Excepcionales
10 de enero de 2020

Excepcionales. Cap 1. Ramón J. Velásquez (1)

Venezolanos Excepcionales. Cap 1.

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"Les habla Rafael Arráiz Lucca, productor nacional independiente 30.720, y esto es Venezolanos, un programa sobre el país y su historia." Hoy iniciamos una nueva serie, Venezolanos Excepcionales. Vamos a comenzar con una larga entrevista que sostuve yo con Ramón J. Velásquez. En el año 2002, esta es probablemente la entrevista más larga que se haya sostenido con el doctor Velásquez.

Puede que haya otra; en todo caso es de las más completas, donde él va a repasar prácticamente toda su vida y sus hechos centrales. Y bueno, yo creo que es algo muy importante porque es un hombre fundamental para entender el siglo XX venezolano. Por su actuación política, por sus trabajos en el área de la historia y por sus trabajos en el mundo del periodismo, donde fue un destacadísimo periodista.

De modo que es un personaje además polifacético, enraizado hasta los tuétanos en Venezuela o con conocimiento muy particular del país. Además desde su condición de tachirense, los tachirenses ven el país en sus inicios desde la frontera y después cuando se vienen a Caracas tienen una interpretación de los hechos muy particular. De modo que son distintas y variadas las circunstancias que hacen de Ramón Velásquez un personaje tan interesante para nuestra historia. Él comienza contándome que nació en una casa que era escuela y también imprenta.

Y él sostiene que eso le permite ser distinto, porque aprendió a leer sin saber cómo, y a los nueve años tenía nociones de gramática. Dice: "Y a los diez empecé a hacer corrector de pruebas". Pero cuando pasó al liceo estaba un hombre que se llama Carlos Rangel Lamos, que era, según las noticias, el primero que en el año 1917 había dictado una conferencia al Salón de Lectura de San Cristóbal sobre la gran revolución socialista del triunfo de los bolcheviques y por ello lo llevaron a la cárcel en 1917. Recordemos que Velásquez nace en el año 1916 y él allí se refiere entonces a la influencia de Carlos Rangel Lamos, aquellos muchachos en el liceo Simón Bolívar.

Y también refiere que él se vino a Caracas con Leonardo Ruiz Pineda y se inscribió en segundo año de bachillerato, en el liceo Andrés Bello. Se vino solo y después se vinieron sus padres. Cuando se vino solo, como era frecuente, todos los venezolanos del interior vivió lo que se conocía como una pensión de andinos. Esa pensión se llamaba Italia; hoy es la esquina de Jaguno y él refiere allí una anécdota con Ruiz Pineda en el año 1934.

Estaban parados en la esquina de Ruiz Pineda y un señor les dice quítense el sombrero. Bueno, ahí nos recuerda que el sombrero era obligatorio en aquella época. El señor que estaba al lado de ellos les dice: "Quítense el sombrero, no se muevan, inclinen la cabeza. ¡Saluden!" Y entonces refiere Velásquez que él ve una limusina negra de unas dimensiones gigantescas y en el fondo atrás de la limusina Juan Vicente Gómez impecablemente vestido. Y entonces el señor que estaba al lado les dijo: "Va al pabellón del hipódromo a oír música y a que lo saluden".

El hipódromo del Paraíso, por supuesto, tanto Gómez como sus hijos fueron aficionados a la hípica y fueron factores decisivos en el desarrollo del hipismo en Venezuela ya que respaldaron con todos los hierros el funcionamiento del Hipódromo del Paraíso, hoy parque Naciones Unidas. Pero ese hipódromo estuvo en funcionamiento hasta 1959 cuando se inaugura el Hipódromo La Rinconada durante la segunda presidencia de Rómulo Betancourt.

Y yo también entonces le pregunto al doctor Velásquez con qué profesores estuvo cuando ya estaba estudiando en Caracas en el liceo Andrés Bello. Y me dice: "Aquí nos tocaron Mario Briceño Iragorri, Caracciolo Parra-León, Juan Francisco Reyes Baena, Julio Planchard, Juan Francisco Stolk". Y él explica cómo era una ciudad de un país donde los profesionales, ingenieros o abogados vivían dentro de una gran dificultad, que no tenían con qué vivir, pues tener una cátedra en un liceo era una ayuda muy importante.

