarrollos de Maracaibo, Valencia, etcétera, hasta llegar a las instalaciones de la primera central hidroeléctrica en Venezuela y América Latina, la central del Encantado, gracias a ese pionero que fue Ricardo Zuluaga. Hasta nuestro próximo encuentro, ha sido como siempre un gusto hablar para ustedes.