Él refiere entonces que en ese tiempo conoció a Inocente Palacios y el doctor Velásquez, el joven, el bachiller Velásquez, ni siquiera era bachiller en ese momento, lo eligieron presidente del Centro de Estudiantes de Bachillerato. Y este centro atraía alumnos de La Salle, del San Ignacio y demás institutos. Y entonces fundaron una revista que se llamó Futuro y él le llevó esa revista a Inocente, que tenía un semanario antigomecista que se llamaba Gaceta de América. En esa Gaceta de América participaban Miguel Acosta Saignes, Rafael Pisani, Carlos Augusto León, Luis Felipe Urbaneja, conocido como el fraile Urbaneja, padre de Diego Bautista Urbaneja.

También estaba Guillermo Meneses y entonces refiere Velásquez: "Yo le llevé la revista y nos hicimos muy amigos". Luego él fundó una organización de lucha antigomecista que se llamaba Organización Revolucionaria Venezolana, pero un día llegué yo y estaba la policía. Habían descubierto la organización, acabaron con la Gaceta y expulsaron a Inocente a Panamá.

Y en ese tiempo, refiere Velásquez, del liceo Andrés Bello a las cinco de la tarde nos íbamos al parque Carabobo. Rafael Octavio Jiménez, el padre de Rafael Simón Jiménez, nos leía novelas revolucionarias. Muchos días llegaba allí un joven que se llamaba Guillermo Meneses, había escrito en esos días La balandra Isabel y que era muy querido por todos; cuando él hablaba todo el mundo lo oía. Después refiere Velásquez: "Me pasé al colegio San Pablo de los legendarios hermanos Martínez Centeno".

Allí daba clases Josef Aviani Ruiz, Fernando Paz Castillo, Prieto Figueroa. Prieto era profesor y estaba estudiando derecho a su vez. Se graduó mucho después del año 1928, él era maestro, una cosa increíble. Logró, bajo Gómez, en los dos últimos años finales, crear una asociación de maestros ahí en el San Pablo, en el colegio San Pablo de los hermanos Martínez Centeno.

Él se graduó allí, según me refiere, y empieza a contarme el día de la muerte de Gómez. Y refiere que en el Colegio San Pablo se reunió la gente del día que se tuvo la certeza de la muerte de Gómez porque nadie lo creía. Y aquella fue una asamblea tumultuosa y se acordó ir a Maracay, a preguntarle a los Pérez Contreras qué iba a hacer él, y el orador, el único orador designado, fue Andrés Eloy Blanco. Yo le pregunto: "¿Y usted fue a Maracay?" "Sí, fueron como 40 carros".

Y al año siguiente, en 1936, en la universidad no se estudió porque fue tan intenso el terremoto que hubo. La universidad se convirtió en un centro olímpico y en la Federación de Estudiantes, que quedaba de Palma a Miracielos, empezaron a llegar los políticos. Aquellas eran como sus oficinas: primero llegó Jóvito, a quien se le hizo inmediatamente presidente de la asociación. Luego llegaron Leoni, Miguel Otero, Carlos Irazábal; después llegó Rómulo Betancourt.

Entonces había una actividad permanente alrededor de Salvador de la Plaza, Gustavo Machado, Rodolfo Quintero, Miguel Otero, Carlos Augusto León, que eran todos marxistas, y el otro grupo estaba encabezado por Betancourt, por Leoni, que eran los socialistas. Allí surgieron las dos Venezuelas, era un país nuevo, todo un proceso de cambios. Hasta este momento llega el positivismo y surgen las grandes ideas de la época por primera vez entre nosotros. Entonces se viene a hacer un debate que se había hecho en Colombia en los años 20 y Argentina en los 10.

Yo le pregunto: "¿Empezó a estudiar derecho en el año 36?" "Hice el primer año aquí y yo estaba empeñado en volver al Táchira, entonces logré con el Dr. Ángel Viagini que creáramos una escuela de derecho en San Cristóbal." Estuve un año en eso y fundé la Federación de Estudiantes de Venezuela.

Luego regresé e hice todo el resto de la carrera en Caracas. Me metí mucho en ese tiempo en el periodismo y decidí ser reportero y fui reportero de calle, hice policía e hice política. En esa época María Teresa Castillo era reportera también en Últimas Noticias. En las Últimas Noticias de Cotepa Delgado, y Pedro Veróes; no había escuela de periodismo en Venezuela, pero ellos nos reunían a todos a las siete y media de la mañana y teníamos una especie de clase magistral de Pedro Veróes y de observaciones de Cotepa Delgado.

Allí es cuando llega el problema de la candidatura de Escalante, en la cual tuve sin querer la oportunidad de ver por dentro la crisis. "Le hice un foro basado en lo que él había dicho en Washington y San Francisco. No me lo había dicho a mí, pero como cuando lo entrevisté no me dijo nada yo fabriqué el foro". Entonces me preguntó a Escalante: "¿De dónde sacó eso?" "Eso era su archivo", le dije, y entonces me pidió que me quedara con él. Aquí, en la próxima parte del programa, seguiremos viendo esta historia fascinante de Venezuela contada por uno de sus testigos esenciales; en aquel momento ya después será el doctor Velásquez, uno de sus protagonistas.

Ya regresamos. Venimos refiriéndoles una entrevista con Ramón J. Velásquez, sostenida por mí y el personaje en 2002, donde él va relatando los hechos centrales de su vida y su visión de Venezuela que es interesantísima. Por supuesto, yo le pregunto entonces: "Se ha dicho siempre que el Táchira se integró al país con Castro y con Gómez. ¿Era verdaderamente cierto o el país se veía muy distinto desde allá? ¿Cómo sentía usted aquello?" Y él responde lo siguiente.

"Yo he dicho que todavía hasta los años 50, en que las grandes autopistas empiezan a unir definitivamente al país, fueron cuatro regiones en Venezuela. Las distancias eran enormes, los caminos muy malos y aquí empieza entonces a hacer el mapa de esa Venezuela que él advertía y dice: estaba la región andina, que tenía como capital y centro a Maracaibo para su vida económica de comunicación con el mundo. Estaba la antigua provincia de Caracas, es decir desde Lara hasta Barlovento. La tercera, la del Oriente con Cumaná y Guayana".

Este esquema se mantuvo no obstante todas las sucesivas presencias regionales en el gobierno. La de los corianos, la de los orientales y las de los andinos venía un grupo que entonces empezaba a circular por la región, pero ni el oriente ni los andes fueron objeto de grandes modificaciones por el hecho de que un grupo estuviera acá en Caracas. El grupo que se había instalado en el poder no siempre favorecía su región, favorecían los grupos familiares cercanos al poder. Yo dije una vez que era un regionalismo nepótico: los Gómez y todo alrededor de los cuatro o cinco apellidos, pero no se modificaba la región sinceramente, por el contrario los Andes sufrieron porque todos los profesionales se vinieron a Caracas, abogados, médicos.

Ahora fíjese en las distancias, me dice el doctor Velásquez: hasta el año 52, en que se construye la carretera panamericana, el viaje de Caracas al Táchira era de cinco días por tierra. El que se detenía en Curazao era de catorce días por barco. Por primera vez el tachirense común, no el doctor o general, puede viajar a Caracas y conocer Mérida, Trujillo, Lara, ver el paisaje. El año 1952, por la construcción de la carretera panamericana, esos cinco días se reducen a 12 horas.

Entonces en las regiones hay un cambio nacional con las comunicaciones. Yo le pregunto luego sobre el 18 de octubre de 1945 y le hago la siguiente pregunta: "¿Esa es la fecha más importante del siglo XX?" Él responde: "Sí, claro", y ocurre sorpresivamente y con un mínimo costo de vidas porque el episodio anterior, que era la Revolución Libertadora y la Revolución Restauradora, costó muchas vidas y mucho desastre; este es un cambio en el que todos los factores de la sociedad que se habían estado asomando se hacen de pronto presentes y se instala un nuevo país.

Primero por el conflicto entre un partido popular desarmado que llega y los militares jóvenes, pero el proceso, no obstante los diez años de la dictadura de Pérez Jiménez, se sigue consolidando hasta aparecer el 58. Y le pregunto: "¿Y después del 18 de octubre, cuando el liderazgo de Betancourt se hace evidente?" Le pregunto: "Años antes se advertía que él iba a ser el líder de ese proceso". Y fíjense lo que responde Velásquez: "No, y nadie dentro de aquel panorama político y social, de aquellos cálculos, nadie pensaba que el concejal que era Rómulo Betancourt, el columnista redactor de El País y el secretario general de un partido pequeño, iba a amanecer de presidente de una junta revolucionaria".

Betancourt había estimulado mucho la candidatura de Escalante. Se frustra Escalante, proponen a un candidato que el gobierno no acepta, Óscar Augusto Machado. Y viene entonces la crisis con Viagini de por medio.

Betancourt acepta el riesgo, que es un riesgo histórico, y como sabe en ese momento los militares no tienen programa porque esa época su formación académica era muy simple. Él coge el programa del plan de Barranquilla y lo lee como de la Revolución. Entonces todas las consignas planteadas desde el plan de Barranquilla se ponen en marcha. Ahora, ¿qué pasa? Que hay un fenómeno en los días siguientes al 18 de octubre: la gente aquí empieza a decir por radio "fulano de tal está bien" y desde el comienzo con la revolución "fulano de tal está bien".

Eso determina que la gente empiece a inscribirse en Acción Democrática y hay un aviso que lo firma Ana Luisa Llovera en el que, a los quince días de iniciada, se suspenden las inscripciones porque aquello era avasallante. La gente se metió en eso, pero para 1945 todavía estaba muy vivo el recuerdo de Juan Vicente Gómez y la gente dejaba la política para lo que llamaban los activistas, los arriesgados, los políticos. Y hasta ese momento en todas las casas venezolanas regía aquello del padre con el hijo: "Yo lo sostengo a usted para que estudie. Si se mete a político, lo boto".

Eso había limitado la actividad política, pero ante el espectáculo histórico de ver caer un régimen de 45 años surgen unos jóvenes militares imberbes, cadetes, tenientes, capitanes, mayores, y unos jóvenes políticos que van por la calle. Entonces sí, ciertamente. La importancia histórica definitiva de Betancourt surge el 18 de octubre. ¿Para entonces ya eran amigos?

Le pregunto: "¡Sí!". Cuando él regresó al año 36, Trocónis Guerrero me llevaba a conocer a Betancourt en la esquina del Socarraz y me dijo que iba a ir a la Federación de Estudiantes a la tarde siguiente. ¿Y allá lo esperamos y llegó? Por cierto, en el momento en que llega estaba el Negro Vicente Emilio Oropeza leyendo un libro del APRA, Betancourt le preguntó: "¿Y usted, aprista?" Y después relató lo siguiente, fíjense lo que dijo Betancourt según Velásquez.

"Conseguí un cargo en la Biblioteca Nacional de San José de Costa Rica y como no tenía nada que hacer me leí el primer tomo de González Guinán y entonces me impuse con una disciplina a leer los 15 tomos y tomar nota. Eso es más importante que leer El capital de Marx". Esto lo dijo Betancourt muchas veces, él se había leído los 15 tomos de González Guinán de historia de Venezuela; esos deben hacerlo los políticos, por supuesto, quizás ya no González Guinán, pero otros autores. Y luego sigue hablando Velásquez: dijo que nunca leyó ese libro.

Después nos convocó una tarde a la semana para que habláramos de historia. Después lo recuerdo en una casita de Sabana Grande y cuando uno llegaba a las ocho de la mañana a conversar con él ya se había leído todos los periódicos de la época. Entonces se propuso fundar Orbe porque quería discutir los temas nacionales sin compromisos políticos y entonces fue cuando nombró a un presidente de Orbe, Alberto Adriani, y a un secretario general, Mariano Picón.

El socio-político más cercano de Betancourt era Leoni, le pregunto yo. Sí, responde Velásquez, aunque no vamos a decir que Rómulo era derechista, pero dentro de la concepción de izquierda Leoni era más laborista, le daba mucha más importancia a captar la clase obrera. Claro, esto lo digo yo, recordemos que Leoni, cuando se graduó de abogado en Bogotá, se especializa en derecho laboral. Él era un gran componedor, un laboralista, entonces era evidente que su inclinación va a estar hacia allá.

Le pregunto: "¿Nunca hubo fricciones entre ellos por el liderazgo?" Entre Betancourt y Leoni. Y él responde: "Bueno, en las cartas se ve que polemizaban cuando lo del plan de Barranquilla y donde sí hubo evidentemente distancia fue en lo del año 63 cuando Betancourt no ocultó que no creía que el candidato de su partido debía ser Leoni".

Le pregunto yo: "¿Y quién pensaba Betancourt que debía hacer?" Dice Velásquez: "Se hablaba del que había pensado en Juan Pablo Pérez Alfonso, pero le pregunté y me dijo nunca, que eso no era cierto porque Juan Pablo habría creado muchos conflictos con su carácter". Yo le digo: "Se habló de Dubuque", y él responde: "En efecto, mucho, en quien Betancourt tenía una gran confianza por su capacidad política". Eso es verdad. Cuando fue a instalar el gobierno en el cincuenta y nueve me dijo: "¡Va, Luis Augusto!" Porque confió que sin necesidad de consultarme va a hacer las cosas como hemos discutido tantas veces.

Entonces yo, buscando la respuesta, le preguntó: "¿Y quién sería el otro que tenía en mente distinto a Leoni, por supuesto?" Y dice Velásquez: "¿Podría ser Alejandro Oropeza Castillo?" También hubo una tendencia, no de él sino de Marcos Falcón-Brizeño, de estimular la candidatura entonces de Carlos Andrés Pérez. Yo le pregunto: "Él nunca explicó por qué no le parecía que Leoni fuese el candidato". Y responde Velásquez: "No, que yo sepa".

Entonces ahí les digo: volvamos a su biografía. Estamos en 1945, esos tres años del trienio adeco. ¿Qué está haciendo usted, doctor Velásquez? Está dedicado al periodismo. Y él me dice: "Voy a fundar una revista con José Agustín Catalá", que al fin no se pudo concretar.

Entonces se crea la Corporación Venezolana de Fomento y a mí me pareció que formaba parte de un conjunto de iniciativas de gran cambio. Porque allí estaba Guayana, con todo el desarrollo siderúrgico del aluminio; estaban las electrificaciones nacionales. Entonces yo empeñé y conseguí trabajar en la secretaría del directorio durante dos años. ¿Por qué? Porque ahí vi yo cómo se echaba en las bases el desarrollo siderúrgico venezolano, ahí vi defilar a todas las personalidades promotoras de grandes cambios: la industria del cemento nace ahí, SIVENSA nace ahí, los centrales azucareros, pero fundamentalmente la electrificación.

Estando allí, cuando sucede el golpe del 48 contra Gallegos, me hicieron preso, pero me tuvieron una semana y me soltaron. Bueno, en la próxima parte del programa vamos a continuar con esta historia verdaderamente fascinante que es la historia de Venezuela contada desde la perspectiva de Ramón Velásquez y su propia biografía. Ya regresamos.

Venimos hablando de la vida y obra de Ramón J. Velásquez con base en una entrevista larga que sostuve con él el año 2002. Yo le voy a preguntar entonces lo siguiente: estamos en el 18 de octubre del 45. En ese período le pregunto: "¿Y usted comparte la tesis según la cual en la caída de Gallegos un factor importante fue la poca destreza del maestro para manejar el tema militar o eso le parece secundario?" Y él responde lo siguiente.

"Desde el 19 de octubre de 1945 los autores del movimiento triunfante se dividieron. Y ese mismo día, desde el Estado Mayor, Marcos Pérez Jiménez y Julio César Vargas decretaron la lucha contra la presidencia de Betancourt y de los militares Carlos Delgado y Mario Vargas que estaban con ellos, con Betancourt. También fue un factor determinante la acusación del sectarismo contra el gobierno de Gallegos. Total que aquello se vino abajo y vinieron 10 años en lo que el movimiento partidista y el movimiento obrero, en lugar de debilitarse, se consolidaron". Ahí fue cuando estuve preso.

Le pregunto: "¿Y a qué se dedicó de inmediato?" "A dar clases". "¿En dónde?" "En un colegio que había por Los Dos Caminos, de Julio Bustamante, mi gran amigo". Con él estuve y un día me dijo Pedro Sotillo que en Bepaco iban a crear un departamento de televisión para la primera empresa que era Televisa, ¡que hoy es Venevisión!

Usted sabe con quién trabajé allí: con Mariano Picón Salas. Estamos en 1951 y se acercan las elecciones, y entonces fundamos una revista con Jóvito Villalba, que consiguió un dinero, y con Catalá. Fundamos Signo, yo escribí los reportajes centrales, también Juan Liscano escribió, y Arturo Uslar y Alfredo Boulton. Juan Liscano estaba con nosotros en todos lados y su casa, la casa que tenía con su esposa Fifa Soto, era centro de dos conspiraciones, la poética y la política.

Allí conocí yo, en casa de Juan Liscano, a Alfredo Silva Estrada, Guillermo Sucre, aquí su hermano se llamaba José Francisco Sucre Figuarela. Y entonces, como le dije, Rafael, vienen las elecciones, viene el gran fraude. Las elecciones las gana URD, pero viene el fraude y entonces decidimos hacer un libro, el Libro Negro, impreso en la editorial de Catalá. ¿Qué pasó? Que el libro circuló porque le pusimos editorial Atlántida, México, hasta que alguien dijo que era de Juan Liscano y Consalvi. Entonces Juan pudo escapar y se fue ocho años a París, pero nosotros caímos en la cárcel; Alberto, Catalá y yo. A Catalá le destruyeron la imprenta.

Acabaron con los linotipos. Y usted, le pregunto, ¿estuvo preso desde el 53 hasta el 58, cinco años? Y él me responde: "No. Estuve preso todo en el 53, la mitad del 54". Un episodio que yo cuento porque es mágico. Me dicen: "El día de Pascuas, el día de San Ramón, coja la maleta". Me llevan al despacho de Vallenilla Lanz; cuando yo llego está la antesala llena de gente y entierro la cabeza, es decir bajo el mentón.

En eso aparece el coronel Pulido Barreto y me dice: "Ah, usted ya llegó, véngase para acá". Entonces le pregunta a Vallenilla: "Pulido Barreto, usted me lo pidió aquí, lo tiene". Pulido pidió mi libertad, entonces Vallenilla, antes de retirarme, me dijo esto: "Doctor Velásquez, antes que se vaya le quiero decir una cosa, yo no soy el autor de su prisión. Yo con andinos no me meto". Entonces pues salí, me puse a trabajar porque en la época de estudiante trabajé mucho en los tribunales como estudiante de derecho en los Tribunales de Instrucción, fui escribiente y me puso a trabajar ya como abogado.

Llegó un día a un tribunal y me dicen: "Aquí dieron instrucciones de que cualquier caso que tú traigas no se le dé curso", caramba. Y en otra parte, como a los tres días, me dicen lo mismo. Me valía entonces, para los casos que yo tenía, una persona a quien quiero mucho por el comportamiento que tuvo conmigo esa época, fue Arístides Calvani. Él trabajaba en el bufete del Dr. Vicente Grisanti y, desesperado con aquella situación, me preguntó qué hago hasta que Miguel Ángel Capriles me dijo: "Te entrego Élite siempre que no firmes, tú manejas la revista, yo te pago el sueldo". Entonces vi el cielo abierto.

En ese momento llegaba de sus primeros destierros Jesús Sanoja Hernández y la llegada de Margarita de Sosa Marcano, el poeta, y me presentaron a un dibujante que se llamaba Jacobo Borges. Hasta que un día llegan dos personajes de la Seguridad Nacional y me dicen: "Doctor Velásquez, usted está preso". Me llevaron a la Seguridad donde está hoy el Hotel Hilton, una vieja casa de La Creole; me dijo Pedro Estrada: "Doctor, usted vino por sus pasos, nosotros no lo hemos traído, mire esto".

Nosotros teníamos, dice Velásquez, un grupo que informábamos a Nueva York, unos de política, otros de economía y presupuesto. Le informábamos a Betancourt. Cepino Gervasi era redactor económico de El Nacional, informaba de economía; Alberto Aranguren de presupuesto. Tenía quien le diera los datos, yo informaba de política. Y me dijo Estrada: "Mire este hermoso archivo, doctor, la primera regla de la política venezolana es ser desconfiado. Usted le ha entregado todo eso a personas que no conoce".

Se lo entregábamos, dice Velásquez, a un capitán de Aeropostal que volaba a Nueva York en los Constellation y era de la Seguridad Nacional. A él le entregábamos las cartas, las abrían, las copiaban y las mandaban hasta que tuvieron un paquete inmenso. Pero en el momento que estoy hablando con Estrada vuelve a aparecer mi amigo, el coronel Pulido Barreto, como un ayudante y me dice: "Te embainaste".

"No vengo a pedir que te suelten sino no te toquen, ya se lo pedí a Pedro". Y no me volvieron a interrogar. Al cabo de tres meses nos bajaron al patio y vimos un grupo de jóvenes estudiantes, jovencitos. ¿En qué año estamos, doctor Velásquez?, le pregunto yo. En 1957, y eran los estudiantes de la Facultad de Derecho de la Universidad Central del Partido Comunista: el flaco Prada Barazarte, Germán Lairé, Luis Álvarez Domínguez, Chucho Betancourt. Y nos esposaron, nos metieron a un autobús. A mí me esposaron con un loco que había caído preso.

¿Por qué estaba ese loco? Porque el señor era esposo de una mujer que había estado en un complot y unas bombas. La esposa era activista de Acción Democrática y eran lo que llamaban un puente para mensajes. Yo le pregunto: "¿Y cómo lidió usted con el demente?" Porque iba esposado con él en un autobús. Él me dice: "Ya va a ver lo que pasa".

Es que es una historia increíble. La Seguridad Nacional está siguiendo a la esposa y detienen a su esposo y le preguntan: "¿Por qué entran tantos hombres a su casa?" Y lo llevan en una camioneta cerrada y lo ponen a mirar a su casa, empiezan a entrar hombres y más hombres. Cuando llega a la casa de vuelta le pregunta a la esposa que quién vino. "No, nadie", responde ella. Entonces el hombre se quita la ropa y se sienta desnudo en la mesa, sobreviene el escándalo, ha enloquecido.

Él no mata a la mujer sino que se va, se vuelve a vestir y se va, y se refugia en unas ruinas del viejo tranvía de Caracas frente al teatro La Candelaria. Unas ruinas donde hay forajidos. Caminando por las calles enamora un perrito y el perrito se va con él. Conoce en las ruinas a un adeco Rodríguez que había sido jefe civil en Río Chico al que andaban persiguiendo; estaba metido ahí y andan juntos, salen de noche y de día buscan en la carnicería huesos, cualquier cosa, y comen. Hacen un festín todos los pordioseros con los huesos.

Hasta que un día sale solo y queda el perrito. Entonces los invitan a una gran comida esa tarde, les dicen que han matado una lapa y cuando terminan les cuentan que se ha comido el perro. El hombre coge un tubo para matar al otro y este, por casualidad, ha encontrado uno de esos cascos de aluminio y se salva del golpe. Los lleva la policía de La Candelaria. Entonces el demente dice: "Ese señor es Rodríguez, el fabricante de bombas del paseo Colón, la bomba está enterrada en tal parte", y van y le encuentran ya echada a perder.

Entonces se llevan a los dos, pero este señor caraqueño de gente bien agudiza su pérdida de sentido de realidad, que se transforma en un faraón. Bueno, pues a este faraón lo esposan conmigo, yo voy por toda carretera escuchando al faraón hablar de sus pirámides en Keops y las pirámides, tal y cual. Yo le digo: "Pero qué cuento tan extraordinario". ¿Para dónde iban? Para Ciudad Bolívar, hasta el 23 de enero, hasta el 24, porque el 23 como a las cuatro de la tarde llegó una misión militar. Bueno, esta es una historia impresionante, es un relato maravilloso además, tan bien contado por el doctor Velásquez. En la próxima parte del programa continuaremos viendo estos episodios, ¿verdad?

Adelantamos lo siguiente: yo le pregunto, déjenme preguntarle un lugar común pero que hay que hacerlo: "¿Qué se siente estando preso?" Tristeza, depresión, con impotencia, rabia. Y él dice: "Yo se lo puedo decir. Primero, como estuve preso tres veces y vi mucha gente, puedo decirle que los suicidios ocurren en la primera semana". Yo he visto gente muy distinguida que intentaba cortarse las venas, que intentó romper los vidrios que eran de cristal para cortarse las venas.

Vi a un joven guariqueño dándose contra la pared en la cabeza para matarse y se daba para fracturarse el cráneo. Vi también gente gritándome "¡Ahogo!" por claustrofobia y vi gente, un caso del hombre pegando gritos porque no podía orinar, pero siempre una etapa de adaptación. De ahí en adelante uno va aclimatándose. Bien.

En la próxima parte del programa continuamos con esta historia fascinante, que es la vida de Ramón J. Velásquez. Ya regresamos.

Le cae Pérez Jiménez y empieza otra vida. Y yo le pregunto: "Bueno, doctor Velásquez, ¿qué hace usted?" Y él me refiere lo siguiente: Alberto Consalvi y yo teníamos un proyecto de sacar un periódico, pero lo supo Miguel Ángel Capriles, nos buscó y nos propuso que fuéramos juntos. Nació El Mundo. Ahí estuvimos seis meses hasta en agosto, me fui a hacer campaña política con Betancourt en el Táchira y Miranda. Salí senador por los dos, pero cuando yo esperaba ir al Senado, me invitaba Betancourt a conversar y me dice: "Mire, lo invito a una empresa política".

"Yo no vuelvo al destierro, son 20 años, ya está bueno. Dicen que fuimos muy sectarios el 48, y lo que Venezuela no perdona es el sectarismo. Él quiere mandar solo, se cae. Medio país me quiere, me sigue, yo puedo decir que niños y niñas, viejos, mujeres, hombres, pero hay otro medio país que no me quiere". Algunas mujeres en la calle me sacan las lenguas, pero yo veo hombres que se quitan el sombrero. Era el año 59, había sombreros todavía, pero la mirada es de odio.

"¿Ustedes, amigos de ese otro medio país? Yo le ofrezco la Secretaría de la Presidencia, no para que redacte cartas, y en cuanto a discursos nadie me ha escrito a mí un discurso y tengo que decirle una cosa, con mi estilito me ha ido muy bien". Hasta ahí Betancourt. Y entonces le dijo a Velásquez, un paréntesis: "Yo no invento palabras, palabras. Yo las busco en el diccionario, arcaísmos lo que uso".

Bueno, total, ¿qué fui yo a la secretaría? En ese momento había primero un sector perejimenista importante porque en 10 años los únicos que protestaron fueron los grupos de políticos. Entonces había un sector militar grande que no había por qué sacarlo, mucho sector andino remiso y gran parte del sector de la burguesía más el Partido Comunista, que no había ido a la guerrilla todavía. Entonces me dijo Betancourt: "Hay que dialogar con Rodolfo Quintero que maneja el sindicalismo, eso lo puedes hacer tú". De tal manera que en mi antesala se acumulaba gente; para los dirigentes de Acción Democrática eran los enemigos.

Y entonces, a los cuatro meses de estar ahí, me dijo el presidente Betancourt: "Ayer me pidieron Ramón Jiménez y Pajala Raga tu destitución porque esa antesala en su despacho está llena de enemigos". Yo les dije: "Métanse en su partido y déjenme gobernar, recuerden lo que pasó. Déjenme gobernar, así que ya saben".

Y en realidad la secretaría fue un factor del acercamiento a lo largo de cuatro años y medio. El último semestre lo cumplió Mariano Picón. Yo quería cumplir el viejo sueño de irme al país un tiempo. Quería irme a la Universidad Stanford, pero no pude porque acababa de pasar un episodio muy grave con los anunciantes de El Nacional. Habían logrado bajar la publicidad al 15% y estuvieron a punto de venderlo porque las ofertas fueron tentadoras. Entonces la forma de salvar El Nacional en esta crisis del año 64 fue que Miguel Otero renunció a la dirección, salieron más de 14 reporteros y entró Raúl Valera.

Pero Leoni tenía mucha confianza en Valera, superior a la que podía tenerle a cualquiera, y lo necesitaba como gobernador de Caracas. Entonces Miguel Otero me dijo: "¡Dirige El Nacional!" Y decidí abandonar mi proyecto de irme a Stanford, que lo tenía listo, y me metí al periódico. Y se logró ir recuperando la publicidad. Y yo le digo: "¿Y en el 69 pasó al gobierno de Caldera cuando lo nombra ministro de Comunicaciones?" "Sí, usted sabe que El Nacional cambiaba director cada cinco años: ahí entra Arturo Uslar, después Óscar Palacios Herrera, después vuelvo yo".

Déjeme que les explique algo que aclara a los del ministerio con Caldera. En los años de la guerrilla, los años muy duros del gobierno de Betancourt cuando se fue URD, el único que acompañó al gobierno fue Caldera. Sin él la crisis ha podido tener una proyección mayor y ese hombre estuvo en todos los momentos críticos, a las 2 de la mañana estaba ahí. Y en 1963 me llama Rómulo Betancourt, siendo todavía yo secretario de la Presidencia, y me dice: "Tengo que hablar con usted. Quiero desayunar, tengo que dar una respuesta dentro de dos horas y quiero que usted sepa lo que le voy a decir a la persona con quien voy a hablar".

Se trata de Rafael Caldera, vino a proponerme para las elecciones en diciembre lo apoyemos los adecos. Yo les dije no porque un partido se suicida cuando apoya la candidatura del jefe de otro partido. Y cuando se despide, le dijo Betancourt a Caldera: "¡Láncese usted!" Nosotros lanzamos el nuestro y volvemos a unirnos, pero Caldera se separó. Hoy le dijo: "Bueno, le dejo otro nombre para que consulte con la almohada y vamos unidos a COPEI, Ramón Velásquez". Betancourt me dice: "Yo le voy a decir no, por eso quiero que lo sepa. Yo sé agradecerte todo lo que has hecho en tus años de cárcel, pero partido es partido, tú no has querido inscribirte".

No, le dije, tiene razón. Es una explicación lógica. Bien, una historia fascinante contada desde la visión de uno de los protagonistas, y finalmente dice: "Pasaron los cinco años, me llamó un día Caldera. Me dijo: 'Mire, yo no quiero aparecer solo, estos 30 mil votos con que gané han creado una atención que tengo que resolver, le ofrecía a Perucho Rincón el Ministerio de Educación, no quiso; se lo ofrecí al doctor fulano de tal de la universidad, no quiso; ya estoy cerrando esto y no me deje solo'".

Le dije: "Lo acompaño por un año". Yo tengo buena memoria y recuerdo su comportamiento como asociado a Betancourt en cinco años muy duros y la oferta que usted no me dijo a mí, pero se le dijo a él, y por eso la supe; es verdad. Y estuve un año con Caldera y me fui. Bien, hasta aquí el programa de hoy. En el próximo seguimos con esta historia extraordinaria, la historia de Venezuela contada por uno de sus protagonistas y desde la perspectiva más íntima.

La versión más íntima desde el centro del poder. Bien, ha sido un gusto hablar para ustedes. Soy Rafael Arráiz Lucca. Me acompañan en la producción Inmaculada Sebastiano y Fernando Camacho, y en la dirección técnica Fernando Camacho.

Y a mí me consiguen en mi correo electrónico rafaelarraiz@hotmail.com y en Twitter arroba Rafael Arráiz. Esto fue Venezolanos iniciando una nueva serie que se titula Venezolanos Excepcionales. Hasta nuestro próximo encuentro.

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